Historia geológica Localidad Las Torres de Cotillas

Las Torres de Cotillas creció entre dos ríos y aun así tuvo que pelear por el riego

En La Loma, unas obras en el campo sacaron a la luz las termas de una villa romana. La historia de aquella huerta fértil también es la historia de un agua cercana, pero difícil de llevar hasta los cultivos.

Badlands del paraje del Rodeo de la Ermita y la Pilica, un paisaje local de suaves elevaciones.

Badlands del paraje del Rodeo de la Ermita y la Pilica, un paisaje local de suaves elevaciones.

Foto: Jochosillo18, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En La Loma, entre los años veinte y treinta del siglo pasado, unas labores para acondicionar terrenos hicieron aparecer cerámicas y sillares. No era el hallazgo de una casa aislada: en 1979 quedó al descubierto un conjunto termal perteneciente a una villa romana. ¿Cómo pudo una tierra capaz de sostener una villa y sus baños convertirse, siglos después, en escenario de una lucha persistente por el agua de riego? La respuesta empieza en el paisaje de Las Torres de Cotillas, tendido entre los ríos Mula y Segura.

La Loma abrió una puerta en mitad de la huerta

Las primeras piezas no mostraban por sí solas la escala de lo que había bajo el terreno. Cuando el conjunto se descubrió, aparecieron dos estancias cuadradas, de unos cuatro metros de lado, conectadas por un pasillo con el praefurnium. Bajo el pavimento, un sistema de calefacción y unas pilastras de ladrillo daban forma a las termas. El detalle importa: no eran simplemente muros antiguos, sino una instalación organizada para calentar las salas.

Los restos cerámicos permitieron deducir que la villa alcanzó su esplendor en época tardorromana y que estaba fuertemente romanizada. Cerca apareció también una necrópolis. La vida de la villa y el espacio de los muertos quedaron así asociados a un mismo paraje, en una vega cuya explotación agrícola se remonta, según la historia local, a época romana.

Hoy el yacimiento está sepultado a la espera de un futuro estudio. La tierra volvió a cubrir las termas, pero no borró la pista que ofrecen: La Loma formó parte de un territorio habitado y cultivado mucho antes de que existiera el municipio actual. La geología no permite afirmar por sí sola por qué se eligió exactamente ese lugar; sí ayuda a entender el paisaje fértil y fluvial en que se insertaba.

Entre el Mula y el Segura, la pendiente marcaba el camino

Las Torres de Cotillas ocupa la Vega Media del Segura. El relieve es bajo y suavemente ondulado; hacia el este desciende hasta la vega del río. En las zonas elevadas predominan las margas miocenas, mientras que junto al Segura se extiende una llanura de inundación con limos. No son nombres intercambiables: las margas se formaron en antiguos ambientes marinos tranquilos y fangosos; los limos de la vega corresponden a depósitos de una llanura fluvial.

Imagina el contraste como una transición desde suaves elevaciones hasta una franja llana junto al río. El paisaje actual conserva esa diferencia de formas, aunque no sea un mapa exacto de cada parcela. El Segura atraviesa el municipio; el Mula llega por el norte y la Rambla Salada por el sur. Estos dos últimos cauces pueden llevar avenidas importantes cuando caen lluvias violentas. La abundancia de agua en un episodio, sin embargo, no significa que hubiera un canal útil para regar de manera regular.

Ahí está la paradoja de la huerta torreña: la proximidad de los ríos y la fertilidad de la Vega Media no resolvían automáticamente el acceso al agua. La disposición del Mula al norte dificultaba la llegada de acequias o canales procedentes de aguas arriba del Segura. La forma del territorio imponía distancias y recorridos; la gestión del agua, además, dependía de acuerdos y obras. Una vega fértil podía seguir siendo una huerta difícil.

La Florida conserva el rastro del agua conducida

En época musulmana hubo dos núcleos rurales, organizados como alquerías: Alguazas de Cotillas, en el entorno de la actual pedanía de San Pedro, y Benahendin. Sus habitantes vivían de la agricultura de regadío. La relación entre poblamiento y agua no era abstracta: en La Florida se conservan restos de un acueducto que transportaba agua desde el río Mula hasta la población. El cauce estaba allí; hacer llegar el agua a los campos y las casas requería conducirla.

Ese acueducto es una huella concreta de cómo se adaptó la vida local a los ríos. No convierte el paisaje en una historia sencilla de abundancia: muestra el trabajo necesario para aprovecharlo. Alguien tuvo que encauzar el agua y sostener una red que conectaba el Mula con los asentamientos. A diferencia de las termas de La Loma, los restos de La Florida hacen visible una infraestructura hidráulica vinculada a la población rural medieval.

En 1243, el territorio quedó integrado en la Corona de Castilla mediante el Tratado de Alcaraz, aunque mantuvo autonomía musulmana hasta la revuelta mudéjar de 1264-1266 y la intervención aragonesa de 1266. Después, Cotillas pasó por distintos dominios, y en 1318 se convirtió en mayorazgo de Pedro Martínez Calvillo. Cambiaban las autoridades; la necesidad de disponer de agua para cultivar seguía ligada al mismo terreno entre cauces y vegas.

La fachada exterior de la parroquia de Nuestra Señora de la Salceda, construida a finales del siglo XVIII.

La fachada exterior de la parroquia de Nuestra Señora de la Salceda, construida a finales del siglo XVIII.

Foto: Jesús Fernández Baño, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

La huerta fértil no evitó los conflictos

En el siglo XVI, Cotillas apenas rondaba los cincuenta vecinos y tenía grandes dificultades para acceder al agua necesaria para sus huertas. Las obras hidráulicas podían ser una solución, pero Ceutí y Alguazas se negaron a ellas, según el relato histórico local. ¿Qué podía hacer una comunidad pequeña cuando el agua dependía también de decisiones tomadas junto a sus vecinos? El problema no era solo encontrar un río: era conseguir que el agua llegara por una red aceptada por quienes controlaban los pasos y las obras.

A finales de aquel siglo, las dificultades de riego continuaban y fracasó el cultivo de la morera, agravando los problemas del señorío. La tierra fértil no garantizaba una cosecha segura. Aquí se cruzan la geografía y la historia sin que una explique por completo a la otra: la posición de los cauces condicionaba las posibilidades de conducción, mientras las disputas y las decisiones humanas determinaban si esas posibilidades se aprovechaban.

En el siglo XVII la población aumentó hasta los 168 habitantes; el 70 % eran cristianos y el 30 % moriscos. Más tarde llegaron nuevas dificultades: una epidemia de paludismo afectó a la villa y en 1719 quedaban 25 habitantes. Tras las epidemias de finales del siglo XVII, el cultivo predominante, el arroz, quedó prohibido. La secuencia deja ver una comunidad expuesta a cambios demográficos, sanitarios y agrícolas, no una prosperidad lineal concedida por la vega.

La parroquia de Nuestra Señora de la Salceda, construida a finales del siglo XVIII, y el palacete de los D’Estoup, del XIX, recuerdan otras etapas de la historia local. Pero el agua siguió siendo un asunto decisivo para la huerta. En el siglo XX, las aguas del trasvase Tajo-Segura permitieron convertir muchas tierras de secano en regadío y contribuyeron al desarrollo económico de Las Torres de Cotillas. La solución llegó por una infraestructura que amplió las posibilidades de una geografía que durante siglos había hecho difícil el acceso a las acequias.

La Loma y La Florida cuentan dos capítulos distintos de esa relación: una villa romana con termas en una vega cultivada, y un acueducto que llevó agua desde el Mula hasta una población rural. ¿Qué une esas huellas con la lucha por regar las huertas? El mismo paisaje de ríos, llanura y suaves elevaciones, donde la fertilidad existía, pero el agua debía encontrar su camino. Cuando vuelvas a mirar la Vega Media, piensa en La Loma: bajo su suelo quedaron las termas; en el paisaje que las rodea, la historia de una comunidad que nunca dejó de buscar cómo conducir el agua.

Tipos de terreno en Las Torres de Cotillas

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
    Advertencia

    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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