Historia geológica Localidad Alfafar

Alfafar arraigó en la llanura fértil de la Albufera

Las fosas de la plaza del País Valencià guardaban cerámica que sitúa la historia de Alfafar al menos en los siglos IX o X. ¿Qué ofrecía esta llanura junto a la Albufera para que una comunidad echara raíces aquí?

Vista aérea de Alfafar y su entorno: el tejido urbano se extiende entre parcelas de la llanura.

Vista aérea de Alfafar y su entorno: el tejido urbano se extiende entre parcelas de la llanura.

Foto: Enrique Íñiguez Rodríguez (Qoan), CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En la plaza del País Valencià, la historia antigua de Alfafar asoma desde unas fosas: allí aparecieron restos de cerámica que prueban que ya existía una población en los siglos IX o X. No es una gran muralla ni un monumento levantado para perdurar. Son huellas sencillas, escondidas en el suelo, que llevan hasta una alquería andalusí y una llanura de agua, cultivos y caminos. ¿Por qué se asentó aquí aquella comunidad? La geografía ayuda a responder: el núcleo se encuentra en una superficie llana y fértil, cerca de la Albufera.

Las fosas de la plaza abren la primera puerta

Las cerámicas halladas en la plaza del País Valencià sitúan la presencia de Alfafar al menos en el siglo IX o X. Los restos aparecieron en una serie de fosas. Ese detalle convierte un punto reconocible del municipio en una pista concreta: bajo la plaza quedó evidencia de un poblado que ya estaba allí mucho antes de las donaciones registradas tras la conquista de Jaime I.

La historia no empieza con una fecha exacta de fundación, sino con esa señal material de vida asentada. El núcleo actual procede de una alquería andalusí llamada Aldamosfar. El nombre antiguo y las cerámicas cuentan el mismo capítulo desde lados distintos: uno conserva el rastro de la denominación; las otras, la presencia humana. Así, la plaza no es solo un lugar del centro actual: también conecta a Alfafar con el tiempo en que una comunidad vivía en esta llanura.

La cerámica permite afirmar que hubo población, pero no basta para convertir el topónimo en prueba de un taller. Una interpretación propuesta relaciona Alfafar con al-fajāratu, “alfarería”; otra lo vincula con al-jafà, “lugar hondo”. Las dos posibilidades hacen eco de aspectos distintos del relato: el oficio sugerido por el nombre y el terreno bajo y llano en el que se desarrolló el municipio. Ninguna borra a la otra.

La Albufera puso agua junto a la tierra de cultivo

Alfafar ocupa una superficie municipal de unos diez kilómetros cuadrados, descrita como llana y fértil. El casco urbano se sitúa a unos once metros de altitud; cerca de la Albufera el término llega a un metro. No hace falta imaginar montañas para entender el paisaje: aquí la historia se cuenta en una pendiente suave, entre la huerta y el agua. Gran parte del término que no ocupa el núcleo edificado queda dentro del Parque Natural de la Albufera.

Ese terreno actual tiene una composición variada. La caracterización geotécnica de Alfafar recoge un 42,07 % de arcillas expansivas blancas o blandas, un 37,14 % de gravas y arenas compactas y un 20,19 % de masa de agua. La arcilla es un material fino que puede cambiar de volumen con la humedad; el estudio califica su riesgo de expansividad como bajo a moderado. Las gravas y arenas, en cambio, son materiales de fragmentos más gruesos. En conjunto, las categorías dan una imagen del subsuelo local, no de un único tipo de terreno uniforme.

La presencia de arcillas, gravas y arenas permite hablar del suelo que caracteriza hoy el municipio, pero no asignar a cada material un origen antiguo concreto. La historia de la alquería, en cambio, sí aparece ligada en la fuente a la cercanía de la Albufera: se considera probable que allí se formara un pequeño núcleo agrícola y pesquero. Es una conexión razonable entre el asentamiento y su entorno, no una prueba de que una parcela determinada tuviera un uso específico.

También pudo pasar cerca la Vía Augusta. La fuente plantea esa posibilidad y sugiere que la ruta quizá contribuyó a la aparición del núcleo. En un paisaje llano, entre tierras fértiles y una zona de agua, una vía cercana habría añadido otro motivo para establecerse; pero la ruta se presenta como probable, no como una certeza demostrada en cada punto. La pista más firme sigue siendo la combinación documentada de alquería, cerámica y proximidad a la Albufera.

Parcelas cultivadas junto a viviendas, en el contacto entre la huerta y el núcleo urbano.

Parcelas cultivadas junto a viviendas, en el contacto entre la huerta y el núcleo urbano.

Foto: B25es, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

Alfolfar cambió de nombre y de señor

El nombre también atravesó su propio camino. En el Llibre del Repartiment aparece como Alfolfar, forma que evolucionó a Alfofar y finalmente a Alfafar. Las interpretaciones de su raíz siguen dos sentidos distintos: “alfarería” o “lugar hondo”. Es fácil dejarse llevar por la primera y unirla a la cerámica encontrada en las fosas, pero el dato del topónimo no demuestra que los objetos se fabricaran allí. Lo seguro es que ambos rastros pertenecen a la historia del mismo lugar.

En junio de 1238 ya constan las primeras donaciones vinculadas a Alfafar en el Llibre del Repartiment, después de que Jaime I tomara el lugar. El cambio de poder no borró de golpe el asentamiento anterior: el nombre que quedó escrito conservó una forma emparentada con la que acabaría dando el nombre actual. La historia local pasa así de la huella bajo la plaza al registro escrito, sin perder de vista la alquería que había dado origen al núcleo.

En 1347 Pedro IV donó las tierras a Pere Boïl. En 1363 Alfafar pasó a condición de señorío, y la familia Boïl ejerció ese dominio hasta la abolición de los señoríos en 1812. ¿Qué cambió durante esos siglos? Cambiaron las manos que gobernaban las tierras y las palabras con que se las nombraba; el emplazamiento del núcleo, junto a la llanura fértil y la Albufera, siguió siendo el marco de la vida local.

La huerta siguió al borde de una ciudad en crecimiento

La relación de Alfafar con su entorno no terminó con la alquería. El municipio mantiene una superficie llana y fértil, con regadíos entre los que predomina el arroz; además, una parte amplia del término forma parte del Parque Natural de la Albufera. Esa presencia agrícola permite reconocer en el paisaje actual una continuidad con la descripción histórica de un asentamiento que pudo combinar agricultura y pesca por su proximidad al agua.

La continuidad no significa que el pueblo permaneciera pequeño. En 1572 se registraban tres vecinos, unos diez habitantes; en 1794 ya eran más de mil. La cifra de 1877 alcanzaba los 2.237 habitantes. Son escalones muy distintos en la historia de una misma localidad: de un núcleo reducido a una población que fue creciendo sobre la llanura, mientras la huerta y las tierras próximas a la Albufera seguían formando parte de su término.

El salto más rápido llegó en la segunda mitad del siglo XX. Alfafar pasó de poco más de 4.300 habitantes en 1960 a 13.000 diez años después y 19.000 en 1975. La fuente atribuye ese fuerte aumento a la inmigración. El crecimiento humano, por tanto, no se explica solo mirando el terreno: la llanura ofrece el marco geográfico, pero la historia social aporta una causa documentada para el cambio demográfico.

Hoy el núcleo edificado ocupa aproximadamente el 13 % del término municipal, y el resto incluye una parte importante del espacio protegido de la Albufera. Desde el aire se percibe bien el contraste entre la trama urbana y las parcelas abiertas. Si recorres Alfafar, la plaza del País Valencià te acerca a una huella antigua; más allá, la llanura recuerda el entorno agrícola y acuático que acompañó la vida del municipio.

Exterior del Sindicato Arrocero de Alfafar, ligado visualmente a la tradición arrocera de la huerta local.

Exterior del Sindicato Arrocero de Alfafar, ligado visualmente a la tradición arrocera de la huerta local.

Foto: Millars, CC BY-SA 3.0 es — commons.wikimedia.org

La respuesta a la pregunta inicial está en esa proximidad: una llanura fértil y el entorno de la Albufera ofrecían un marco favorable para que una alquería se asentara y prosperara, aunque la relación exacta entre cada parcela y cada actividad no pueda fijarse. Las cerámicas de las fosas y los campos de hoy son dos señales, separadas por siglos, de cómo Alfafar arraigó en una tierra marcada por el agua y la huerta.

Tipos de terreno en Alfafar

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arcillas Expansivas Blancas/Blandas
    Peligro

    Arcillas Expansivas Blancas/Blandas

    Las grandes reinas de la patología en edificación civil de España. Se presentan frecuentemente en las tierras de barros cordobesas y badajoz, vegas del Guadalquivir (Mairena, Carmona), cuenca miocena

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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