Jabalquinto, la torre y el pueblo perdido
Jabalquinto creció ligado a un señorío, mientras Estivel, una antigua aldea, terminó despoblada. Entre ambas historias aparecen una torre, fortificaciones almohades y un subsuelo municipal de materiales muy distintos.
Vista general de Jabalquinto desde el camino de Mengíbar. La población se recorta sobre la loma que sirve de escenario a esta historia.
En la vista general de Jabalquinto, las casas ocupan la parte alta de una loma y el terreno desciende alrededor. La localidad se encuentra a 496 metros de altitud, 38 kilómetros al norte de la capital provincial. Hoy cuenta con 1.939 habitantes y el término municipal abarca 73,24 km². Su historia reúne dos destinos medievales: una villa que llegó a consolidarse y Estivel, una antigua aldea que volvió a quedar vacía. Las rocas y sedimentos del municipio forman el escenario material de ese recorrido, aunque no explican por sí solos sus cambios de población.
Un término de materiales distintos
El estudio geotécnico de Jabalquinto describe una composición diversa a escala municipal. La categoría más extensa entre las que enumera corresponde a calizas, dolomías y mármoles, con un 50,24 %. También registra arenas finas y limos, un 28,79 %; gravas y arenas compactas, un 10,62 %; y arcillas y margas sobreconsolidadas duras, un 6,17 %. No es una única clase de terreno repetida por todo el término, sino un conjunto de materiales que el inventario distingue por su naturaleza.
La clasificación añade una característica relacionada con el paso del agua: las formaciones se consideran generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. El informe señala que, por alteración o fisuración, pueden albergar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de interés. Esa descripción ayuda a entender que el subsuelo municipal tiene comportamientos posibles distintos; no asigna, en cambio, una roca concreta a cada edificio o resto arqueológico. La historia de Jabalquinto se desarrolla sobre ese terreno variado, pero sus fechas y sus cambios de poblamiento se reconocen en otros rastros.
Las señales más antiguas de ocupación remiten a un momento de la Edad del Cobre o del Bronce. No se trata de una secuencia arqueológica completa: la información disponible indica que faltan investigaciones sistemáticas y mantiene abierta la atribución entre esos dos periodos. Aun así, la huella amplía la historia mucho más allá de la villa medieval. Antes de que Jabalquinto tuviera señorío y palacio, ya había indicios de presencia humana en el lugar.
En época ibérica, el entorno fue escenario de la segunda guerra púnica, cuando los ejércitos romano y cartaginés se movían por el eje Cástulo-Iliturgi. El territorio aparece así dentro de una ruta de guerra de escala regional, no como un episodio aislado de la historia de una sola población. Ese movimiento antiguo precede a la historia que marcaría de manera más duradera el nombre de Jabalquinto: la formación de un señorío y el intento de recuperar Estivel.
Estivel vuelve a recibir habitantes
En el siglo XIV, la fundación de la villa quedó estrechamente vinculada al señorío de Día Sánchez de Biedma. Baeza le entregó Estivel, una antigua aldea islámica que estaba despoblada, con el propósito de recuperarla. La palabra importante en esta historia es precisamente esa: recuperar. Estivel no era un asentamiento que partiera de cero, sino un lugar con una etapa anterior que se intentaba reactivar. El relato documentado, sin embargo, no termina con la repoblación convertida en éxito.
Día Sánchez dejó el señorío en testamento a su hijo, Manuel de Benavides y Mendoza. En 1446, Manuel ya actuaba como primer señor de Jabalquinto. A partir de ahí, los dos nombres empezaron a seguir caminos diferentes: el señorío se consolidaría en la segunda mitad del siglo XV bajo Juan de Benavides, mientras la recuperación de Estivel perdía impulso. El terreno municipal seguía reuniendo materiales diversos; la diferencia entre los destinos se cuenta en las acciones humanas y en lo que ocurrió con cada asentamiento.
La torre antigua y el palacio de Jabalquinto
En esas fechas comenzó también la construcción de un palacio, al parecer sobre los restos de una antigua torre o fortaleza. La descripción histórica plantea que alrededor de aquella estructura seguramente habría una aldea. La torre, por tanto, enlaza la villa señorial con un emplazamiento anterior: no como prueba de una continuidad totalmente reconstruida, sino como una huella material sobre la que se levantó una nueva residencia. El edificio palaciego fue creciendo al tiempo que el señorío afirmaba su lugar en la historia de Jabalquinto.
Estivel, en cambio, no recuperó población de forma duradera. La repoblación fracasó y sus habitantes fueron desapareciendo poco a poco; en 1578 ya estaba despoblada. Ahí se resuelve el contraste abierto un siglo antes: el proyecto de recuperar la antigua aldea no prosperó, mientras el señorío asociado a Jabalquinto se consolidó. No hace falta imaginar una causa geológica para entender ese resultado. Lo que queda registrado es el desenlace humano y, junto a él, la persistencia de restos fortificados en el municipio.
Entre esos restos hay fortificaciones levantadas por los almohades, una gran torre que debió contar con al menos cuatro habitaciones, varios aljibes y vestigios de un recinto que probablemente tuvo varias torres. Son estructuras distintas de los materiales enumerados para el conjunto municipal: el inventario geotécnico no identifica la roca de la torre ni de los muros. Pero sí comparten un mismo marco local. La torre permite seguir la larga presencia de construcciones defensivas en Jabalquinto, mientras los aljibes y el recinto conservan la forma de un lugar fortificado, no la explicación completa de su abandono o de su uso.
La Encarnación y las huellas de piedra
Los edificios posteriores dejan fechas más precisas. La portada de la Iglesia Parroquial de la Encarnación lleva la de 1577. Su arco de medio punto, las columnas corintias de fuste estriado y el escudo rematado por un frontón triangular muestran una obra renacentista. La traza podría ser de Vandelvira, aunque esa atribución se expresa como posibilidad. En el exterior, el templo combina un volumen rectangular de buena sillería, cubierto a dos aguas, con un presbiterio añadido, más bajo y de peor factura. La diferencia de formas deja visible que el edificio se modificó con el tiempo.
También el palacio de los Marqueses de Jabalquinto conserva varias etapas. En su fachada de dos pisos destacan dos portadas y grandes escudos con cueros recortados, característicos del siglo XVI. Una de las portadas tiene largas dovelas y un arco adintelado; la principal presenta un arco de medio punto. En 1856 se abrió un balcón en el entablamento, que quedó parcialmente mutilado por la reforma. Aquí la historia no consiste en una construcción inmóvil, sino en una fachada a la que cada intervención añadió o alteró una pieza. La descripción arquitectónica habla de sillería, pero no permite adjudicarle las calizas, dolomías o mármoles del inventario municipal.
La ermita de San Juan Bautista, en Jabalquinto, con su portada conventual del siglo XVII: otra huella de la arquitectura histórica local.
La ermita de San Juan Bautista ofrece otra huella de la arquitectura local. Su portada conventual corresponde al siglo XVII y suma un edificio más al recorrido entre las fortificaciones, el palacio y la iglesia. La fotografía muestra su fachada exterior; no es una imagen de las obras medievales ni de los episodios de repoblación. Es una presencia actual que ayuda a reconocer cómo distintas épocas dejaron construcciones en Jabalquinto, sin que cada una tenga que compartir fecha, función o material de origen.
Dos destinos en el mismo municipio
El recorrido empezó con una población asentada en altura y un término de 73,24 km², pero no conduce a una explicación única del paisaje. El estudio geotécnico distingue calizas, dolomías y mármoles, arenas finas y limos, gravas y arenas compactas, y arcillas y margas duras. Es la escala del municipio: una descripción del terreno que acompaña la historia sin convertir cada torre o portada en una muestra identificada de esas categorías.
La historia humana, en cambio, sí ofrece un resultado definido. Jabalquinto quedó ligado al señorío de los Benavides y reunió palacio, iglesia y otras construcciones; Estivel, pese al intento de recuperar la antigua aldea, estaba despoblada en 1578. Las fortificaciones permanecen como huellas de una etapa anterior, y los edificios posteriores conservan sus propias fechas y transformaciones. Desde la loma actual, la torre ya no es solo el resto de una defensa: recuerda el lugar donde una historia de asentamientos se bifurcó, y donde solo uno de los dos nombres siguió creciendo.
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