Albolote y el terremoto de 1956 que dañó la mayor parte de sus edificios
El 19 de abril de 1956, una sacudida dañó la mayor parte de los edificios de Albolote y dejó muertos y heridos. ¿Qué puede revelar el terreno sobre aquella jornada?
Vista parcial de Albolote desde el puente del camino de las Cruces, con Sierra Nevada al fondo. La panorámica muestra el municipio y el paisaje de la Vega.
El 19 de abril de 1956, Albolote quedó señalado por un terremoto cuyo epicentro se situó en el propio municipio. La sacudida dañó la mayor parte de las edificaciones y causó al menos tres muertes directas, además de multitud de heridos. No es una fecha distante en la historia del paisaje: es el momento en que el movimiento de la tierra irrumpió en la vida de sus habitantes y dejó una huella duradera en la memoria local.
La sacudida tuvo un epicentro con nombre
La magnitud registrada fue de 5,1 en la escala Richter. Ese dato da una medida del terremoto, pero la historia de Albolote se cuenta también en daños y pérdidas: muchos edificios resultaron afectados y hubo víctimas. La localidad no fue solo un punto en un registro sísmico; fue el lugar donde el temblor encontró casas, calles y vecinos.
Un terremoto libera energía en el interior de la Tierra y la transmite como vibraciones que hacen oscilar el suelo. El episodio de 1956 confirma que Albolote puede experimentar movimientos capaces de causar consecuencias graves. ¿Explica el terreno local por qué se dañaron tantos edificios? El dossier documenta el epicentro y los daños, pero no establece que un tipo concreto de suelo provocara una distribución determinada de desperfectos. Mantener separadas esas dos cosas permite entender el episodio sin atribuirle una causa que no está demostrada.
La geología sí ayuda a dibujar el escenario. Albolote se extiende entre la sierra del Pozuelo, al norte, y la depresión de Granada, al sur. Por el término discurren los ríos Cubillas, Colomera, Bermejo y Blanco, además de varios arroyos. Es un territorio de relieves y terrenos distintos, no una superficie uniforme; el terremoto sacudió un municipio asentado en esa variedad.
Entre la sierra del Pozuelo y la Vega, cambia el suelo
Al mirar desde las alturas hacia la Vega, se entiende la forma del municipio: las cotas más elevadas del cerro del Pozuelo contrastan con las zonas más bajas en el límite con Maracena. La diferencia entre sierra y depresión es una característica visible del paisaje. Los datos disponibles no describen cómo se formó cada relieve, pero sí permiten leer la diversidad de materiales que hoy aparece en el subsuelo local.
En la clasificación geotécnica de Albolote destacan las arenas finas y los limos, junto con calizas, dolomías y mármoles. Son materiales de naturaleza distinta: las arenas y los limos son sedimentos finos; las calizas y dolomías son rocas carbonatadas. En términos generales, estas últimas pueden proceder de sedimentos acumulados en mares poco profundos, aunque la información local no asigna una edad concreta a esos materiales ni describe una secuencia completa de su formación.
La presencia de varios tipos de terreno invita a imaginar un subsuelo cambiante, pero no autoriza a colocar cada material bajo un barrio o una vivienda sin datos específicos. Los porcentajes de la clasificación son un resumen de los tipos identificados, no capas dispuestas en ese orden bajo todo el municipio. La historia del terremoto gana precisión cuando la variedad se reconoce sin convertirla en una explicación automática de los daños.
Vista desde el monumento de El Torreón, con Sierra Nevada a la derecha y Sierra Arana a la izquierda. El relieve del entorno enmarca la posición elevada de la atalaya.
Un sondeo en El Chaparral alcanza otra escala
En el entorno nombrado como CHAPARRAL 1/CUBILLA, un sondeo llegó a 180 metros de profundidad y registró agua a 54,55 metros. Es una perforación concreta, una ventana estrecha hacia el terreno: permite saber qué se observó en ese punto, no reconstruir por sí sola el subsuelo de todo Albolote. Aun así, añade una dimensión que el paisaje de la Vega no deja ver desde la superficie.
El agua también importa en las formaciones carbonatadas. El estudio geotécnico señala zonas medianamente karstificadas y la posibilidad de hundimientos kársticos actuales o potenciales. El karst se forma cuando el agua disuelve lentamente ciertas rocas, como las calizas, y puede abrir huecos o conductos. Piensa en una esponja de piedra: no significa que haya un gran vacío bajo cada calle, sino que el agua puede modificar localmente ese tipo de roca.
El mismo estudio describe, en general, formaciones de baja permeabilidad que pueden albergar a mayor profundidad acuíferos más permeables y productivos. También identifica movimientos actuales o potenciales, principalmente deslizamientos en formaciones blandas. Son procesos diferentes de un terremoto: ayudan a entender que el terreno tiene comportamientos diversos, pero no prueban que causaran el daño de 1956. Para quien vive en Albolote, esa distinción convierte una lista técnica en una lectura más clara del lugar.
Sierra Elvira fue escenario, atalaya y referencia
Mucho antes del terremoto, el relieve cercano ya formaba parte de la historia humana. En la época nazarí nació Albolote como asentamiento destinado a proporcionar tierras y casas a la guarnición que defendía el Camino Real de Jaén. En Sierra Elvira, la torre-atalaya del collado de los Pinos —conocida como El Torreón— ofrecía una posición desde la que se divisaba un amplio territorio y se podía vigilar el acceso a Granada.
La torre, datada en el siglo XIII, hace que la diferencia entre las tierras altas y la depresión deje de ser solo una cuestión de paisaje. La elevación daba una vista útil para la defensa; esa función está documentada. No hace falta afirmar que la roca determinó la estrategia para reconocer que el relieve proporcionó una posición desde la que observar y proteger.
En las inmediaciones de Albolote, también en Sierra Elvira, se libró el 1 de julio de 1431 la batalla de La Higueruela. Las tropas de Juan II de Castilla derrotaron allí a los ejércitos granadinos. La cercanía entre la batalla y la atalaya enlaza el terreno con episodios distintos: primero, un lugar de vigilancia; después, un campo de enfrentamiento. La geología no cuenta por sí sola la batalla, pero las formas del territorio sitúan esos acontecimientos en un espacio reconocible.
Lo que el temblor dejó en la memoria del terreno
La historia del subsuelo de Albolote no es una línea recta que conduzca desde una roca hasta un desastre. Es una combinación de señales: un terremoto de epicentro local, edificios dañados, terrenos carbonatados y sedimentos finos, además de un paisaje que sube hacia la sierra y desciende hacia la Vega. El sondeo de El Chaparral agrega una observación a profundidad, mientras que las indicaciones sobre karst y movimientos en formaciones blandas describen procesos que pueden afectar al terreno en lugares concretos.
Al recorrer el municipio, puedes mirar de otro modo las dos escalas que guarda: la de las casas que sufrieron la sacudida de 1956 y la de los materiales y relieves que componen el escenario local. El terremoto recuerda que el suelo no es un fondo inmóvil; la sierra, la Vega y los terrenos bajo ellas forman parte de la misma historia que sigue dando forma a Albolote.
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