Historia geológica Localidad Fuencaliente

Fuencaliente: el plomo que convirtió un puerto de montaña en un poblado romano

Las obras del gasoducto Madrid-Sevilla obligan a excavar un poblado romano junto al puerto de Valderrepisa en 1990. La galena argentífera de Sierra Morena había convertido aquel lugar de paso en un centro metalúrgico, cuyas escorias todavía daban trabajo muchos siglos después.

Pine forests close to Fuencaliente, Ciudad Real (Spain)

Pine forests close to Fuencaliente, Ciudad Real (Spain)

Foto: Heparina1985, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

# Fuencaliente: el plomo que convirtió un puerto de montaña en un poblado romano Durante los años sesenta del siglo XX, unos trabajadores vuelven a buscar plomo entre los residuos de una antigua fundición romana de Fuencaliente. No necesitan abrir una explotación nueva: reaprovechan las escorias que otros dejaron junto al Arroyo del Puerto. Los testimonios vecinales recogidos por la Junta de Castilla-La Mancha conservan el recuerdo de aquellos lavadores y de unos hornos de adobe que posiblemente fueron desmontados durante esa actividad. El desecho había vuelto a convertirse en recurso. Para entender esa segunda vida hay que retroceder hasta los pequeños filones de galena argentífera de Sierra Morena, el mineral que permite explicar por qué aparecen establecimientos metalúrgicos como Valderrepisa y La Dehesa en estas montañas del sur de Ciudad Real. ## Los filones necesitan algo más que mineros La galena es un mineral de plomo; cuando contiene plata aprovechable se denomina argentífera. Su interés no depende de que forme una montaña entera, sino de que se concentre en cuerpos mineralizados que puedan explotarse. La información histórica del Ayuntamiento de Fuencaliente describe pequeños filones distribuidos por Sierra Morena y sitúa entre los siglos II antes de Cristo y I después de Cristo la presencia romana vinculada a su aprovechamiento. Esa distribución importa. El mineral disperso exige conectar puntos de extracción con lugares donde tratarlo. Una mina no funciona aislada: necesita trabajadores, herramientas, alimentos y una salida para su producción. El Ayuntamiento identifica precisamente establecimientos metalúrgicos relacionados entre sí y una red de transporte destinada tanto a sacar el mineral como a abastecer a quienes trabajan con él. Valderrepisa pertenece a esa organización. El estudio de Macarena Fernández Rodríguez y Carmen García Bueno, publicado en 1993, lo sitúa junto al puerto del mismo nombre, en pleno corazón de Sierra Morena. La Junta lo define como un poblado-fundición: un asentamiento donde la transformación del mineral ocupa un papel central. El relieve añade una condición decisiva. Fuencaliente se extiende por un territorio montañoso de Sierra Madrona, y el puerto de Valderrepisa constituye un paso entre esas elevaciones. Su posición ayuda a entender la conexión del establecimiento con los caminos. No basta con disponer de una materia prima valiosa: también hay que poder llevarla, transformarla y distribuirla. ## El agua también entra en la fundición Dentro de esa cadena de trabajo aparece un elemento menos llamativo que los hornos: una canalización. Se dirige hacia el Arroyo del Puerto, donde los testimonios orales sitúan antiguas instalaciones de adobe. La interpretación publicada por la Junta propone que el agua encauzada tendría un uso industrial, destinado al lavado del mineral y a enfriarlo después de su paso por los hornos. Conviene detenerse en el lavado. Extraer una roca mineralizada no equivale a obtener directamente metal. Hay que tratar el material y separar componentes antes de completar su transformación. El agua participa, por tanto, en el trabajo; no es únicamente una provisión para beber. Una conducción permite llevarla hacia un punto concreto y organizar su utilización. A escala municipal, el estudio geotécnico identifica un predominio de pizarras y esquistos, junto con otros conjuntos de materiales. Describe además formaciones generalmente impermeables o de permeabilidad muy baja, aunque la alteración y las fisuras pueden permitir acumulaciones y circulación local de agua. Esto ayuda a comprender por qué la disponibilidad hídrica no es uniforme en todo el territorio.

Tipos de terreno en Fuencaliente

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
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    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Granito, Gneis y rocas ígneas
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    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
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    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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Esa caracterización general no determina el caudal de la canalización romana. Sí explica la importancia de localizar y conducir el agua allí donde se necesita. En Valderrepisa, el trazado conservado vincula espacialmente el asentamiento con el arroyo y aporta una pieza concreta para reconstruir el funcionamiento del centro metalúrgico. Mineral, paso de montaña y agua cumplen funciones distintas. Los filones proporcionan la materia prima; los caminos permiten moverla y sostener a la población; la conducción participa en su tratamiento. La fundición reúne esas posibilidades territoriales mediante construcciones y trabajo organizado. ## Una piedra lleva al maestro hasta La Dehesa Valderrepisa no es el único establecimiento romano del término. En La Dehesa, otro poblado de características semejantes deja escorias, restos de hornos y huellas de explotación. Su reconocimiento incorpora una escena cotidiana: en 1973, un niño de Fuencaliente encuentra una inscripción sobre piedra y se la entrega a su maestro, don Juan Díaz. Como la piedra está incompleta, el maestro visita el lugar acompañado por don Alejandro Alonso para buscar el fragmento que falta. No lo encuentran. En cambio, comprueban que hay escorias, fragmentos de tubos cerámicos, hornos y muros. Localizan también dos pozos de minas y parte de un antiguo camino empedrado, según el relato municipal. La búsqueda de una inscripción termina mostrando un conjunto de actividades conectadas. Los pozos remiten a la extracción; los hornos y las escorias, a la transformación; el camino, al transporte. Son huellas distintas de un mismo proceso económico, que requiere ocupar y comunicar varios espacios. Los materiales recuperados en estos establecimientos apuntan asimismo a intercambios de productos agrícolas, ganaderos e industriales. El Ayuntamiento interpreta que los caminos los relacionaban con mercados vecinos y con circuitos comerciales más amplios. Quienes funden metal también comen, compran y reciben mercancías: alrededor de la explotación mineral se organiza una comunidad. ## Cuando los residuos vuelven a tener precio Muchos siglos después, las escorias siguen señalando dónde hubo actividad metalúrgica. En La Dehesa, los vecinos recuerdan que el «Tío Basilio» las lavaba y vendía a mediados del siglo XX. En el entorno de Valderrepisa, los testimonios recogidos por la Junta sitúan su reaprovechamiento para obtener plomo durante los años sesenta. Una escoria es un residuo de la transformación del mineral, pero puede conservar componentes aprovechables. Por eso lo que una generación abandona puede interesar a otra. Aquí, ese cambio prolonga la vida económica del antiguo establecimiento sin restablecer necesariamente su organización original. Tiene también una consecuencia patrimonial. Recuperar materiales implica remover depósitos que contienen información sobre el trabajo antiguo. Los testimonios atribuyen a los lavadores el posible desmontaje de los hornos de adobe próximos al arroyo. La extracción moderna de valor y la conservación de las huellas romanas entran así en conflicto. ## El mismo paso recibe nuevas infraestructuras La posición de Valderrepisa vuelve a ser importante al final del siglo XX. El gasoducto Madrid-Sevilla provoca la primera excavación arqueológica en 1990; la modernización de la red de Telefónica motiva otra intervención en 1991; la ampliación de la N-420 afecta al lugar en 1993. La Junta relaciona esta sucesión de obras con su ubicación estratégica. {{inline_image_0}} Cambian las mercancías y las tecnologías, pero el territorio sigue planteando la necesidad de atravesar las montañas. Las nuevas infraestructuras alcanzan un espacio ocupado antiguamente por otro sistema de producción y circulación. Antes de las obras, el seguimiento arqueológico permite estudiar unos restos que podrían quedar alterados. Después llega una etapa distinta: limpieza y consolidación de muros en 2008 y una campaña de excavación en 2017, financiada por la Junta y el Ayuntamiento. El lugar pasa de las intervenciones motivadas por obras a la investigación y conservación de su patrimonio. Vuelve ahora al arroyo donde se lavaban escorias. Aquellos residuos enlazan los filones de Sierra Morena, los hornos romanos y los trabajadores del siglo XX. Lo que parecía material abandonado conserva las huellas de quienes extrajeron, transportaron y transformaron el plomo.

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