Historia geológica Localidad Lecrín

Lecrín convirtió sus acequias en una respuesta a la montaña

En la falda suroeste de Sierra Nevada, varias localidades comparten hoy un municipio; entre ellas, Acequias conserva tramos de una red hidráulica nazarí que aún riega. ¿Qué tiene que ver esa persistencia con las rocas y el relieve de Lecrín?

Vista de Los Peloteos y el embalse de Béznar, en el municipio de Lecrín; el agua y las laderas aparecen juntos en el paisaje.

Vista de Los Peloteos y el embalse de Béznar, en el municipio de Lecrín; el agua y las laderas aparecen juntos en el paisaje.

Foto: Guadalbeznar, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

El río Ízbor atraviesa el paisaje de Lecrín, donde hoy se encuentran varios pueblos que durante siglos tuvieron vida propia. Aquí, el agua no es solo una línea azul en el mapa: la memoria local la conserva en acequias medievales y en una red nazarí todavía usada para el riego tradicional. La historia que une esas huellas empieza en una pregunta práctica: ¿cómo llevar el agua por un territorio de montaña sin dar por hecho que el suelo la entrega fácilmente?

Un valle compartido antes de tener un solo nombre

Lecrín ocupa la parte oriental del Valle de Lecrín, en la falda suroeste de Sierra Nevada. Por el término discurren los ríos Ízbor y Torrente, y el embalse de Béznar forma parte de ese paisaje de agua y laderas. La localidad actual, sin embargo, no nació como un único núcleo: reúne Talará, Mondújar, Béznar, Chite, Murchas, Acequias y otros asentamientos dispersos.

La geografía ayuda a entender por qué la historia de la comarca no cabe en una sola plaza. Las poblaciones se repartían por el valle, y cada una guardó rastros propios: una fortificación en un cerro, restos romanos en Mondújar, acequias junto a los campos. La unión administrativa llegó mucho después que esas historias compartidas por el territorio.

En 1967 se agruparon Chite y Talará, Acequias, Mondújar y Murchas; Béznar se incorporó en 1973. La fusión buscaba resolver problemas que cada municipio debía afrontar por separado y mejorar la gestión en una zona de población dispersa. El mapa político cambió en pocas décadas. El relieve, en cambio, llevaba mucho más tiempo planteando la misma cuestión: cómo vivir y cultivar en relación con el agua.

La roca impone sus propias reglas

El suelo de Lecrín no es una superficie uniforme. El estudio geotécnico identifica pizarras y esquistos como el grupo predominante, con un 84,49 %, y calizas, dolomías y mármoles, con un 10,90 %. Esas cifras describen los materiales clasificados en el estudio; para entender su papel basta traducir los nombres a imágenes más cercanas.

Las pizarras y los esquistos remiten a rocas antiguas transformadas por presión y calor, fragmentos de cordilleras desaparecidas. Las calizas y dolomías, por su parte, se asocian a antiguos fondos marinos poco profundos; el mármol es una roca carbonatada transformada. No significa que el paisaje actual sea un antiguo mar intacto: significa que parte de sus materiales conserva una historia muy anterior a los pueblos que lo habitan.

¿Qué implica esa mezcla para el agua? El informe describe formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad, aunque pueden albergar acuíferos superficiales cuando la roca se altera o se fisura. En los materiales carbonatados señala además karstificación: el agua puede disolver la roca y abrir conductos y huecos. El terreno, por tanto, no conduce el agua de una sola manera; a veces la frena y, en zonas concretas, puede ofrecerle vías de paso.

La conexión con las acequias es una interpretación razonable, no una fecha escrita en la piedra: en un relieve donde el agua puede filtrarse poco o circular por fisuras, conducirla por canales permite dirigirla hacia los campos. La geología no demuestra quién trazó cada acequia ni por qué escogió exactamente su recorrido. Sí ofrece una explicación plausible de por qué controlar y repartir el agua resultaba una tarea esencial en este paisaje.

Las acequias hicieron del riego una historia común

La huella musulmana de Lecrín no se limita a la toponimia o a los restos de fortificaciones. También se reconoce en las antiguas infraestructuras hidráulicas. En Acequias, algunos tramos de la red nazarí siguen en uso para el riego tradicional; en Talará se conservan acequias de origen medieval. No son adornos antiguos: pertenecen a una tradición agrícola que siguió activa en las alquerías del valle.

Tras la Reconquista cristiana del siglo XV, la actividad agrícola continuó apoyándose en regadíos tradicionales. Frutales y productos hortícolas formaban parte de esa economía. El hilo que une los periodos no es que cada generación usara exactamente los mismos canales, algo que las evidencias no precisan, sino la continuidad del riego como manera de cultivar y organizar la vida en un territorio de poblaciones dispersas.

Piensa en el recorrido del agua como una tarea colectiva: primero hay que captarla, después conducirla y, finalmente, repartirla. Es una forma útil de imaginar el trabajo que exige cualquier sistema de acequias, aunque los datos disponibles no describan cada tramo ni sus turnos. La roca aporta el escenario y sus condiciones; la red hidráulica convierte esas condiciones en una posibilidad agrícola. De ahí que las acequias expliquen algo más que una técnica: cuentan cómo el valle sostuvo durante siglos una relación práctica con el agua.

En Mondújar, la historia se apila en una misma ladera

En Mondújar, las huellas de épocas distintas se encuentran en un espacio reducido. En la parte baja del núcleo aparecieron en 1983 las termas romanas del Feche, dentro de los restos de lo que debió de ser una villa fechada entre los siglos I y IV. Se conservan dependencias excavadas, algunas con mosaicos, baños calientes y una piscina semicircular de siete metros de diámetro.

Mucho después, la fortificación de Mondújar quedó ligada a la historia nazarí. El castillo, de origen árabe y hoy en ruinas, estaba vinculado a la defensa del valle. La tradición recogida sobre el lugar lo asocia a Muley Hacén, penúltimo rey de Granada, cuya muerte se sitúa allí. Cerca se encuentra el antiguo camposanto donde Boabdil trasladó los restos de sus antepasados, los reyes de Granada.

Las termas y el castillo no prueban que romanos y nazaríes eligieran el mismo emplazamiento por una razón geológica concreta. Pero ambos forman parte de un paisaje habitado y recorrido durante largos periodos, en el que el valle ofrece la referencia común. Si miras desde Mondújar hacia las laderas, puedes leer esos restos no como una sola historia, sino como capítulos distintos que se fueron asentando en el mismo territorio.

El suelo cambia; el municipio aprende a compartir

La historia local también guarda una señal más reciente de la inestabilidad de la tierra. En Murchas, la iglesia de San Juan Evangelista, edificada en el siglo XVI, fue profundamente remodelada después del terremoto de 1884. Ese dato conecta un episodio geológico con un edificio concreto, sin necesidad de atribuirle al temblor efectos que el relato local no especifica.

Las rocas de Lecrín cuentan un pasado más remoto que cualquiera de sus construcciones: unas se formaron en antiguos ambientes marinos y otras fueron transformadas por presión y calor. Sobre ese terreno se sucedieron la villa romana de Mondújar, las fortificaciones musulmanas, las huertas regadas y, finalmente, la unión de localidades que dio forma al municipio moderno. Ninguna época borró del todo las huellas de la anterior.

La respuesta a la pregunta inicial está en la combinación, no en una causa única: un valle recorrido por ríos, rocas que pueden frenar o encauzar el agua y comunidades que construyeron sistemas de riego para cultivarla. En Lecrín, las acequias siguen contando esa adaptación a la montaña. Cuando vuelvas a encontrarte con una, verás también la larga negociación entre la roca, el agua y quienes aprendieron a repartirla.

Tipos de terreno en Lecrín

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

    Ver ficha
  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

    Ver ficha

Riesgo sísmico en Lecrín

Bajo
Magnitud máxima registrada M 1.8 Escala de Richter
MáxM 1.8
MediaM 1.6
Máx Media
Eventos registrados
6
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.3) ocurre aprox. cada 5 años.
Mayores registrados
  • 1 M 1.8 2025
  • 2 M 1.6 2021
  • 3 M 1.6 2010
Último sismo registrado
2025
M 1.8 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).

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