Quinto, el poblado de los acantilados
Sobre el Ebro, en Las Dehesas de Quinto, hubo un poblado de la Primera Edad del Hierro. La comunidad cultivó cereales junto a los acantilados, hasta que el fuego arrasó el asentamiento y las obras posteriores dañaron casi por completo el yacimiento.
El Portal de San Roque, uno de los pasos del casco urbano de Quinto.
Quinto se alza en la depresión del Ebro, en un paisaje que baja desde La Atalaya, al oeste, hasta la orilla del río, límite oriental del término. Entre esos relieves, los acantilados de Las Dehesas dominan el Ebro cerca del puente de Gelsa. Allí, sobre el borde del valle, se asentó una comunidad hace más de dos milenios.
El poblado pertenece a la Primera Edad del Hierro y su cronología se sitúa aproximadamente entre 750 y 500 antes de nuestra era. Sus habitantes ocuparon una posición desde la que el río quedaba a la vista, pero la historia que puede reconstruirse no depende de imaginar su vida cotidiana: la cuentan las casas y los objetos hallados en el yacimiento.
Las Dehesas, sobre el paso del Ebro
La estructura urbana incluía casas rectangulares y alargadas, una forma conocida en poblados del valle medio del Ebro. No era solo un conjunto de refugios aislados: la disposición de las viviendas muestra un asentamiento organizado. Las Dehesas ofrece así una imagen concreta de la ocupación antigua del paisaje de Quinto, en un alto sobre el río.
Entre los hallazgos figuran semillas de cereal y restos de molinos de mano. Juntos indican que la agricultura formaba parte de la economía del poblado y que allí se procesaba grano. Los datos arqueológicos también apuntan a la ganadería y a la recolección de recursos naturales: aparecieron conchas de almeja de río, una huella directa de la relación con el entorno fluvial.
El fuego y la pérdida del poblado
La comunidad no permaneció para siempre en Las Dehesas. El asentamiento fue totalmente arrasado por el fuego en algún momento de su periodo de ocupación, entre los siglos VIII y V antes de nuestra era. La información disponible no precisa qué provocó el incendio; sí deja claro el resultado: el poblado quedó destruido. Ese episodio cerró la vida del asentamiento, aunque no borró de inmediato las pistas sobre cómo estaba organizado.
Mucho después, unas obras dañaron el yacimiento hasta dejarlo prácticamente destruido. Son dos pérdidas distintas: primero, el fuego acabó con el poblado antiguo; siglos más tarde, las obras redujeron gravemente la posibilidad de reconocer sus restos en el lugar. Aun así, las casas, las semillas, los molinos y las conchas permiten contar una historia humana precisa: una comunidad asentada junto al Ebro, dedicada sobre todo a cultivar y criar ganado.
La fotografía de una calle actual de Quinto devuelve la mirada al municipio de hoy. El asentamiento de Las Dehesas no debe confundirse con el núcleo urbano moderno: su rastro se localiza en los acantilados junto al puente de Gelsa.
La N-232 a su paso por Quinto muestra el núcleo actual en el paisaje de la Ribera Baja del Ebro.
Arenas, gravas y rocas en el término
El relieve ayuda a situar el escenario. El término municipal alcanza los 304 metros en La Atalaya y desciende hasta los 155 metros junto al Ebro; Quinto se encuentra a 175 metros sobre el nivel del mar. Las diferencias de altura ponen en relación el núcleo, los terrenos elevados y la ribera, aunque no convierten cada uno de esos lugares en una misma unidad geológica.
A escala municipal, el estudio geotécnico distingue arenas finas y limos, gravas y arenas compactas, calizas, dolomías y mármoles, además de yesos, anhidrita, sales y arcillas y margas duras. Son materiales distintos: arenas y limos son sedimentos de grano fino; las gravas contienen fragmentos mayores, y las calizas y dolomías son rocas. El inventario describe variedad en el término, no una única capa bajo todo Quinto.
La acequia vuelve a poner el agua en la historia
El río reaparece en la historia documentada de Quinto muchos siglos después del poblado. Un documento de 1149 fecha la puesta en servicio de una acequia y la repoblación cristiana asociada a ese momento. El registro no detalla aquí su trazado ni permite vincularla directamente con la comunidad de Las Dehesas; sí muestra que el agua formaba parte de la organización de la vida local en otra época.
También el nombre de Quinto conserva una referencia a los caminos. Se relaciona con quintus, «el quinto», por el quinto miliario de la vía romana entre Celsa —la actual Velilla de Ebro— y Caesaraugusta, Zaragoza. La explicación recogida propone que pudo establecerse allí algún servicio militar, aunque lo presenta como una posibilidad. El paso del río, las alturas y las rutas forman distintas capas de la historia local, sin que una de ellas explique por sí sola a las demás.
El cerro de la Corona y la piedra caliza
Otro alto reconocible es el cerro de la Corona, donde se levanta la antigua iglesia parroquial de la Asunción. El templo mudéjar domina la población y comenzó a construirse probablemente a partir de 1416; se calcula que quedó terminado diez años después. Se cree que se alza sobre restos de un castillo árabe. En el siglo XIX, Pascual Madoz describió el cerro como un antiguo fuerte y señaló que aún se conservaban cimientos de torreones al norte y al sur.
La presencia de piedra caliza en la economía local también quedó anotada por Madoz en 1845: mencionó varias canteras en el término, además de un molino harinero, cuatro molinos de aceite y un tejar. Su descripción acredita la extracción de caliza, pero no identifica la cantera de la que proceden los materiales de un edificio concreto. También registró dos fuentes de aguas salinas, otro modo en que las características del lugar entraban en la vida de sus habitantes.
El poblado de Las Dehesas no sobrevivió al fuego y el yacimiento quedó después casi destruido por las obras. Lo que permanece es el hilo de sus huellas: casas rectangulares, cereal, molinos de mano y conchas junto a los acantilados del Ebro. El río sigue marcando el borde oriental de Quinto; sobre él, el paisaje permite reconocer el emplazamiento, aunque no el poblado intacto que un día lo ocupó.
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