Historia geológica Localidad Cuevas del Campo

Cuevas del Campo, del lago a las ramblas

La altiplanicie de Cuevas del Campo conserva la huella de un gran lago que acabó perdiendo sus aguas. Para entender sus ramblas y el paisaje del Negratín, hay que seguir el camino que encontraron hacia los grandes ríos.

Panorámica del embalse del Negratín, en el paisaje de la cuenca que acompaña la historia de Cuevas del Campo.

Panorámica del embalse del Negratín, en el paisaje de la cuenca que acompaña la historia de Cuevas del Campo.

Foto: Andrew.brown.garcia, CC0 — commons.wikimedia.org

Desde el mirador del Campillo, el embalse del Negratín aparece junto al cañón de terreras cuaternarias. Esa vista reúne dos tiempos distintos: el agua que hoy ocupa el embalse y el relieve de una altiplanicie que, mucho antes, retuvo un brazo de mar y después un lago de aguas semisaladas. Cuevas del Campo está en el borde de ese escenario. Su historia física no es la de una llanura inmóvil: el agua perdió su antiguo espacio, encontró salida hacia los grandes ríos y dejó una depresión abierta, cortada por cauces y ramblas. El Guadiana Menor acompaña ese cambio; alrededor, gravas, conglomerados, calizas, margas y arcillas dibujan paisajes muy distintos.

La altiplanicie entre Cazorla y Baza

El municipio se extiende a unos 800–900 metros de altitud, en una meseta cuyo relieve suave contrasta con las sierras que la rodean. Hacia el noroeste se alzan Cazorla, Segura y la Sagra; al suroeste, las sierras de Baza y Filabres; al este, las de María, Topares y Jara. Esa posición elevada ayuda a entender el aspecto de altiplano, pero la superficie llana no es una pieza aislada: forma parte de la Hoya de Baza, dentro del Altiplano granadino.

La historia de esa cuenca se remonta a finales de la Era Terciaria, cuando se plegaron las Cordilleras Béticas. En el término, la altiplanicie se describe como miocénica. Las dos referencias sitúan a Cuevas del Campo en una región cuyo relieve quedó ligado a la formación de las cordilleras y de la depresión interior. Lo que hoy parece una extensión tranquila está encajado entre sierras y atravesado por valles que interrumpen la meseta. La forma del terreno, por tanto, cuenta una historia de escalas distintas: el levantamiento y la organización de la cuenca, y luego la acción del agua que fue modificando sus bordes.

El antiguo lago encuentra salida

Durante mucho tiempo, esta altiplanicie estuvo ocupada por un brazo de mar. Después se convirtió en un gran lago de aguas semisaladas. El cambio de ambiente dejó atrás la imagen de una tierra seca: el centro del territorio fue una cuenca inundada, rodeada por las alturas que hoy recortan el horizonte. La información geográfica local identifica la llanura esteparia actual como el fondo de aquel lago. No se trata de un lago que siga escondido bajo la superficie, sino de una antigua extensión de agua cuyo espacio quedó transformado cuando cambió el drenaje de la región.

Hace miles de años, el lago comenzó a desecarse cuando sus aguas fueron capturadas por el Guadalquivir y el Guadiana Menor en el punto más bajo, en el entorno del actual embalse del Negratín. La palabra «captura» describe aquí un cambio en la salida del agua: la cuenca dejó de retenerla como antes y quedó conectada con esos grandes cursos. El episodio no convirtió de golpe la altiplanicie en el paisaje presente. Al desaparecer el lago, quedó expuesto el fondo de la cuenca; después, los cauces y las ramblas marcaron sobre él corredores más bajos y vertientes cada vez más visibles.

El Guadiana Menor corta la meseta

El Guadiana Menor y su afluente, el Guadalentín, discurren por los límites municipales y forman parte de la profunda depresión que encaja el relieve. La meseta, que en su interior parece amplia y relativamente suave, encuentra allí un borde abrupto. Los cauces ofrecen una salida al agua y, al mismo tiempo, separan la altiplanicie de las laderas que descienden hacia el valle. En ese contraste está una de las claves del paisaje de Cuevas del Campo: no solo hay una llanura alta, sino también una depresión fluvial que la interrumpe.

La lluvia sigue actuando sobre las vertientes. En los márgenes de los ríos, las tierras blandas de margas y arcillas aparecen profundamente abarrancadas, en un relieve conocido como badlands o «malas tierras». El agua que corre por la superficie arrastra materiales y prolonga esos surcos. Las ramblas hacen visible el proceso: la escorrentía concentra su paso por líneas preferentes y excava el terreno, mientras los interfluvios quedan como lomos entre barrancos. Así, la cuenca que perdió su lago no quedó lisa; sus aguas encontraron cauces y fueron dejando una topografía recortada.

Gravas, conglomerados y malas tierras

Bajo el paisaje aparecen rocas sedimentarias: gravas, conglomerados y calizas, además de vertientes de margas y arcillas. Cada nombre apunta a un material distinto. Las gravas son fragmentos sueltos; un conglomerado es una roca formada por fragmentos gruesos unidos entre sí. Las calizas son otra familia de rocas sedimentarias. La descripción del término no asigna cada material a un edificio o paraje concreto, pero sí permite reconocer una base geológica variada, capaz de dar lugar tanto a superficies más firmes como a laderas blandas y erosionadas.

La clasificación del estudio geotécnico de Cuevas del Campo también distingue calizas, dolomías y mármoles, gravas y arenas compactas, y areniscas, conglomerados y flysch. Registra, además, arcillas y margas sobreconsolidadas, junto con arenas finas y limos. Esa variedad importa para leer el término como conjunto, no como una sola roca uniforme. En particular, la presencia de arcillas y margas coincide con el paisaje de vertientes abarrancadas descrito para los márgenes fluviales. El relieve cambia de aspecto donde los materiales ofrecen distinta respuesta a la erosión: la meseta y sus tierras de cultivo dan paso a laderas disectadas y a vegas estrechas.

En el llano se encuentran tierras de regadío y olivares, entre ellos los del paraje de El Chaparral; hacia el norte se extiende la vega de Cañada de los Aljibes. En cambio, las laderas pobres sostienen vegetación esteparia y espartizales. Junto a las vertientes del Guadiana Menor y del Guadalentín se establecieron pinares para contener el avance erosivo de los arrastres de lluvia. Son masas forestales relativamente recientes y de crecimiento limitado en tierras arcillosas. En Hoya de los Corzos, el monte bajo aparece más consolidado. La respuesta humana al relieve no borra las cárcavas, pero suma otra cubierta a un terreno donde el agua continúa modelando las pendientes.

La vía antigua de Zújar junto al agua

El corredor del Guadiana Menor conserva también huellas de tránsito humano. Por el término cruza una calzada romana, solapada en parte por una vía pecuaria y por la antigua carretera de Zújar. La ruta se inscribe en un paisaje cuya forma está marcada por la meseta, los cauces y las laderas. No hace falta atribuir a la geología la construcción de la calzada para entender la relación entre ambas historias: los caminos atraviesan un territorio concreto, y el relieve organiza sus pasos y sus límites.

La acción del agua del Negratín permite encontrar en la zona restos de cerámica de distintas épocas: desde la cultura del Argar y el mundo ibérico hasta el romano, con terra sigillata y un horno. Esas piezas reúnen tiempos muy separados en el mismo entorno; no indican que todos esos grupos compartieran un único episodio, sino que el corredor fue escenario de ocupaciones sucesivas. La vía y los restos enlazan la historia humana con el paisaje fluvial sin convertirlos en una sola causa. Allí donde el agua actúa sobre las tierras, también puede dejar expuestas huellas que habían quedado cubiertas.

Cuevas del Campo de los Aljibes

El nombre antiguo de la localidad, Cuevas del Campo de los Aljibes, guarda otras dos señales de la relación con el terreno y el agua. Las cuevas y los aljibes medievales forman parte de la memoria local. Los aljibes son depósitos de agua, una obra que hace presente una necesidad cotidiana en un territorio de terrenos áridos, ramblas y llanuras elevadas. La documentación no vincula cada cueva con una roca concreta, así que no se puede convertir su nombre en prueba de una litología determinada. Sí muestra, en cambio, que el agua no solo dejó su marca en la cuenca: también estuvo presente en las formas de habitar y en las construcciones que permanecen en el paisaje.

El desenlace de la antigua cuenca no fue la desaparición de todo rastro de agua, sino un cambio de escala y de lugar. El lago se desecó al quedar sus aguas capturadas por el Guadalquivir y el Guadiana Menor; el fondo quedó como llanura, mientras los ríos y la lluvia abrieron depresiones, barrancos y vegas. Hoy, desde el Campillo, el embalse del Negratín ocupa la vista y las terreras muestran un terreno recortado. La altiplanicie que parecía quieta fue primero un espacio inundado y luego un paisaje surcado: eso es lo que el horizonte de Cuevas del Campo conserva.

Tipos de terreno en Cuevas del Campo

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
    Advertencia

    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Fangos y Turbas (Deltaicos)
    Peligro

    Fangos y Turbas (Deltaicos)

    Suelos del periodo holoceno, subconsolidados, lodos fluyentes color negro con fortísimo componente orgánico, a veces en formato vegetal puro putrefacto (turbas). El fango se comprime un 50% de volumen

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Riesgo sísmico en Cuevas del Campo

Bajo
Magnitud máxima registrada M 1.5 Escala de Richter
MáxM 1.5
MediaM 1.5
Máx Media
Eventos registrados
1
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 1.5 2023
Último sismo registrado
2023
M 1.5 · hace 3 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).

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