Villanueva del Duque, de Allozo a Retamal
Antes de llamarse Villanueva del Duque, la población se desplazó desde el antiguo Allozo hasta Retamal, en los siglos bajomedievales. La llanura de Los Pedroches, el valle del Cuzna y el borde montañoso forman el escenario de aquel cambio y de la larga construcción de un término propio.
La estación de Peñas Blancas, en el término municipal de Villanueva del Duque, aparece abandonada en esta fotografía de marzo de 2018. El edificio y los muros de piedra forman parte del paisaje local.
La historia de Villanueva del Duque empieza con un cambio de sitio. El poblado de El Allozo quedaba mucho más lejos; en el último tercio del siglo XIII, sus vecinos se desplazaron y el nuevo asentamiento recibió el nombre de Retamal. La peste que asolaba otras poblaciones aparece en el relato local como el motivo de aquella concentración. Una comunidad dejó atrás su antiguo emplazamiento y fijó otro en el territorio que hoy reconocemos como el municipio.
Allozo aparece también con la forma Ayozo. Se recuerda como una población conocida por sus viñas y lagares, y quizá allí estuvieron los orígenes remotos de la villa. Ese «quizá» separa dos capítulos: un antecedente antiguo y el nacimiento de Villanueva en Retamal. La vida local no empezó en un solo instante ni con un único nombre. El relato conserva la memoria de un lugar anterior, pero identifica en el desplazamiento medieval la formación del núcleo que habría de convertirse en el pueblo actual.
El territorio ya tenía una historia anterior a ese traslado. Junto al río Cuzna se encuentra el llamado Castillo de la Morra. Los restos aparecidos allí atestiguan, según el relato local, el asentamiento del clan bereber de Kazna durante la época árabe. Es una huella de otro tiempo y de otro lugar concreto: siglos antes de que Retamal recibiera a los vecinos de Allozo, el término ya formaba parte de una historia humana ligada al Cuzna.
El relieve entre Los Pedroches y el Cuzna
Villanueva del Duque se encuentra en Los Pedroches, en el noroeste de la provincia de Córdoba. El relieve municipal enlaza tres formas reconocibles: la llanura de Los Pedroches, el valle del río Cuzna y la zona montañosa que limita con Belmez y Espiel. El pueblo se alza a 582 metros. Dentro del término, la altura va desde los 530 metros junto a un arroyo al norte hasta los 920 al sur. La llanura da nombre al paisaje, pero no lo explica por completo: también hay un valle y un borde de montaña.
Ese contraste permite situar las huellas de la historia sin convertirlas en una sola escena. El Cuzna identifica un valle y un lugar próximo al Castillo de la Morra; el asentamiento de Retamal corresponde al episodio bajomedieval, en el emplazamiento de la población actual. Entre ambos, el paisaje municipal se despliega desde las cotas más bajas del norte hasta las más altas del sur. La geografía aporta así una escala local para seguir los nombres: río, paraje, poblado y término.
También bajo ese relieve hay materiales distintos. En la clasificación geotécnica del municipio, las pizarras y los esquistos representan el 52,49 %; el granito, el gneis y otras rocas ígneas, el 29,79 %. La misma clasificación distingue arenas finas y limos, arcillas y margas duras, y gravas y arenas compactas. No se trata de una sola clase de terreno extendida por todo el término, sino de una diversidad de materiales descrita a escala municipal.
Los nombres de esas rocas ayudan a dar presencia al sustrato en la historia del pueblo, aunque no convierten cada paraje en una muestra de una única litología. Una referencia local más concreta está en la Ruta de las Cruces de Granito y los pozos, incluida entre los recorridos patrimoniales de Villanueva. El granito aparece ahí en el nombre de un itinerario reconocible; las pizarras, los esquistos y las demás categorías pertenecen a la descripción geotécnica general del término. El paisaje y el patrimonio muestran, cada uno a su escala, distintas maneras de nombrar el terreno.
El Retamal recibe a los vecinos
Al volver al siglo XIII, el cambio decisivo no fue una transformación geológica, sino el traslado de una comunidad. El antiguo poblado de El Allozo estaba mucho más lejos; la peste que afectaba a otras poblaciones impulsó el establecimiento en el lugar llamado Retamal. El último tercio del siglo XIII marca el tiempo de ese episodio. La narración no presenta una ciudad construida de una vez, sino un origen asociado a vecinos que abandonaron un asentamiento anterior y dieron continuidad a su vida en otro emplazamiento.
Allozo y Retamal ocupan así posiciones diferentes en la memoria local. El primero guarda el recuerdo de una población antigua, con viñas y lagares, y la posibilidad de unos orígenes remotos. El segundo es el punto de partida señalado para Villanueva del Duque. La distinción importa porque evita confundir la historia larga del territorio con la fundación del núcleo que pervive en el relato municipal. El cambio de lugar resuelve la crisis que puso en movimiento a sus habitantes: Retamal se convierte en el asentamiento que da origen a la población actual.
El nombre tampoco quedó quieto. A comienzos del siglo XVI, la villa empezó a llamarse Villanueva del Marqués. Mucho después, hacia finales de 1680, quedó fijado el topónimo «del Duque», en agradecimiento al Duque de Béjar. Entre Retamal y el nombre actual transcurrieron siglos de cambios de denominación; el pueblo fue conservando una identidad propia mientras cambiaba la manera de expresarla.
Hinojosa y la disputa por el término
La identidad de Villanueva también se jugó en los límites. Vinculada inicialmente a Hinojosa del Duque, la población perteneció al condado de Belalcázar. Su relación con la vecina Hinojosa no fue solo una cuestión de nombre: cuando Villanueva se independizó, Hinojosa luchó por conservar la mayor parte posible del término actual. El relieve que hoy reúne llanura, valle y montaña era también el espacio sobre el que se afirmaba una jurisdicción propia.
En 1631, Felipe IV concedió a Villanueva el título de villa. El conde de Belalcázar y duque de Béjar pagó por él cuatro mil ducados, y la población se independizó de Hinojosa. El título fue un resultado concreto en una disputa que afectaba al territorio: Villanueva obtuvo condición de villa, mientras la vecina intentaba reducir al máximo el término que quedaría en sus manos. La historia que había empezado con una comunidad buscando otro asentamiento se prolongó en la delimitación de un espacio propio.
El cambio de nombre de Villanueva del Marqués a Villanueva del Duque, situado hacia 1680, añadió otra señal de esa trayectoria. Primero Retamal distinguió el nuevo lugar; después llegaron los nombres de Marqués y Duque, ligados a las relaciones de poder que recoge la historia local. El título de villa y la independencia de Hinojosa fijaron un nuevo capítulo, y el topónimo actual conservó la referencia al Duque de Béjar. No fue un único acto el que definió el pueblo, sino una sucesión de asentamiento, jurisdicción y nombre.
El nombre que permanece
La historia económica añadió otra relación con el territorio. La bonanza de Villanueva llegó con la explotación de las minas, y las Minas del Soldado figuran hoy entre los elementos patrimoniales del municipio. Esa referencia amplía el relato más allá del traslado medieval y de la disputa por los límites: la actividad minera también forma parte de la historia local. La clasificación de rocas del término y la existencia de minas son datos distintos; juntos recuerdan que el paisaje y sus recursos han acompañado épocas diferentes de la vida del pueblo.
También cambió el marco administrativo. Hasta 1833, Villanueva del Duque formó parte de Extremadura; hoy es un municipio de la provincia de Córdoba, en Andalucía. El pueblo está a 582 metros de altitud, dentro de un término que se extiende desde el arroyo del norte hasta las alturas del sur. La llanura de Los Pedroches convive con el valle del Cuzna y el límite montañoso. En ese territorio se suceden la huella del Castillo de la Morra, la memoria de Allozo, el traslado a Retamal y la afirmación de la villa.
Retamal no fue un nombre pasajero en la historia del asentamiento: el relato municipal lo identifica con el origen del pueblo en su emplazamiento actual. La peste empujó a los vecinos a cambiar de lugar; la disputa con Hinojosa y el título de 1631 consolidaron una identidad política, y el topónimo «del Duque» quedó como nombre definitivo. Al mirar el término, desde el valle del Cuzna hasta las lomas del sur, se reconoce el escenario de aquella historia: un paisaje diverso que acompañó el paso de Allozo a Retamal y de Retamal a Villanueva del Duque.
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