Historia geológica Localidad Alfàs del Pi

L’Alfàs del Pi hizo correr el agua del Ponoig hasta sus molinos

En la plaza Mayor, un pino plantado en 1786 acabaría dando nombre a la independencia de Alfaz. Pero el cambio que transformó la vida de sus tierras había empezado antes, con una acequia que traía agua desde el Monte Ponoig.

Amanecer sobre el mar desde el entorno del Faro del Albir, en el paisaje litoral de l’Alfàs del Pi.

Amanecer sobre el mar desde el entorno del Faro del Albir, en el paisaje litoral de l’Alfàs del Pi.

Foto: Marcomolinaandres, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En l’Alfàs del Pi, el agua emprendía un viaje antes de convertirse en cosecha. ¿Cómo llegó desde el Monte Ponoig hasta las tierras de Alfaz, y qué cambió al hacerlo? La respuesta sigue el Rieg Mayor, una obra que atravesó varios pueblos y enlazó el paisaje de la Marina Baja con molinos, fuentes, lavaderos y campos cultivados.

El Ponoig puso en marcha una ruta comarcal

En el siglo XVI, el municipio era conocido como Alfaz del Polop. En aquel tiempo, la baronesa Beatriz Fajardo de Mendoza inició la construcción del Rieg Mayor de Alfaz con un propósito explícito: aumentar la riqueza agrícola de sus tierras. La acequia recogía sus aguas en el Monte Ponoig y pasaba por Polop de la Marina, La Nucía, Alfaz y Benidorm.

La escena tiene una escala que supera los límites de un solo pueblo. El agua nacía en un punto del paisaje comarcal y, conducida por una obra humana, alcanzaba distintos asentamientos. Para Alfaz, no era solo un canal: era una conexión sostenida con una fuente de agua situada en la montaña. El terreno no desaparecía de la historia; imponía el escenario sobre el que se organizaba el recorrido.

El nombre del sistema conserva esa historia de trabajo. Rieg Mayor: una infraestructura hecha para llevar agua donde podía sostener cultivos y actividad cotidiana. En vez de depender únicamente de lo que cayera sobre cada parcela, las comunidades quedaron vinculadas a una red compartida. La acequia convirtió un recurso en una ruta, y una ruta podía alimentar más que un campo.

Los molinos marcaron el pulso del Rieg Mayor

El agua dejó señales concretas en el camino. A lo largo de la acequia se instalaron numerosos molinos, además de fuentes y lavaderos. Algunos molinos siguen en pie. Son paradas visibles en una historia que, de otro modo, podría confundirse con una línea dibujada sobre el paisaje: cada construcción señala que el agua servía para mover, abastecer y reunir a la gente.

La red contribuyó a aumentar la producción agrícola y la población asentada en la zona. El efecto no se limita, por tanto, al rendimiento de una cosecha. Un sistema capaz de conducir agua y sostener usos distintos podía hacer más atractivo permanecer en un lugar y trabajar sus tierras. La fuente local cifra en 345 años el tiempo durante el cual la acequia continuó funcionando después de construida: una duración que habla de una infraestructura incorporada a la vida cotidiana.

La agricultura tradicional de Alfaz se apoyaba en frutales y almendros. En el municipio todavía se cultivan viñedos, naranjos, limoneros, almendros, higueras y algarrobos. No hace falta imaginar un campo uniforme: basta con reconocer que el agua organizada por la acequia permitió ampliar la producción y que, junto a ella, persistieron cultivos diversos. La obra no borró el paisaje; hizo posible trabajarlo de otra manera.

También cambió la escala del asentamiento. El crecimiento de la población figura entre las consecuencias atribuidas al riego. Así, una acequia que cruzaba varios núcleos acabó pesando en la historia de cada uno: el agua recorría una distancia comarcal, pero su efecto se medía en tierras cultivadas, molinos y vecinos que podían establecerse allí.

El pino de la plaza convirtió el cambio en nombre

Mucho después de iniciada la red, otro elemento del paisaje quedó asociado a una transformación política. En 1786 se plantó un pino en la plaza Mayor. Cuando Alfaz se independizó de Polop en 1836, ese árbol simbolizó el acto y quedó ligado al nombre Alfaz del Pi. La historia local reúne así dos formas distintas de arraigo: el agua que sostiene la agricultura y el árbol que representa la nueva identidad del municipio.

En 1836 se censaron 250 vecinos. Las calles Baldones, Calvario, el Gallo y Baja, junto con la plaza Mayor y la iglesia de San José, conservan rincones vinculados a la antigua vida agrícola del pueblo. El trazado estrecho y las casas tradicionales forman parte de esa memoria. Si paseas por el centro, el pino no es solo una referencia del nombre: señala el momento en que Alfaz dejó de depender administrativamente de Polop.

El cambio de nombre también guarda una historia más larga. El topónimo Alfàs procede del árabe al-faḥṣ, «el campo sembrado»; el municipio recibió distintas denominaciones antes de que se asentara Alfaz del Pi. La sucesión de nombres no reemplaza la historia del riego, pero la acompaña: antes de que el pino representara la independencia, el campo ya estaba inscrito en la manera de nombrar el lugar.

La costa del Albir guarda otras huellas humanas

La historia de Alfàs no se limita al canal ni a la agricultura. El núcleo urbano se encuentra unos tres kilómetros tierra adentro, en las faldas de la Sierra Helada, mientras el término municipal alcanza cuatro kilómetros de costa, con la playa del Albir. Esa relación entre interior y litoral ofrece otra escena: la vida local se extendió entre las tierras habitadas y la orilla mediterránea.

Junto a la playa del Albir existe un yacimiento arqueológico que acredita la presencia de colonos romanos entre los siglos II y IV de nuestra era. Compartieron el espacio con una población asentada allí desde el Neolítico; más tarde, desde el siglo V antes de nuestra era, hubo presencia de grupos íberos, que dejaron vestigios y topónimos en la comarca. Son distintas capas de presencia humana junto a una costa que también forma parte del paisaje de Alfàs.

La costa tuvo además un papel de frontera expuesta. La localidad se originó como un núcleo con fortificación para defenderse de ataques de piratas berberiscos, y los enfrentamientos de los siglos XVII y XVIII contribuyeron a configurar la comarca. La geografía ayuda a leer esa historia sin convertirla en una explicación automática: Alfàs reunía un interior agrícola, una montaña de la que llegaba el agua y un litoral donde el poblamiento está documentado desde la Antigüedad.

El subsuelo añade otra escala a la historia del agua

La caracterización geotécnica municipal dibuja un terreno variado: predominan las arenas finas y los limos; también aparecen arcillas y margas duras, además de calizas, dolomías y mármoles. Son materiales distintos bajo un mismo término municipal. Esta información no cuenta por sí sola cómo se construyó el Rieg Mayor, pero sí permite mirar el escenario físico de Alfàs más allá de la acequia y de los cultivos.

Entre esos materiales, las calizas y las dolomías importan por un proceso que también involucra al agua. La ficha geotécnica señala áreas carbonatadas con hundimientos kársticos actuales o potenciales. El karst se produce cuando el agua disuelve lentamente ciertas rocas y puede abrir huecos en ellas; el hundimiento es una posible consecuencia en algunos lugares. Es una historia distinta de la del canal: aquí el agua no se guía por una obra, sino que transforma la roca a otra escala.

La diferencia entre ambas historias resulta reveladora. En el Rieg Mayor, el agua conducida por las personas ayudó a hacer crecer la producción agrícola y la población. En los terrenos carbonatados, la ficha reconoce procesos naturales vinculados al agua y a la roca. Ninguno de esos datos autoriza a atribuir el trazado de la acequia a un tipo concreto de suelo, pero juntos muestran que el agua y el terreno han sido parte persistente del paisaje local, cada uno a su manera.

Hoy, el turismo es la principal actividad económica, aunque la agricultura continúa presente. Cuando vuelvas a mirar la plaza Mayor, recuerda el pino que dio nombre a la independencia; cuando pienses en el agua, sigue su viaje desde el Ponoig hasta los molinos y campos de Alfaz. La acequia convirtió el paisaje en una red compartida, y esa ruta sigue dando forma a la historia que se cuenta del lugar.

Tipos de terreno en Alfàs del Pi

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
    Advertencia

    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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