Cogollos de la Vega, el baño que resistió
En el barrio antiguo, una casa baja guarda tres salas de baños medievales que durante siglos quedaron ocultas por la vida cotidiana. Su historia también transcurre bajo los pies: en el mosaico de rocas y sedimentos que caracteriza el término de Cogollos de la Vega.
Vista de la localidad de Cogollos Vega, en la provincia de Granada (España), desde la carretera GR-3424 en el término municipal de Nívar.
En la parte antigua de Cogollos de la Vega, los baños árabes no se anuncian con una fachada monumental. Se esconden dentro de una casa de planta baja, junto a otras viviendas del barrio, y lo que llama la atención desde fuera son los grandes bloques de piedra que refuerzan una esquina. Tras la puerta, sin embargo, el espacio se despliega en tres salas abovedadas. El edificio cambió de función, quedó integrado en una vivienda y pasó inadvertido durante generaciones. Su supervivencia dependió tanto de una estructura sólida como de ese uso doméstico que lo cubrió sin borrarlo.
Cogollos conserva tres salas bajo una casa
La descripción de los baños los sitúa en el siglo XII y los identifica como un ejemplo rural de época musulmana. Su recorrido interior organiza tres espacios consecutivos: una sala fría, otra templada y una tercera caliente. No es solo una sucesión de habitaciones. El paso de una a otra ordena la experiencia del baño y permite leer la función del edificio en la propia arquitectura, incluso después de que dejara de utilizarse como baño público.
La primera sala, llamada apoditerium, servía de guardarropa y de lugar de saludo y despedida. Es rectangular y su bóveda de ladrillo, de medio cañón, no tiene lucernas. Un hueco arqueado en el muro conduce a la sala templada, más ancha y alta. En su bóveda se abren doce lucernas hexagonales; la descripción indica que pudieron llevar cristales de colores para iluminar y ambientar el espacio destinado al reposo y al baño de vapor.
La tercera nave es el caldarium, o sala caliente. Es algo más ancha que la templada y cuenta con catorce lucernas hexagonales, una disposición poco frecuente según la descripción del monumento. Las tres salas enlazadas, sus bóvedas y sus huecos de luz convierten el interior en una secuencia reconocible. En el exterior, en cambio, la casa no parecía distinta de las demás. Esa diferencia entre lo que ocultaba y lo que mostraba ayuda a entender por qué el edificio pudo atravesar tantos cambios sin ser reconocido por quienes no vivían allí.
Las rocas de Cogollos forman un mosaico
La casa de los baños pertenece a un municipio que no está formado por un único tipo de terreno. El estudio geotécnico de Cogollos de la Vega registra entre sus categorías calizas, dolomías y mármoles (36,52 %); pizarras y esquistos (29,79 %); arenas finas y limos (17,33 %); y fangos y turbas deltaicos (4,30 %). Son materiales distintos, y esos porcentajes describen el panorama municipal, no la composición de los muros de los baños.
El mismo estudio caracteriza las formaciones carbonatadas como muy karstificadas en su conjunto y señala también zonas medianamente karstificadas, donde pueden aparecer karsts importantes dispersos. En el término registra áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales en terrenos carbonatados y movimientos actuales o potenciales, principalmente deslizamientos, en formaciones blandas. Así, el paisaje municipal reúne materiales resistentes y terrenos más blandos, con comportamientos diferentes. Esa información sitúa el edificio en un territorio geológicamente variado, sin asignar a sus bloques una litología que no está identificada.
La descripción del inmueble sí permite reconocer algunos materiales concretos de su arquitectura: la bóveda de ladrillo de la sala fría y los grandes bloques visibles en una esquina de la casa. No demuestra que esos bloques procedan de las calizas, dolomías, mármoles, pizarras o esquistos recogidos para el municipio. La escala importa: el estudio ofrece una visión del término, mientras que los baños cuentan una historia de espacios construidos. Juntas, ambas miradas muestran que la localidad se levanta sobre un mosaico de materiales, pero no permiten convertir una clasificación municipal en una identificación del edificio.
Gómez-Moreno dibuja los baños que otros no veían
Tras dejar de funcionar como baño, el edificio fue ocupado como vivienda desde el siglo XVI. La estructura sólida y ese nuevo uso contribuyeron a que los espacios sobrevivieran, aunque su antigua función quedara fuera de la vista pública. Durante siglos, los baños pasaron desapercibidos salvo para sus moradores. La casa siguió formando parte del barrio; las salas, en cambio, conservaron una organización anterior bajo los usos cotidianos de la vivienda.
A finales del siglo XIX, el historiador especializado en arte hispanomusulmán Manuel Gómez-Moreno realizó por encargo un plano de los baños. El dibujo hizo visible una arquitectura que apenas se distinguía desde la calle: tres naves paralelas, comunicadas entre sí, con espacios y bóvedas diferentes. Durante décadas, el plano se exhibió en el Museo Arqueológico provincial. En noviembre de 1975 fue entregado al Ayuntamiento de Cogollos de la Vega; años después desapareció. El documento tuvo así una trayectoria propia: dio a conocer el edificio y, después, dejó de estar localizable.
Mientras el plano circulaba fuera del pueblo, los baños seguían incorporados a una casa. Reconocer que esa vivienda albergaba un monumento planteaba un problema concreto: conservar una estructura cuyo valor dependía de mirar más allá de los tabiques y revestimientos que la habían convertido en hogar. La recuperación no consistía solo en nombrar las salas. También había que hacerse con el inmueble y decidir qué partes correspondían a la casa y cuáles permitían leer la construcción antigua.
El Ayuntamiento compra la casa de los baños
En 1987, el Ayuntamiento compró la casa por 4.500.000 pesetas. La propiedad comprendía un baño de 100 metros cuadrados y un patio de 79. La compra dio al municipio capacidad para actuar sobre un edificio que hasta entonces había sido vivienda privada. El pago, sin embargo, no se cerró de inmediato: el Ayuntamiento terminó de abonar la vivienda en 2003. Entre ambas fechas, el inmueble ya había recibido reconocimiento patrimonial.
En enero de 1991, los baños fueron declarados monumento histórico-artístico. Cinco años después, la Diputación Provincial de Granada acometió obras con un presupuesto de 1.900.000 pesetas. Se derribaron tabiques y falsos techos, se cegaron huecos considerados no originales, se trabajó en el firme y el solado parcial, se picaron y enlucieron muros y se limpiaron las cubiertas. Las intervenciones devolvieron a la vista partes del edificio, pero también dejaron actuaciones que más tarde serían revisadas.
La restauración exigía distinguir entre lo añadido durante el uso como vivienda y lo que pertenecía a las salas antiguas. La Delegación de Cultura estimó inicialmente en 211.000 euros el coste de la restauración y planteó, entre otras labores, deshacer algunas obras de la Diputación que consideraba realizadas sin rigor arqueológico. La tensión no estaba entre conservar o abandonar, sino en cómo retirar añadidos y tratamientos sin perder la información que el propio edificio guardaba en sus muros.
La intervención de 2021 vuelve a los muros
A finales de 2021, el Ayuntamiento realizó una intervención arqueológica en los baños. Entre las actuaciones descritas figura la retirada de revestimientos de los paramentos verticales, como parte de la revisión de algunas intervenciones anteriores. El trabajo devolvió la atención a las superficies del edificio, después de décadas en las que la protección patrimonial, las obras y la vida doméstica habían dejado capas distintas sobre la estructura.
El resultado documentado hasta esa intervención es un edificio adquirido por el municipio, declarado monumento y sometido a trabajos sucesivos para recuperar y estudiar sus espacios. La antigua función de baño dejó paso a la vivienda; el plano de Gómez-Moreno sacó la arquitectura a la luz pública; y las actuaciones posteriores trataron de separar lo antiguo de las transformaciones más recientes. La secuencia no borra los cambios: explica por qué las tres salas siguen siendo legibles y por qué su conservación ha requerido nuevas revisiones.
Al comienzo, la esquina reforzada parecía apenas un detalle de una casa del barrio. Ahora señala el umbral de otra historia: bajo la vivienda quedaron la sala fría, la templada y la caliente, mientras Cogollos cambiaba alrededor de ellas. El edificio resistió no por permanecer intacto, sino por conservar su forma a través de usos distintos. Esa casa baja guarda todavía la huella de un baño medieval y de las decisiones que lo devolvieron a la historia del pueblo.
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