Villafufre reparte el agua desde el Cueto de San Martín
Desde el Cueto de San Martín, el terreno cae hacia dos vertientes y los arroyos toman caminos distintos. Esa divisoria ayuda a leer el paisaje de Villafufre y la historia de las comunidades asentadas entre sus valles.
Vista desde el Alto de San Martín hacia las montañas pasiegas, con el paisaje de valles que enmarca Villafufre.
En Villafufre, el agua encuentra dos salidas. Desde el Cueto de San Martín, la vertiente occidental desciende por el arroyo de La Plata hacia el Pas; al este, varios regatos cruzan la vega del Pisueña. ¿Qué puede contar una separación así sobre la historia del lugar? Para empezar, que este municipio no se organiza alrededor de una sola corriente, sino en el encuentro de dos paisajes fluviales.
Una loma, dos caminos para el agua
El Cueto se alza en el centro del término y divide sus vertientes. Al norte, la Sierra Manzano corona las cumbres de Sopeña y Caballar; al sur se abren los valles de Toranzo y Carriedo. El Pas y el Pisueña pertenecen a esa geografía enlazada: el Pisueña es afluente del Pas, pero sus cabeceras y recorridos dibujan rutas distintas antes de reunirse en la red fluvial.
La escena se entiende mejor mirando el relieve que buscando una frontera en el mapa. Una elevación central desvía el agua a un lado u otro, como el tejado de una casa separa la lluvia entre dos canalones. En Villafufre, esa forma del terreno está expresada en nombres concretos: el arroyo de La Plata al oeste y los regatos Bustillo, Socorral y Álamos en la vertiente oriental.
La geología del subsuelo añade otra escala a esa lectura. La clasificación geotécnica recoge calizas, dolomías y mármoles como su grupo de materiales más representado, además de arenas y limos, areniscas, conglomerados y flysch. No es una sola roca bajo el municipio: el inventario reúne materiales con historias de formación distintas.
Rocas que hablan de mares, ríos y evaporación
Las calizas y dolomías se forman habitualmente en fondos marinos cálidos y poco profundos, donde se acumulan sedimentos; un paisaje sumergido que hoy podemos imaginar como una plataforma marina somera. El karst, nombre que recibe el relieve creado cuando el agua disuelve lentamente rocas carbonatadas, es una de las consecuencias posibles. En Villafufre, el estudio geotécnico señala zonas carbonatadas medianamente karstificadas y la posibilidad de hundimientos kársticos actuales o potenciales.
El agua, por tanto, no solo corre por la superficie. Allí donde encuentra caliza puede disolverla poco a poco, abrir huecos y ensanchar fisuras. No es un proceso rápido: se parece más a una gota insistente que a un golpe. El informe también contempla movimientos del terreno del tipo deslizamiento o desprendimiento como procesos actuales o potenciales. Son rasgos del marco geológico local, no una explicación automática de cada ladera o parcela.
Otros nombres del inventario remiten a ambientes diferentes. Las areniscas pueden proceder de arenas depositadas en playas antiguas, deltas o ríos tranquilos; los conglomerados, de corrientes más enérgicas capaces de transportar cantos. El flysch reúne alternancias de arena y arcilla, como sucesivas capas acumuladas al pie de una plataforma continental. Son comparaciones que ayudan a reconocer el tipo de historia que sugieren esos materiales, no una reconstrucción de una única capa o de un único episodio.
También aparecen yesos, anhidrita y sales, materiales asociados a aguas que se evaporan en cuencas cerradas, como una laguna que pierde agua y concentra los minerales que llevaba disueltos. La clasificación incluye además granito, gneis y rocas ígneas. En conjunto, el subsuelo descrito reúne señales de ambientes diversos; el agua y el relieve actuales son la expresión visible de un territorio mucho más complejo que una sola vertiente.
Mucho antes de que Villafufre apareciera en un documento
La historia humana del entorno es anterior a los nombres medievales. La información histórica sitúa ocupación desde el Paleolítico en parajes próximos del valle del Pisueña y menciona castros protohistóricos en la región. Eso permite imaginar un paisaje transitado y habitado mucho antes de que existieran los límites municipales actuales, aunque no convierte esos asentamientos regionales en yacimientos localizados dentro de Villafufre.
Más tarde, las cumbres entre los valles de Toranzo e Iguña fueron escenario de combates entre poblaciones indígenas y ejércitos romanos, y allí se situaron campamentos vinculados al estudio de las guerras cántabras. El episodio pertenece a un marco regional más amplio. Para Villafufre, lo que importa aquí es la continuidad de una geografía de valles y pasos que conecta lugares próximos, no trasladar esos combates a sus barrios.
La primera fecha documental concreta del relato local llega en 1018. Villafufre aparece como Villa Erfuci en un documento por el que pasó a formar parte de las propiedades de la abadía de Santillana del Mar. En siglos posteriores, las comunidades se organizaron en concejos: Villafufre incluía los barrios de Rasillo y San Martín, y Vega los de Bustillo y La Canal. El nombre del paisaje era también una manera de ordenar la vida común.
Santa Eulalia de Sandoñana figura vinculada a la Colegiata de Santa Cruz de Castañeda en un documento fechado en 1438. Para entonces, el valle de Carriedo —del que Villafufre formaba parte— agrupaba concejos y tenía órganos propios de gobierno. Sus cargos se elegían anualmente en una junta general celebrada en Bárcena. La divisoria de aguas no trazó por sí sola esos acuerdos, pero los valles proporcionaban el marco reconocible en el que las comunidades se reunían y administraban sus asuntos.
Vista aérea del conjunto de iglesia y edificaciones de Penilla, integrado en el paisaje rural de Villafufre.
El valle también se convirtió en una disputa
En 1439, los habitantes se opusieron al nombramiento de oficiales propios por Íñigo López de Mendoza en el territorio de las Asturias de Santillana. El conflicto no se resolvió de inmediato. La autoridad sobre el valle de Carriedo y sus concejos estaba en juego mientras el poder señorial de los Mendoza se consolidaba en la región.
En mayo de 1495, el procurador general Gonzalo de la Concha presentó una demanda contra los Mendoza ante la Real Chancillería de Valladolid. El fallo del 18 de junio de 1499 reconoció al valle el derecho a nombrar alcaldes y jueces para atender en primera instancia pleitos civiles y criminales; la sentencia definitiva confirmó esa decisión en 1546. El litigio revela una comunidad que defendía sus competencias dentro de una organización territorial compartida.
La cadena no terminó ahí. Otros valles promovieron después un proceso que desembocó en la reversión a la Corona en 1581; en 1630, los territorios pasaron a integrar la Provincia de los Nueve Valles. Más tarde, Carriedo se incorporó a la entidad provincial articulada en 1778 y 1779. En 1821 se confirmó la división del antiguo valle de Carriedo en los ayuntamientos de Santibáñez, Selaya y Villafufre.
Así se estrecha la relación entre el terreno y la historia sin convertirla en una causa sencilla. Las cuencas y las lomas muestran dónde se distribuye el agua y cómo se conectan los valles; los documentos cuentan cómo sus habitantes se organizaron y reclamaron autoridad. Son dos mapas diferentes del mismo lugar: uno escrito por el relieve, otro por las decisiones de quienes lo habitaron.
La divisoria sigue ahí
Cuando miras Villafufre desde el Alto de Caballar o recorres sus pueblos, vuelves a encontrar esa alternancia de alturas, vegas y cursos de agua. El estudio geotécnico describe materiales carbonatados, sedimentarios y otros grupos de roca, mientras los arroyos hacen visible, en la superficie, la separación entre vertientes.
¿Qué responde, entonces, la loma del Cueto de San Martín? No explica por sí sola los pleitos ni las decisiones de los concejos, pero sí permite entender el escenario físico en que se desplegó esa historia: dos vertientes, varios cursos de agua y valles comunicados. En Villafufre, el agua sigue repartiendo el paisaje; las huellas de sus antiguas comunidades permanecen en los nombres y en la historia del valle.
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