Historia geológica Localidad Yecla

Yecla cambió de ladera y eligió la cara norte del cerro del Castillo

La primera Yecla estable se levantó junto a la fortaleza de Hisn Yakka; después, los nuevos pobladores buscaron otro lado del mismo cerro. ¿Qué ofrecía aquella ladera en un territorio de sierras, valles y fuentes?

Campos y relieves de Yecla desde la sierra de Salinas: los valles agrícolas se abren entre las sierras del municipio.

Campos y relieves de Yecla desde la sierra de Salinas: los valles agrícolas se abren entre las sierras del municipio.

Foto: Casasdeselva, CC BY-SA 3.0 es — commons.wikimedia.org

A finales del siglo XI, el cerro del Castillo ya albergaba Hisn Yakka, el primer asentamiento estable conocido en la zona de la actual Yecla. La fortaleza dominaba un territorio que, según la reconstrucción histórica, estaba escasamente controlado y prácticamente despoblado. Allí comenzó una historia de alturas, agua y cambios de emplazamiento que todavía se puede leer en la forma del paisaje.

Yakka creció. A comienzos del siglo XIII llegó a ser el centro de un distrito rural. Pero, tras la revuelta mudéjar de 1264–1266, buena parte de la población musulmana abandonó la zona. Es probable que entonces terminara también la vida del asentamiento fortificado. La siguiente comunidad no se instaló lejos: los repobladores cristianos ocuparon la cara norte del cerro, cerca de tierras fértiles y de la fuente principal.

El cerro siguió en el centro de la historia; cambió la ladera habitada. ¿Por qué permanecer en el mismo relieve y trasladarse a su otro lado? La explicación documentada es práctica: la proximidad a la fuente y a tierras fértiles. La geología permite entender el marco de esa decisión, aunque no atribuye por sí sola el movimiento de la población a una roca concreta.

El cerro no era una isla en una llanura

Yecla se sitúa en el extremo nororiental de la Región de Murcia, en una comarca donde las sierras y los valles se alternan. Las montañas del municipio, alineadas principalmente de suroeste a noreste, son la prolongación de las zonas externas de las cordilleras Béticas conocidas como Prebético. Sus estructuras están plegadas y vergentes hacia el norte: dicho sin jerga, las capas de roca se doblaron y se inclinaron en una dirección, como una alfombra empujada desde un borde.

La expresión de estilo jurásico que se emplea para describir esos pliegues se refiere a su forma; no significa que todas esas montañas se formaran durante el Jurásico. El relieve actual tiene una disposición reconocible: sierras que sobresalen sobre el terreno como islas y, entre ellas, amplios valles corredores. Es en esos valles donde se concentran los cultivos. Para la historia de Yecla, importa esa alternancia: un cerro que ofrecía una posición elevada y espacios más abiertos alrededor.

La sierra de Salinas, el monte Arabí, la sierra de la Magdalena y la de las Pansas forman parte de ese conjunto. No son una muralla continua; entre los relieves quedan pasos y corredores que hacen del Altiplano un territorio de comunicación entre paisajes. El municipio ocupa una encrucijada regional, y su historia aparece vinculada a relaciones con localidades cercanas como Villena. El terreno no dictó las fronteras políticas, pero sí ofrecía un escenario de sierras, pasos y valles que ayuda a imaginar esas conexiones.

Para quien recorre hoy el entorno, el contraste entre el monte y los campos es visible. La vegetación natural incluye pinares, matorrales y espartales, mientras que los valles acogen cultivos. La cara norte del cerro del Castillo encaja en ese mapa de relieves y espacios aprovechables: el lugar de Hisn Yakka y el de los nuevos pobladores pertenecían al mismo paisaje, pero no ocupaban exactamente la misma ladera.

Las rocas guardan más de una escena

El subsuelo municipal no se reduce a una sola clase de material. Un resumen geotécnico identifica arenas finas y limos como el grupo más representado, con un 33.75 %; calizas, dolomías y mármoles, con un 24.16 %; y areniscas, conglomerados y flysch, con un 17.77 %. Son grupos distintos: juntos describen un mosaico, no una capa única bajo toda Yecla.

Las calizas y las dolomías permiten asomarse a un antiguo mar de aguas poco profundas. No es una imagen de la ciudad moderna, sino una forma de traducir cómo se originan esos materiales: en el fondo marino se acumulan sedimentos que, con el tiempo, llegan a convertirse en roca. El inventario también reúne areniscas, conglomerados y flysch, materiales que remiten a ambientes diferentes. Las areniscas pueden conservar arenas depositadas en playas, deltas o ríos tranquilos; los conglomerados, cantos transportados por corrientes enérgicas; el flysch, alternancias de arena y arcilla acumuladas al pie de una plataforma continental.

La diferencia se entiende mejor como una sucesión de paisajes antiguos que como una postal fija: un fondo marino, orillas y cursos de agua, y sedimentos que se acumularon en zonas profundas. Esa lectura sirve para explicar las familias de roca presentes en la síntesis, no para asignar a cada una una edad o un afloramiento concreto. En el terreno municipal conviven además materiales blandos y rocas más resistentes; el relieve que ves es el resultado de una historia larga y diversa, no de un único episodio.

En esta escala, la geología aporta contexto a la elección de los asentamientos. Las capas plegadas levantaron sierras y dejaron valles entre ellas; las comunidades aprovecharon posiciones y recursos disponibles en ese relieve. La fuente próxima al cerro está documentada como una razón para instalarse en la cara norte. Ese dato histórico y el paisaje montañoso se iluminan mutuamente, sin convertir la fuente en una consecuencia geológica que las evidencias no especifican.

Pinar en la sierra de Salinas, Yecla; una muestra de la vegetación que ocupa parte de los relieves locales.

Pinar en la sierra de Salinas, Yecla; una muestra de la vegetación que ocupa parte de los relieves locales.

Foto: juancandela225, CC BY 2.0 — commons.wikimedia.org

Mucho antes de la fortaleza, y mucho después

La historia de ocupación del Altiplano no empieza con Hisn Yakka. El fondo local del Museo Arqueológico de Yecla recoge una investigación sobre datos paleoecológicos y ocupación humana del Paleolítico Medio en la altiplanicie durante el Pleistoceno Superior. Es una huella de presencia humana en un paisaje muy anterior al medieval, aunque el título de esa investigación no permite añadir aquí detalles sobre la vida cotidiana de aquellos grupos.

También hay referencias arqueológicas a la villa romana de Los Torrejones y a cerámica romana procedente de ese yacimiento. Son capítulos distintos de la historia de Yecla, no una prueba de ocupación continua entre la prehistoria y la época medieval. Juntos amplían la escala: el cerro fortificado forma parte de un territorio habitado en momentos muy diferentes, cuyos rastros se conservan en lugares y registros arqueológicos separados.

La vida de la población volvió a acomodarse a las posibilidades de los valles. Desde mediados del siglo XIX Yecla se consolidó como municipio vitivinícola, y sus vinos obtuvieron Denominación de Origen en 1972. La agricultura y el relieve aparecen así en la misma historia local: los cultivos se sitúan en los corredores entre sierras, mientras la memoria medieval conserva el traslado de la población a una ladera próxima a la fuente y a tierras fértiles. No hace falta afirmar que una roca produjo un vino para reconocer que el paisaje condiciona dónde se abren los campos.

La respuesta a la pregunta del cerro está en una decisión concreta: tras el abandono probable de Hisn Yakka, los nuevos pobladores se instalaron al norte, cerca del agua y de tierras fértiles. Hoy, entre las sierras plegadas y los valles cultivados de Yecla, esa elección se entiende como una historia humana escrita sobre un relieve mucho más antiguo.

Tipos de terreno en Yecla

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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