Historia geológica Localidad Sierra de Fuentes

Sierra de Fuentes, el balcón del Risco

Sobre la penillanura de Trujillo, el Risco levanta la mirada sobre Sierra de Fuentes. Su altura convirtió la sierra en un puesto de vigilancia en la Edad del Bronce; hoy sigue ofreciendo un mirador sobre el término.

Sierra de Fuentes desde el Risco: el caserío queda rodeado por la amplia penillanura de Trujillo.

Sierra de Fuentes desde el Risco: el caserío queda rodeado por la amplia penillanura de Trujillo.

Foto: Jesusccastillo, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En Sierra de Fuentes, la vista y el terreno se encuentran en una misma cima. El municipio se extiende por la penillanura de Trujillo, al abrigo de la sierra del Risco. A 664 metros sobre el nivel del mar, el Risco es también el punto más alto de la sierra de la Mosca. Desde el mirador de la sierra se contempla buena parte del término: una posición elevada que no es solo una referencia del paisaje. La sierra que dio nombre al pueblo ya servía como puesto de vigilancia durante la Edad del Bronce.

El Risco se alza sobre la penillanura

La palabra penillanura ayuda a imaginar el contraste. No es una superficie perfectamente plana, sino un territorio de relieve tendido frente a una altura que destaca. Desde el Risco, la posición permite mirar lejos sobre el término; abajo, Sierra de Fuentes ocupa el paisaje protegido por la sierra. La geografía local reúne así dos escalas muy próximas: una cima reconocible y una extensión abierta alrededor.

El Risco no es un nombre separado del municipio. La localidad toma de la sierra su propio nombre, y el relieve permanece como orientación para quien mira el pueblo desde fuera o recorre sus alrededores. En un término situado a 11 kilómetros de Cáceres, la sierra aporta una referencia propia, visible en la forma en que el asentamiento se describe: al abrigo del Risco. Esa relación entre cima y núcleo es el punto de partida para seguir la historia.

Pizarras y esquistos bajo el paisaje

La clasificación geotécnica del término ofrece una pista concreta sobre los materiales del subsuelo, aunque a escala municipal. Asigna el 85,94 % a pizarras y esquistos; entre las otras categorías consignadas aparecen masas de agua, con un 5,66 %, y granito, gneis y rocas ígneas, con un 5,36 %. Son nombres de materiales distintos, no una identificación automática de la roca de cada edificio ni de cada ladera. La presencia dominante de pizarras y esquistos describe el sustrato que la clasificación atribuye al conjunto del municipio.

La misma información caracteriza formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. Dicho de forma sencilla, el agua atraviesa con dificultad la roca intacta; si la alteración o las fracturas abren vías, pueden aparecer acuíferos superficiales, por lo común poco extensos. Eso explica cómo puede comportarse el agua en ciertos materiales, sin convertirlo en una afirmación sobre una fuente concreta del pueblo. En el paisaje de Sierra de Fuentes, el sustrato da una segunda dimensión a la cima: no solo importa lo que se ve desde ella, sino también la roca que compone el terreno municipal.

Una sierra como puesto de vigilancia

En la Edad del Bronce, la sierra que hoy da nombre a Sierra de Fuentes se utilizaba como puesto de vigilancia. La altura ofrece una ventaja comprensible: desde un punto elevado se abarca más terreno que desde la penillanura. El relieve no es el fondo inmóvil de aquella historia, sino la condición visible que hizo útil esa posición. La noticia conserva una acción precisa —vigilar desde la sierra—, aunque no detalla quién ocupaba el puesto ni qué acontecimiento concreto observaba.

Con el paso de los siglos, la montaña siguió dando forma al modo de reconocer el lugar, pero el relato local incorpora otro protagonista: la comunidad que se asentó en torno a él. La atalaya de la Edad del Bronce y el pueblo actual no son el mismo episodio ni hay que confundirlos. Entre ambos queda una continuidad geográfica, no una ocupación ininterrumpida documentada: el Risco sigue dominando el término y sigue siendo un punto desde el que se contempla buena parte de él.

Desde la ladera, el núcleo queda abajo y la penillanura se abre al fondo; el encuadre reúne la altura y el territorio que se contempla desde el Risco.

Desde la ladera, el núcleo queda abajo y la penillanura se abre al fondo; el encuadre reúne la altura y el territorio que se contempla desde el Risco.

Foto: Jesusccastillo, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

De los primeros núcleos a Tierra de Fuentes

Los primeros núcleos de población se habrían formado durante la Reconquista, en un proceso de reparto de tierras entre los soldados que conquistaron la villa. Parte de las tierras quedó reservada al concejo. La repoblación fomentó que se establecieran allí personas con independencia de su condición o religión, y los pobladores recibían una casa, una tierra de cereales y acceso a pastos comunales. El paisaje pasó a sostener una vida organizada alrededor de viviendas, cultivo y aprovechamiento compartido.

La historia de Sierra de Fuentes como tal tiene noticias desde principios del siglo XIV. En 1594 el lugar aparece como Tierra de Fuentes, integrada en la Tierra de Cáceres, dentro de la provincia de Trujillo. El cambio de nombre y de marco territorial no borra el relieve que lo identifica: la sierra sigue dando una referencia al asentamiento y el municipio permanece en la penillanura trujillana. A mediados del siglo XIX, Pascual Madoz contabilizó 1.260 habitantes; la cifra publicada para 2025 es de 2.081.

San Miguel y la Asunción conservan otras huellas

La historia construida del pueblo también se lee en lugares concretos. En el barrio de San Miguel se encuentran las ruinas de la antigua iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XV. La ermita de San Miguel, también del siglo XV, se menciona por primera vez en 1545. Son edificios distintos, asociados a un mismo barrio, y muestran que las huellas históricas no se concentran en una única construcción.

La iglesia nueva de Nuestra Señora de la Asunción aporta otro capítulo. Su construcción combina mampostería y sillería; la nave corta se organiza en dos tramos y la capilla mayor es ochavada. Las bóvedas de crucería cubren los tramos de la nave, y una bóveda estrellada cubre el presbiterio. El retablo mayor está fechado en 1572. Más arriba, en la sierra del Risco, la ermita barroca del siglo XVIII guarda el lugar de veneración del Cristo del Risco. Cada edificio señala una relación distinta con el pueblo, mientras la montaña continúa enmarcando el conjunto.

Vista cercana del caserío de Sierra de Fuentes desde el Risco, con sus tejados agrupados bajo la sierra.

Vista cercana del caserío de Sierra de Fuentes desde el Risco, con sus tejados agrupados bajo la sierra.

Foto: Jesusccastillo, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Los sondeos del río Salor bajan al subsuelo

La información geotécnica incorpora siete sondeos del IGME identificados como Río Salor. Cada uno alcanza 15 metros de profundidad y en las fichas figura un valor de agua de 0 metros. Son registros puntuales, no una descripción de cada emplazamiento del municipio, pero añaden una escala distinta a la del mirador: en vez de observar desde la cima, permiten asomarse a lo que se anotó bajo el terreno en esos sondeos.

También los datos sísmicos reunidos para los últimos treinta años consignan nueve eventos de magnitud entre 1,5 y 1,7. Ese registro forma parte de la información técnica local; no altera la historia del puesto de vigilancia ni permite atribuir a los temblores la forma del Risco. La explicación más firme del papel humano de la sierra sigue siendo su altura y la vigilancia documentada en la Edad del Bronce. El resto de los datos sitúa esa huella dentro de un terreno cuya clasificación destaca pizarras y esquistos y cuya permeabilidad puede variar allí donde la roca está alterada o fracturada.

La cima conserva, así, dos valores que se entienden juntos: fue un puesto de observación y es hoy un mirador sobre el término. La comunidad asentada bajo el Risco dio nombre a su localidad con la sierra como referencia; la penillanura abre el horizonte y la altura lo reúne en una sola vista. Cuando el pueblo aparece desde el mirador, el antiguo punto de vigilancia vuelve a ser, sencillamente, el balcón de Sierra de Fuentes.

Tipos de terreno en Sierra de Fuentes

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

    Ver ficha
  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

    Ver ficha
  • Granito, Gneis y rocas ígneas
    Neutro

    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

    Ver ficha

Perfil estratigráfico típico

Corte orientativo del subsuelo en Sierra de Fuentes

Pizarras y Esquistos 0–20 m
Granito, Gneis y rocas ígneas 20–35 m+

Perfil orientativo basado en tipos de suelo GEODE y espesores típicos CTE


Riesgo sísmico en Sierra de Fuentes

Bajo
Magnitud máxima registrada M 1.7 Escala de Richter
MáxM 1.7
MediaM 1.57
Máx Media
Eventos registrados
9
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.2) ocurre aprox. cada 3 años.
Mayores registrados
  • 1 M 1.7 2007
  • 2 M 1.6 2010
  • 3 M 1.6 2007
Último sismo registrado
2010
M 1.5 · hace 16 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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