Villagonzalo, entre río y libertad
En Las Piñuelas, junto al Guadiana, la chaquetía reúne una tradición y un paisaje que se tocan en la memoria local. Bajo el término se extiende un mosaico de materiales; en 1588, la aldea cambió también de condición y se convirtió en villa exenta.
Vista panorámica de Villagonzalo y del paisaje abierto que rodea el núcleo.
En Villagonzalo, la historia puede empezar junto al Guadiana. En el paraje de Las Piñuelas, a orillas del río, los jóvenes se reunían tradicionalmente por Todos los Santos para compartir frutos secos y alimentos de temporada. La costumbre sitúa una escena reconocible: el encuentro no ocurría en cualquier punto, sino cerca de una de las referencias geográficas del municipio. Allí, el agua y la vida cotidiana se encuentran en el mapa local; más arriba, la historia de la población cuenta otro cambio decisivo, esta vez político.
Villagonzalo se encuentra cerca de la orilla izquierda del Guadiana y dentro del ámbito de influencia de Guareña. Una imagen actual del Azud de Villagonzalo muestra una obra junto al agua; no hace falta atribuirle una fecha ni una función concreta para reconocer en ella la presencia visible de una intervención humana en este paisaje fluvial. El río sirve aquí de hilo conductor, no de explicación automática: los datos disponibles no vinculan sus aguas con la fundación de la aldea ni con su emancipación siglos después.
Las Piñuelas, entre río y costumbre
La relación cotidiana con el entorno aparece también en una práctica agrícola que sigue viva. Durante los días de agosto, muchas familias labradoras y agricultoras realizan las «Cabiñuelas»: observan el tiempo con la intención de predecir cómo será el año siguiente y adaptar las cosechas a posibles contratiempos. La tradición expresa una preocupación concreta por las condiciones que acompañan el trabajo del campo. No es una medición geológica ni un pronóstico garantizado; es una forma local de atender al calendario y a la incertidumbre del clima.
Las Piñuelas conserva otra clase de vínculo con el río. La chaquetía llevaba allí a grupos de jóvenes para compartir los alimentos de la temporada, en una celebración de Todos los Santos. El lugar reúne así una referencia física —la proximidad del Guadiana— y un uso social documentado. Esa unión ayuda a comprender por qué el paisaje importa en la historia local sin convertirlo en causa de cada costumbre. Un río puede ser escenario y punto de encuentro, mientras las decisiones de sus habitantes siguen una cronología propia.
El mosaico geológico del término
El estudio geotécnico de Villagonzalo describe un término municipal de materiales diversos. Entre sus categorías figuran gravas y arenas compactas; arcillas y margas sobreconsolidadas, calificadas como duras; granito, gneis y otras rocas ígneas; pizarras y esquistos; areniscas, conglomerados y flysch; además de arenas finas y limos. No es una sola capa uniforme bajo cada calle, sino una clasificación territorial que reúne tipos de terreno distintos.
La diferencia importa porque el nombre de una categoría no permite afirmar qué material hay bajo una casa, una calle o un edificio determinado. La información describe el municipio a escala general. Tampoco reconstruye por sí sola el origen de cada roca, así que no basta para situar aquí un antiguo mar o un ambiente concreto. Lo que sí deja claro es que, dentro del término, conviven materiales de naturaleza distinta: sedimentos sueltos o compactos y rocas como el granito, las pizarras o los esquistos.
El informe señala además áreas con arcillas expansivas actuales o potenciales. Las arcillas pueden cambiar de volumen cuando varía su contenido de humedad: se hinchan al incorporar agua y se contraen al secarse. Por eso la expansividad es una cuestión geotécnica que debe valorarse en el emplazamiento concreto, no una propiedad que pueda atribuirse indistintamente a todo Villagonzalo. El estudio distingue zonas no arcillosas de otras en las que las arcillas expansivas son localmente predominantes y el riesgo puede ser moderado o alto.
La permeabilidad municipal aparece descrita como generalmente baja o muy baja. Eso no significa que el agua desaparezca del terreno: el mismo estudio indica que la alteración o la fracturación pueden albergar acuíferos superficiales, normalmente poco extensos y de baja productividad, aunque con posible interés local. La explicación ayuda a poner en perspectiva el paisaje junto al Guadiana: la presencia del río es un hecho geográfico, mientras que el comportamiento del agua bajo el suelo depende de las condiciones del terreno en cada lugar.
El Azud de Villagonzalo, una estructura local junto al agua que acompaña el recorrido por el paisaje del Guadiana.
De aldea de Alange a comunidad propia
La historia de la población entra en escena en el siglo XIV. La fundación de Villagonzalo como aldea dependiente de la Encomienda de Alange se atribuye al maestre santiaguista Gonzalo Mexía, de quien procede el apelativo del municipio. La aldea nació, por tanto, vinculada a un dominio de la Orden de Santiago. Durante siglos, esa dependencia formó parte del marco político de la comunidad; el momento decisivo llegaría cuando Villagonzalo obtuvo una condición distinta.
De la población anterior a finales del siglo XV se conocen pocos datos. A partir de 1494, los Libros de Visita de los concejos y otros instrumentos de registro permiten seguir mejor su evolución. Las cifras de esos siglos no son un recuento moderno de habitantes: «vecinos pecheros» designa a quienes estaban sujetos al pago de tributos y excluye, entre otros, a eclesiásticos, hidalgos, nobles y caballeros. Esa distinción es necesaria para leer la escala de la comunidad sin confundir vecinos con personas.
Los registros muestran una caída de población entre 1504 y 1508, atribuida a la peste que asoló Europa, y otra reducción hacia 1515, asociada a un nuevo brote. Después de 1529, una vez superadas la peste y las malas cosechas, la población se recuperó. En 1571 se contabilizaban 136 vecinos pecheros; en 1594 eran 143. El recorrido no fue una línea ascendente: las epidemias y las malas cosechas interrumpieron el crecimiento, y la recuperación se hizo visible durante las décadas siguientes.
En 1588, Villagonzalo compra su libertad
Entre esos recuentos se produjo el cambio que alteró el estatus de la aldea. En 1588, Villagonzalo se independizó del dominio de la Encomienda de Alange mediante el pago de 7.000 ducados a Felipe II. El resultado fue concreto: pasó a ser villa exenta, sin sujeción al Partido de Mérida. No fue el Guadiana ni la composición del suelo lo que decidió ese cambio, sino una operación política y económica. La comunidad que había sido fundada como aldea dependiente obtuvo una jurisdicción propia.
La palabra «libertad», en este episodio, tiene un sentido preciso: la emancipación respecto del dominio anterior y el reconocimiento como villa exenta. La noticia no describe cómo se reunió el dinero ni quién negoció en nombre de la población, y no hace falta completar esos vacíos para entender lo que cambió. El hito de 1588 ofrece un desenlace claro a la etapa de dependencia. En 1594, seis años después, Villagonzalo seguía figurando en la provincia León de la Orden de Santiago, con 143 vecinos pecheros.
La transformación se cuenta hoy en las celebraciones de agosto. Desde 2018, durante la Semana Cultural se representan episodios de la independencia y del establecimiento de Villagonzalo como villa de pleno derecho. La obra El Privilegio de Villazgo, escrita por el cronista oficial Francisco Sánchez García, convierte aquel cambio administrativo en una historia que vuelve a ocupar las calles. No altera el resultado del siglo XVI: lo hace presente para quienes viven en el municipio.
La población volvió a cambiar en épocas más recientes. Tras altibajos durante la primera mitad del siglo XX, alcanzó su máximo en 1960; después, la emigración redujo de forma importante el número de habitantes. Desde 1980 se describe una estabilización, y el dato citado para 2025 es de 1.226 personas. Ese recorrido, con sus pérdidas y permanencias, acompaña a una localidad que sigue celebrando el paso de aldea dependiente a villa exenta.
En Las Piñuelas, la memoria de las reuniones junto al Guadiana conserva la escala cotidiana del lugar. La historia de 1588 añade otra huella: Villagonzalo dejó atrás la dependencia de Alange y obtuvo condición de villa. Río, terreno y comunidad no cuentan una sola causa, sino distintas capas de una misma localidad; la libertad conquistada permanece en el nombre de una celebración que todavía se representa.
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