Historia geológica Localidad Altura

Altura perdió el agua de la Cartuja y tuvo que buscarla en el Berro

La Balsa Mayor, el Batán y la Fuente del Berro forman parte de una larga historia de acuerdos, trabajo y escasez en Altura. ¿Cómo convirtió un territorio de barrancos y manantiales irregulares el agua en un asunto decisivo para la villa?

Altura vista desde el entorno de la Fuente del Berro, el manantial que permitió impulsar un nuevo suministro para la población.

Altura vista desde el entorno de la Fuente del Berro, el manantial que permitió impulsar un nuevo suministro para la población.

Foto: Enrique Íñiguez Rodríguez (Qoan), CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

La sentencia del 15 de octubre de 1251 no solo repartió agua entre Altura y Segorbe: también fijó límites y ordenó derribar las obras que alterasen su curso. En una villa asentada junto a barrancos y ramblas sin corriente permanente, el acceso a una fuente estable podía decidir tanto el abastecimiento como el uso de la tierra.

El agua de una fuente vecina trazó límites

Altura se extiende entre el valle del Palancia y las estribaciones de la Sierra Calderona. El término es abrupto y no lo atraviesa ningún curso de agua permanente. Hay manantiales, pero muchos son estacionales; por eso, durante siglos, la principal procedencia del agua consumida en la villa fue la Fuente de la Esperanza, situada en Segorbe.

La sentencia dictada por Ximén Pérez de Arenós distribuyó las aguas entre ambas poblaciones. El acuerdo implicaba ceder terreno alturano a Segorbe y derribar construcciones que modificaran el curso del agua. La fuente condicionaba así algo más que el caudal: también intervenía en la relación entre los dos pueblos y en la manera de ordenar el territorio.

El relieve ayuda a entender la importancia de ese reparto. Las montañas y los barrancos encauzan las aguas de lluvia, mientras que la ausencia de una corriente permanente hacía especialmente valiosos los manantiales que podían sostener el suministro. En el término también hay formaciones carbonatadas, algunas karstificadas: el agua puede disolver estas rocas y abrir conductos por los que circula bajo tierra. Ese rasgo forma parte del paisaje geológico de Altura, aunque no identifica por sí mismo el origen de una fuente concreta.

La Cartuja convirtió el caudal en trabajo

A comienzos del siglo XV, el rey Martín I cedió a la Cartuja de Vall de Cristo el derecho que había adquirido a Segorbe: una hilada y media de agua cada día, salvo los viernes, cuando el suministro sería continuo. Primero se abastecía el monasterio; después, sus actividades agrarias, ganaderas e industriales, y finalmente la población.

El agua movía una economía además de sostener la vida cotidiana. En El Batán, la lana de las ovejas se transformaba en ropa. En 1531, Altura construyó, con financiación de la cartuja, el antecedente de la actual Balsa Mayor. Allí se almacenaba el agua de la fuente después de su paso por la actividad industrial, y desde la balsa se repartía la cantidad acordada entre Altura y Segorbe.

El arreglo tenía un coste para la villa: Altura renunció a regar sus propias huertas, mientras la cartuja obtenía ese aprovechamiento. La Balsa Mayor formaba parte de una cadena que unía la captación, el trabajo, el almacenamiento y la distribución. El caudal no se limitaba a llegar; había que asignarle un orden.

Donde no llegaba la fuente, la arcilla ayudaba a guardar la lluvia

La solución cambiaba al alejarse del núcleo, de los cursos de agua y de los aprovechamientos industriales. En esas zonas se recogía el agua de lluvia en navajos: aljibes construidos sobre pequeñas depresiones arcillosas y cubiertos con una bóveda de piedra seca. La depresión ofrecía el lugar para reunir el agua; la cubierta la protegía y ayudaba a conservarla para el consumo humano y el abrevadero de animales.

En Altura se conservan alrededor de 36 navajos, en distintos estados. Su construcción enlaza una característica concreta del terreno con una necesidad diaria: captar y almacenar el agua allí donde no se podía contar con una fuente próxima. No sustituían los acuerdos sobre manantiales ni las acequias, pero daban respuesta a otra escala, la de los parajes apartados.

El relieve marca también la divisoria de aguas entre las cuencas del Palancia y del Turia. En un mismo término, por tanto, la lluvia puede dirigirse hacia una u otra cuenca, mientras que los barrancos y ramblas solo llevan agua de forma irregular. Frente a ese reparto natural, las balsas, los navajos y las acequias eran formas distintas de aprovechar el agua disponible.

El corte del suministro empujó la búsqueda del Berro

La dependencia de un derecho compartido se convirtió en una vulnerabilidad. Tras la desamortización de la cartuja, Segorbe cortó el abastecimiento a Altura alegando que el acuerdo correspondía al monasterio. La disputa final se resolvió en 1943, cuando Segorbe cedió a Altura un caudal diario de entre 50 y 70 litros por segundo. Pero la búsqueda de un manantial propio ya estaba en marcha.

Hacia 1910 comenzaron las prospecciones. Alrededor de 1912 se encontró un manantial en el monte de la Rápita, bautizado como Fuente del Berro, y se creó la empresa encargada de llevar su agua a la población. Las obras empezaron en 1913 y se prolongaron hasta 1915. La noche del 24 al 25 de marzo, vecinos reunidos en la iglesia rezaron una novena a la Virgen de la Cueva Santa; esa noche brotó el agua. El relato local relaciona el episodio con el origen de las fiestas del Berro.

El nuevo suministro permitió ampliar los cultivos de regadío. Las aguas del Berro se canalizaron hasta la Balsa Mayor, donde se unían a las de la Fuente de la Esperanza antes de su reparto. La huerta recibía el agua a través de varias acequias, entre ellas la Madre, la de la Villa y la del Medio.

En Altura, el abastecimiento se resolvió con respuestas distintas para terrenos distintos: derechos y conducciones para el agua de la Fuente de la Esperanza, una balsa para almacenarla y repartirla, y navajos sobre depresiones arcillosas para recoger la lluvia en parajes alejados. La Fuente del Berro añadió un suministro propio y permitió extender el regadío. La Balsa Mayor conserva la huella visible de esa historia de agua compartida, trabajo y búsqueda.

Tipos de terreno en Altura

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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