Historia geológica Localidad Mota del Cuervo

Mota del Cuervo guarda fósiles del mar que alcanzó el borde de La Mancha

En las colinas donde se levantan los molinos de Mota del Cuervo han aparecido conchas y otros fósiles marinos. ¿Qué historia del paisaje manchego quedó atrapada en esas piedras?

La Plaza Mayor de Mota del Cuervo sitúa el relato en el casco urbano, a los pies de las lomas que forman parte del paisaje local.

La Plaza Mayor de Mota del Cuervo sitúa el relato en el casco urbano, a los pies de las lomas que forman parte del paisaje local.

Foto: B25es, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En Mota del Cuervo, la loma de los molinos no solo domina el horizonte: también forma parte del lugar donde se han encontrado fósiles de animales marinos. Amonites, bivalvos y caracolas son restos de un paisaje muy distinto al de los campos y humedales que hoy rodean la localidad. ¿Cómo llegó el mar hasta aquí, y qué señales dejó cuando se retiró?

Una concha en una colina cambia la escala

La respuesta empieza en la Sierra de Altomira. Sus últimas estribaciones alcanzan el término de Mota del Cuervo y, según la investigación local sobre los fósiles, las colinas manchegas de la zona incluyen terrenos cretácicos. En las inmediaciones de la ermita de Nuestra Señora del Valle todavía se pueden encontrar fósiles marinos, y las tierras se describen como muy blancas y calcáreas.

La palabra “calcárea” alude a la abundancia de componentes ricos en carbonato cálcico, el mismo tipo de material que forma muchas conchas. En las muestras recogidas en Mota se han identificado amonites, moluscos bivalvos y caracolas, entre otros restos. No son piezas llegadas desde otro paisaje: son vestigios de organismos que vivieron en el mar que cubrió esta región.

Ese mar perteneció al Cretácico, el último periodo de la era Mesozoica, que comenzó hace unos 145 millones de años y terminó hace unos 65 millones. Para imaginar la escala, entre el comienzo de aquel periodo y hoy cabe un intervalo muchísimo mayor que toda la historia humana. En la roca, sin embargo, puede quedar el contorno de una vida marina individual.

Con el paso del tiempo, los restos quedaron enterrados y preservados en sedimentos que se endurecieron. Esa explicación general permite entender cómo una concha puede acabar incorporada a la piedra, aunque no identifica por sí sola las condiciones exactas de cada fósil de Mota. El hallazgo material y su ubicación son el vínculo local: una memoria marina que aflora en las colinas próximas al pueblo.

El límite occidental de un mar antiguo

La historia de Mota está también en el borde de ese mar. El estudio de Casiano de Prado citado por la investigación local señalaba que no había indicios de que el mar cretácico se extendiera más al oeste de Mota del Cuervo y Quintanar de la Orden, entre otros límites mencionados. No es una línea dibujada sobre el terreno actual, sino una interpretación basada en los indicios geológicos conocidos.

Eso da a los fósiles un significado especial: no solo hablan de que hubo agua marina, sino de hasta dónde se han reconocido sus huellas. En la lectura recogida por la fuente local, Mota queda junto a un límite occidental de la extensión marina documentada. La geología no conserva una costa visible como la de hoy; conserva restos que permiten reconstruir, con cautela, dónde alcanzó aquel mar.

La noticia de estos fósiles es antigua. Una publicación oficial de 1851 y una obra de geografía de Juan Bautista Carrasco, de 1861, ya mencionaban que se habían recogido fósiles en Mota y calificaban el terreno como cretácico. La investigación local también remite a una publicación del Instituto Geológico y Minero de España de 1956. Así, las conchas no son una curiosidad recién descubierta: llevan generaciones dando pistas sobre el pasado del municipio.

La loma ayuda a situar esa historia en el paisaje que reconoces. Las últimas estribaciones de Altomira se encuentran al norte del término; allí están los molinos, sobre la elevación a cuyos pies se asienta el casco urbano. El relieve manchego parece amplio y llano, pero las colinas interrumpen esa continuidad y permiten asomarse a materiales de edades diferentes. En este caso, las rocas y fósiles revelan un pasado marino.

De las conchas a las lagunas salobres

El mar cretácico desapareció del paisaje de Mota, pero el agua sigue siendo una presencia decisiva en el término. Al sur se encuentra el complejo lagunar, con las lagunas de Manjavacas, Sánchez Gómez, la Dehesilla, Alcahozo y Navalengua, además de otras zonas encharcables. Hay arroyos y ramblas que, en su mayoría, desembocan en esas lagunas.

Las lagunas actuales no son restos del antiguo mar. Su parecido está en otra parte: algunas son salobres y sus aguas recuerdan, por su salinidad, a las marinas. La conexión es visual y química, no una prueba de que el mar cretácico sobreviviera allí. En un paseo por Manjavacas, el agua puede evocar una historia muy anterior, pero pertenece a un paisaje actual distinto.

El contraste también se aprecia al cruzar el término de norte a sur. La información geográfica municipal distingue las lomas septentrionales, asociadas a terrenos kársticos, de los terrenos arcillosos y margosos que aparecen hacia el sur. “Kárstico” describe un terreno carbonatado que puede disolverse lentamente con el agua; en el material disponible, esa diferencia se relaciona con acuíferos distintos. No hace falta imaginar una cueva bajo cada colina: se trata de una característica del terreno y de cómo puede circular el agua en él.

En los datos geotécnicos disponibles también destacan las calizas, dolomías y mármoles como una parte importante de los tipos de terreno registrados. Es un dato de conjunto, no un mapa que permita asignar una roca concreta a cada fósil o a cada edificio. Junto a las referencias locales a tierras calcáreas, sí ayuda a entender por qué los restos marinos y las rocas ricas en carbonato forman parte de la historia geológica que se cuenta aquí.

Manjavacas, una historia de agua y población

Manjavacas enlaza el paisaje del agua con la historia humana. El lugar aparece nombrado junto a El Cuervo en 1243, en un documento relativo al control de La Mancha entre Alcaraz y la Orden de Santiago. Siglos después, el asentamiento quedó despoblado a mediados del siglo XIV. La fuente histórica atribuye el traslado de sus vecinos al estado de enfermedad en que vivían y señala que pudo coincidir con el avance de la peste negra.

La proximidad de lagunas forma parte del paisaje de Manjavacas, pero las fuentes disponibles no atribuyen a la geología ni a las aguas la causa de aquel despoblamiento. Conviene no fundir dos historias distintas en una sola: por un lado, un humedal actual en un entorno de aguas salobres; por otro, un traslado de población explicado por una situación de enfermedad y una posible coincidencia histórica. El nombre de Manjavacas, presente en documentos medievales, mantiene ese capítulo unido a la geografía del término.

La Mota aparece documentada en 1394 y recibió el fuero de Uclés en 1416. Con el tiempo, la población creció: las cifras recopiladas pasan de 190 vecinos en 1494 a 500 en 1575. Las Relaciones Topográficas de Felipe II describen entonces casas bajas y pequeñas, hechas de tierra y piedra, y habitantes que en su mayoría ganaban el sustento con su trabajo. Esas casas hablan de materiales cotidianos, aunque el registro no permite afirmar que se construyeran con la misma roca calcárea que contiene los fósiles.

Los molinos miran a un pasado mucho más profundo

La agricultura y el viento dieron a la loma una historia más reciente. El trigo fue una de las actividades económicas principales de Mota del Cuervo, y el molino del Zurdo figura entre los molinos documentados desde hace casi tres siglos. A mediados del siglo XIX había hasta dieciocho molinos en la localidad; hoy quedan siete en la loma. Son construcciones humanas sobre un relieve cuyas rocas guardan una historia mucho más antigua.

La relación entre ambas escalas no exige atribuir a la geología la existencia de los molinos. Los documentos los vinculan al trigo y su emplazamiento los sitúa en una elevación reconocible. Lo que sí puede afirmarse es que en Mota del Cuervo se encuentran, en un mismo paisaje, una loma habitada y trabajada, fósiles marinos cretácicos en las colinas y humedales salobres al sur.

Cuando vuelvas a mirar los molinos, la colina ya no será solo el fondo de una silueta manchega: también será parte del terreno donde afloran las huellas del mar cretácico. Y junto a Manjavacas, el agua actual seguirá dibujando un paisaje distinto, aunque capaz de recordar —sin ser el mismo mar— que la historia de Mota empezó mucho antes de sus pueblos y sus molinos.

Tipos de terreno en Mota del Cuervo

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
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    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Pizarras y Esquistos
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    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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