Yeste guarda el Estrecho del Infierno, el paso del Tus entre dos calares
El Tus se aprieta en el Estrecho del Infierno, entre los Calares del Mundo y de la Sima, y luego encuentra un valle más ancho. ¿Qué clase de roca permite que un río abra un paso así y que, siglos después, Yeste organice su vida entre valles y alturas?
El Segura y el embalse de la Fuensanta encajados en el relieve montañoso de Yeste.
En Yeste, el Estrecho del Infierno no es una metáfora: así se llama el cañón del río Tus cuando entra en el municipio y separa los Calares del Mundo y de la Sima. A un lado y al otro, las alturas se acercan; más adelante, el valle se ensancha. En ese cambio de escala se reconoce la historia que cuenta el paisaje: la de un río que atraviesa un territorio montañoso y de una población cuya vida se desplegó entre sus valles.
La pregunta es inevitable: ¿qué permitió que el Tus encontrara ese paso entre dos grandes relieves? La geología ofrece una pista concreta. En la clasificación de terrenos de Yeste predominan las calizas, dolomías y mármoles, que suman el 59,04 %. No es una explicación completa del origen del cañón, pero sí un dato local importante: las rocas carbonatadas ocupan una parte principal del terreno.
¿Qué hace el agua al encontrarse con la caliza?
Las calizas y las dolomías suelen formarse en fondos marinos poco profundos. Imagina un mar de plataforma, no un abismo oceánico: allí se acumulan materiales que, con el tiempo, pueden convertirse en roca. Esa lectura ofrece una imagen divulgativa del pasado de parte del subsuelo de Yeste, aunque no pone fecha a su formación ni explica por sí sola cada cumbre y cada valle.
Después entra en escena el agua. La lluvia y los cursos que recorren las montañas pueden penetrar por las grietas de las rocas carbonatadas y disolverlas poco a poco. Es un trabajo lento, parecido a abrir una hendidura gota a gota, no a excavar un canal de golpe. A ese tipo de disolución y a las formas que produce se le llama karstificación.
En Yeste, esta no es una posibilidad abstracta: la información geológica caracteriza zonas de las formaciones carbonatadas como muy karstificadas en conjunto y señala áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales. Dicho de forma sencilla, el agua puede abrir caminos por el interior de la roca y, en ciertos lugares, el terreno puede hundirse. La geología sugiere que esa combinación ayuda a entender el carácter abrupto del entorno, aunque no permite atribuir cada rasgo del Estrecho del Infierno a un único proceso.
El relieve municipal confirma el contraste. El núcleo urbano se sitúa alrededor de los 877 metros, mientras que el término va desde poco más de 500 hasta casi 1.900. El Pico Banderas, en el Calar de la Sima, alcanza 1.898 metros; el Argel, en el Calar del Mundo, llega a 1.698. Entre esas elevaciones aparecen valles por los que circulan el Tus y el Segura, junto con los ríos Taibilla y Zumeta. No es un paisaje uniforme: es una sucesión de alturas, gargantas y corredores de agua.
¿Por qué el Tus cambia de escenario?
El recorrido del Tus permite leer el terreno como una secuencia. Nace en el término de Siles, donde confluyen los arroyos de la Fuente del Tejo y Andrés. Al entrar en Yeste, pasa por el cañón conocido como Estrecho del Infierno; más adelante recibe las aguas del arroyo de Tus y, después del balneario de Tus, el valle se vuelve más amplio. Finalmente, el río vierte sus aguas al Segura en el embalse de la Fuensanta.
El río no atraviesa un decorado, sino un municipio en el que la roca carbonatada tiene un peso notable y donde se reconocen procesos kársticos. Es razonable deducir que las diferencias entre relieves y valles condicionan por dónde circula el agua y qué paisajes aparecen a su paso. Lo que no debe confundirse es esa relación general con una prueba de que la roca, por sí sola, determinó dónde se construyó cada aldea o cada edificio.
El Segura reúne a escala mayor los cursos de agua de esta parte de la Sierra. En Yeste atraviesa un valle amplio, pasa cerca de varias aldeas y alcanza la Fuensanta; el Tus se incorpora por la parte norte del embalse. Si miras el mapa del municipio, los ríos dibujan una red que conecta las sierras con el cauce principal. Sobre el terreno, esa misma red se percibe como valles que interrumpen y ordenan un relieve montañoso.
¿Cómo se convirtió el relieve en escenario de frontera?
Mucho antes de que el embalse cambiara el curso visible del agua, Yeste ya ocupaba un lugar estratégico en una comarca de montañas y valles. Se supone que fue una población islámica y que, entre los siglos XI y XIII, dependió sucesivamente de Taibilla, Socovos y Segura. En los primeros meses de 1242, las tropas castellanas conquistaron la villa y ese mismo año fue concedida a la Orden de Santiago como aldea integrada en el término de Segura de la Sierra.
La frontera no era una línea dibujada en el paisaje: era una realidad política y militar. En época bajomedieval, la misión de Yeste incluyó la defensa de la frontera con Granada y la participación en campañas de conquista. En 1434, sus habitantes participaron en la conquista de Huéscar, encabezada por el comendador de Segura de la Sierra, Rodrigo Manrique.
¿Explica la geología esa historia militar? No por sí sola. Pero sí ayuda a imaginar el escenario documentado: un territorio abrupto, con alturas cercanas a los 1.900 metros y valles que enlazan núcleos y cursos de agua. Como deducción, los pasos y corredores debieron importar en una comarca de frontera; el dossier, en cambio, no atribuye a una garganta o a una roca una decisión militar concreta.
La relación entre el relieve y la vida cotidiana aparece también en el siglo XVI. La puesta en cultivo de superficies amplias en las aldeas cercanas, junto al uso de montes y pastos para la ganadería, acompañó el desarrollo demográfico de la villa. La variedad de alturas y valles ofrece el marco físico de esa actividad, pero no autoriza a asignar cultivos o usos específicos a cada terreno sin datos adicionales.
La historia tuvo sus conflictos propios. Tras la supresión de buena parte de los privilegios que habían atraído pobladores, en 1503 se produjo un levantamiento general contra la monarquía castellana, reprimido militarmente. La montaña no causó esa revuelta; la sostuvo como escenario de una sociedad que, entre aldeas, pastos y caminos, disputaba su lugar dentro de un reino.
¿Qué cambió cuando el Segura encontró la presa?
En el siglo XX llegó una nueva forma de relacionarse con el agua. La presa de la Fuensanta se construyó entre 1929 y 1933 y el embalse tiene una capacidad de 210 hm³. Situado a unos 600 metros de altitud, ocupa el tramo final de una red fluvial que atraviesa valles y recoge las aguas del Segura y sus afluentes.
La presa es una obra humana; el corredor por el que circulan los ríos pertenece a una historia del relieve mucho más larga. La diferencia importa: la información disponible documenta la fecha de construcción y la capacidad del embalse, pero no dice que la karstificación determinara la elección del emplazamiento. Lo que sí puede verse es el encuentro entre ambas escalas: un río que baja por un territorio montañoso y una obra que retiene sus aguas.
La presa de la Fuensanta, construida entre 1929 y 1933, retiene las aguas del Segura en el paisaje de Yeste.
Desde el calar hasta el embalse, Yeste reúne en un mismo recorrido alturas, rocas carbonatadas, procesos de disolución y cauces que terminan en el Segura. La geología sugiere que la lenta acción del agua ayuda a explicar el paisaje de pasos y valles; la historia muestra cómo sus habitantes vivieron, cultivaron y defendieron esta comarca. La respuesta a la pregunta inicial está en esa alianza entre roca y agua: el Tus abre su paso en un paisaje que, mucho después, la Fuensanta convirtió también en una historia de presas y ríos retenidos.
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