Villalba de los Barros, un castillo en dos tiempos
En Villalba, el castillo reúne dos maneras de levantar una fortaleza: muros de tapial en las zonas inferiores y fábrica de piedra por encima. Sus capas cuentan una historia que va de la antigua Puebla de Don Falcón a la residencia de los señores de Feria.
El castillo de Villalba de los Barros, cuya fábrica conserva la superposición de tapial y mampostería de piedra.
El castillo de Villalba domina el perfil del pueblo, pero su presencia no se explica solo por su tamaño. En sus muros conviven tapial y mampostería de piedra: materiales y técnicas que corresponden a distintas etapas de una fortaleza reconstruida a finales del siglo XIV sobre otra anterior, de origen árabe. La diferencia se reconoce en la propia fábrica, en los lienzos inferiores de tapial y la obra de piedra que se alza sobre ellos.
La construcción hace visible una transformación: no se levantó de una vez ni borró por completo lo que había antes. A su alrededor, la localidad también pasó de ser un lugar que buscaba consolidarse como villa a formar parte del Señorío de Feria. Para seguir ese recorrido conviene empezar por el terreno que le da nombre y por la pequeña población medieval que precedió a Villalba.
Puebla de Don Falcón busca hacerse villa
A finales del siglo XIII, el lugar se llamaba Puebla de Don Falcón. Sancho IV concedió a su Camarero Mayor, el Almirante Juan Mathé de Luna, el privilegio de poblarlo con 50 vecinos y convertirlo en villa. El dato ofrece una primera medida del proyecto: la localidad debía reunir población y ganar entidad. Con el tiempo, aquel asentamiento se consolidó como Villalba de los Barros.
El nombre guarda también una pista del paisaje. La explicación recogida para «de los Barros» lo relaciona con los agricultores y con unas tierras arcillosas. No es una descripción de cada parcela ni de cada cimiento, sino una manera de nombrar el carácter de estas tierras. El trabajo agrícola sigue siendo una parte destacada de la economía municipal: el viñedo y otros cultivos forman parte de un término donde predominan las formas llanas, interrumpidas por suaves ondulaciones.
Tierra de Barros, un paisaje de materiales diversos
Villalba se encuentra en Tierra de Barros, entre Santa Marta y Almendralejo y cerca de Aceuchal. El núcleo está a 307 metros de altitud. En el término, las ondulaciones de los arroyos que vierten al río Guadajira quiebran la planicie; los cerros Bramillas y Cumbres alcanzan 467 y 471 metros, respectivamente. El contraste entre llano y elevaciones suaves ayuda a leer el paisaje local sin convertirlo en una superficie uniforme.
La clasificación geotécnica aportada para Villalba reúne materiales distintos: asigna un 40,68 % a areniscas, conglomerados y flysch; un 22,98 % a pizarras y esquistos; un 11,33 % a granito, gneis y rocas ígneas, y un 8,16 % a arcillas y margas sobreconsolidadas. No son cuatro nombres para una misma roca. Las areniscas y los conglomerados se distinguen, entre otras cosas, por el tamaño de los fragmentos que los forman; pizarras y esquistos son rocas de aspecto y composición diferentes.
Ese inventario municipal pone en perspectiva el nombre de la comarca: las tierras arcillosas forman parte del paisaje nombrado por sus agricultores, mientras que la clasificación recoge también otras familias de materiales. No permite asignar automáticamente una de esas categorías a los muros del castillo. Allí la evidencia que se describe es constructiva: tapial en los lienzos inferiores y mampostería de piedra en la obra que se alza sobre ellos. El sustrato municipal y la fábrica de un edificio son escalas distintas.
Fachada de la iglesia de Nuestra Señora de la Purificación, otro referente arquitectónico de Villalba de los Barros.
El castillo conserva dos maneras de construir
La fortaleza de Villalba tiene un recinto exterior rectangular, o barbacana, y otro interior de proporciones semejantes organizado alrededor de un patio de armas estrecho. Cubos cilíndricos refuerzan las esquinas y zonas medias de los muros. Un torreón cuadrangular, acompañado por otros elementos semicilíndricos, completa una arquitectura que hace de la masa y la repetición de formas parte de su presencia.
Pero el detalle más revelador para esta historia está en la unión de los materiales. La fábrica de piedra, de mampostería regular, se levanta sobre lienzos de tapial en las zonas inferiores. El tapial es una técnica de construcción con tierra; la mampostería, una obra hecha con piedras. El contraste permite reconocer que la fortaleza que hoy se describe se apoya sobre una construcción anterior, en vez de presentarse como una obra uniforme.
La reconstrucción se sitúa en las postrimerías del siglo XIV y se hizo sobre otro castillo de origen árabe. El cambio no fue solo de apariencia: una fortaleza anterior quedó incorporada a una nueva etapa de construcción. Los muros conservan esa relación de superposición, mientras el conjunto rectangular, los cubos y el torreón dan forma a la silueta que domina Villalba.
El Señorío de Feria transforma la historia local
En 1395, Villalba y Nogales fueron compradas a los herederos de Enrique Enríquez «el Mozo» por Lorenzo I Suárez de Figueroa, maestre de Santiago. El precio por Villalba fue de 100.000 maravedíes. La compra incorporó la población al recién creado Señorío de Feria, junto con enclaves que formarían parte del condado de Feria, Zafra y La Parra.
El castillo pasó a ser residencia de los duques de Feria, que vivieron allí hasta mediados del siglo XV. Así, la construcción que había reunido distintas etapas se convirtió también en una residencia señorial. La historia de Villalba no queda reducida a sus muros: a finales del siglo XIII se había autorizado poblarla con 50 vecinos, y en el siglo XV ya formaba parte de un señorío con una fortaleza como referencia visible.
La comarca no fue solo un telón de fondo para esa historia. El nombre de Tierra de Barros remite a las tierras arcillosas y la agricultura sigue teniendo un peso importante en el municipio. En 1982 se censaron 2.674 parcelas, con un promedio de 8,8 parcelas por explotación; el viñedo, los cultivos herbáceos, el olivar y los frutales figuran entre los cultivos destacados. Es otra forma, distinta de la construcción, de organizar el territorio.
Del castillo restaurado al embalse de 2010
Con los siglos, cambió también el entorno humano de Villalba. Bajo el impulso repoblador de los titulares del Señorío surgieron aldeas como La Potencilla, Charco de la Peña y Aldea de los Caballeros, que después quedaron despobladas. La historia de esos asentamientos amplía el mapa de la población medieval, mientras el castillo permanece como la huella arquitectónica más dominante del antiguo señorío.
En 1991 la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura realizó obras de restauración en el monumento. La intervención pertenece a una época muy posterior a la reconstrucción medieval, pero el resultado conserva a la vista la fábrica de piedra sobre los lienzos inferiores de tapial. En 2010 se terminó de construir el nuevo embalse de Villalba de los Barros: una obra distinta, que incorpora otra gran construcción al paisaje local.
La historia del castillo llega así a un estado reconocible: una fortaleza reconstruida sobre otra anterior, transformada en residencia señorial y restaurada siglos después. Sus muros no cuentan por sí solos el origen de todas las rocas del término, pero sí muestran cómo Villalba fue rehaciendo un edificio y afirmando un lugar. Bajo la piedra, los lienzos de tapial siguen marcando el tiempo anterior; arriba, la fortaleza mantiene su presencia sobre el pueblo.
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