Doneztebe/Santesteban, la villa de las confluencias
La villa que hoy vemos en la orilla izquierda del Bidasoa no siempre estuvo allí: en 1421 se trasladó a su emplazamiento actual, sobre el terreno aluvial donde confluyen el Bidasoa y el Ezcurra. Desde entonces, ríos y pasos han marcado la forma de habitar este cruce del Alto Bidasoa.
Cerca de Doneztebe, el Bidasoa y el Ezkurra se encuentran. La confluencia ayuda a situar el paisaje fluvial en el que se asentó la villa.
El Bidasoa no llega solo a Doneztebe/Santesteban. El Ezcurra y el Ezpelura, junto con regatas y arroyos, se incorporan a la red de aguas que atraviesa el término. Aquí los cauces no son un telón de fondo: se encuentran, separan orillas y vuelven necesario buscar pasos. En el corazón de la villa, esa relación entre agua y terreno tiene una huella precisa: el núcleo urbano se asienta sobre aluvión formado en el encuentro del Bidasoa y el Ezcurra.
El paisaje cambia de escala en pocos kilómetros. El término se extiende por el valle del Bidasoa; hacia el norte, el río cruza gargantas estrechas entre los cerros Asquín y Alto de la Cruz. En el resto del municipio aparecen terrenos más despejados, rodeados de montes y cubiertos de árboles. La altitud va desde unos 600 metros al noroeste hasta los 110 junto al Bidasoa; el pueblo está a 127 metros. La villa ocupa, por tanto, el bajo valle, donde coinciden cauces y caminos.
El aluvión de la confluencia
Aluvión es el nombre que reciben los materiales que dejan los ríos al transportarlos y depositarlos. No es lo mismo que la roca consolidada: son sedimentos acumulados por el agua. En Doneztebe, la descripción geográfica sitúa ese terreno precisamente en el encuentro del Bidasoa y el Ezcurra. La unión de ambos cauces da nombre a una condición geológica concreta del casco urbano, no solo a una imagen bonita del mapa.
En una confluencia se reúnen corrientes que llevan materiales desde distintos tramos de sus cuencas. El agua puede repartirlos y depositarlos en el entorno del encuentro; con el tiempo, esos depósitos forman terreno aluvial. La información disponible identifica este origen para el suelo del núcleo, aunque no detalla la composición de sus sedimentos. Sí permite reconocer la diferencia esencial: bajo la villa se describe aluvión, mientras que la clasificación geotécnica del conjunto municipal registra sobre todo otros materiales.
En esa clasificación, pizarras y esquistos representan el 85,06 %; calizas, dolomías y mármoles, el 6,92 %; y areniscas, conglomerados y flysch, el 2,56 %. Son datos a escala del término, no una identificación de la roca bajo cada edificio. La distinción ayuda a leer el paisaje: el casco ocupa el depósito fluvial de la confluencia, dentro de un municipio cuyo sustrato predominante se clasifica como pizarras y esquistos. El relieve reúne así dos escalas: el terreno local dejado por los ríos y los materiales reconocidos en el territorio más amplio.
La roca y el aluvión no cuentan exactamente la misma historia. Las categorías municipales nombran materiales del sustrato, pero no detallan cómo se formó cada uno; el aluvión, en cambio, se vincula aquí con el encuentro de los cauces. Esa diferencia importa para comprender la villa sin convertir una clasificación general en una explicación del subsuelo de cada calle. El Bidasoa y sus afluentes reúnen en un punto un paisaje fluvial que, a escala municipal, se prolonga desde el fondo del valle hasta las laderas y los montes.
El Ezkurra atraviesa Santesteban; sus aguas se reúnen con las del Bidasoa en el entorno de la villa.
La villa se instala en la orilla izquierda
La posición actual no fue la primera de Santesteban. La villa había estado emplazada entre los términos de Bidaso y Berroarán; en 1421 se trasladó a su ubicación presente, en la orilla izquierda del Bidasoa. La historia local registra el cambio de lugar y, al mismo tiempo, el nuevo emplazamiento sobre el terreno aluvial de la confluencia. No consta que el aluvión fuese la causa del traslado, pero sí que la villa pasó a ocupar ese encuentro entre río y valle.
El cambio situó a la comunidad junto a una red de aguas que también aparece en sus derechos y usos. En 1192, Sancho VI el Sabio concedió fuero al valle de Santesteban de Lerín. Más tarde, en 1497, Juan de Albret y Catalina de Foix otorgaron a la villa el fuero de Jaca y la liberaron del tributo de eyurdea relacionado con el uso del agua y los pastizales de los montes de Bidasoa y Berroarán, además de la pesca en el Bidasoa. Tierra, agua y aprovechamiento formaban parte de la vida local.
A mediados del siglo XV Santesteban obtuvo el estatus de buena villa y asiento en las Cortes de Navarra. En 1467, Leonor I la liberó del pago de una pecha de cuatro libras y doce sueldos. Son cambios políticos y fiscales, no consecuencias geológicas; pero completan el recorrido de una población que, después de trasladarse a la ribera, fue afianzando su lugar en el valle. El río permanecía junto a la villa como límite que había que cruzar y como recurso que tenía usos reconocidos.
Los puentes de Ezpelura y Ezcurra
En 1545 se construyó un puente en la confluencia de las regatas Ezpelura y Ezcurra, donde antes había una pasarela de madera. La secuencia deja ver una transformación concreta: un paso ligero precedió a una obra de puente en el mismo punto. El río no desapareció ni dejó de separar las orillas; cambió la manera de salvarlo. En un lugar atravesado por cauces, cada paso conectaba las partes del territorio que el agua mantenía a ambos lados.
En el siglo XVI se levantó otro puente en la confluencia del Ezcurra con el Bidasoa. Pertenecía al señor de Agorreta. La villa llegó a tener tres puentes, y en el siglo XXI se añadió una pasarela. El puente más importante se encuentra en el barrio de Oteiza, sobre el Bidasoa. Son puntos distintos de una misma historia: el agua reúne afluentes y, a la vez, obliga a resolver cruces en lugares determinados.
Un puente no modifica el origen del terreno, pero cambia la relación cotidiana con el cauce: donde antes había que buscar una pasarela o un vado, una obra permite mantener el paso entre orillas. En Doneztebe, la sucesión de pasarela, puente y nuevos pasos no cuenta una única construcción, sino una adaptación prolongada a una geografía hecha de ríos. El aluvión sitúa el casco en la confluencia; las estructuras de cruce muestran cómo sus habitantes enlazaron los márgenes.
El Bidasoa como camino hacia la costa
La importancia de esa vía de agua llegó a inspirar un proyecto mayor. En el siglo XVI se planteó hacer navegable el Bidasoa desde Santesteban, reflejo del interés por la comunicación hacia la costa. El dato es un proyecto, no la prueba de que el río se hiciera navegable. Aun así, muestra hasta dónde podía llegar la idea de convertir el cauce en camino: no limitarse a cruzarlo, sino utilizarlo para conectar el valle con la costa.
En el entorno más amplio, el Bidasoa enlaza el valle con la dirección de Oiasso, en su desembocadura. La historia de Doneztebe/Santesteban queda así entre dos movimientos distintos: los pasos locales, que salvan el río de una orilla a otra, y la aspiración de recorrerlo como vía de comunicación. El primero dejó puentes y una pasarela documentados; el segundo quedó registrado como proyecto. En ambos casos, el curso del agua está en el centro de la relación entre el pueblo y el territorio.
La villa conserva además una memoria de cambios que no se reduce al paisaje. En junio de 1522 fue quemada durante el conflicto ligado al intento de restaurar en el trono navarro a los reyes Albret. Ese episodio recuerda que el emplazamiento fluvial no mantuvo a la población al margen de los acontecimientos históricos. Pero la historia de sus puentes y su traslado sigue otro hilo: cómo el asentamiento se situó en la ribera y cómo se mantuvieron conexiones a través de los cauces.
El resultado de ese recorrido se reconoce en la posición actual del núcleo, en la orilla izquierda, sobre el aluvión de la confluencia, y en los distintos pasos que han salvado los ríos. El Bidasoa y el Ezcurra siguen definiendo un encuentro; la villa, trasladada allí en 1421, hizo de ese encuentro su emplazamiento. Donde dos corrientes juntan sus aguas, Doneztebe/Santesteban encontró su lugar y tendió puentes para permanecer conectado.
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