Historia geológica Localidad Sant Martí de Centelles

Sant Martí de Centelles y el castillo que ocupa la altura

El antiguo castillo de Centelles comparte la parte más alta del término con el núcleo de Sant Martí, mientras La Abella se encuentra junto a la C-17 y la estación. ¿Qué cuenta ese cambio de altura sobre el terreno que da forma al municipio?

Panorámica de Sant Martí de Centelles y del relieve que acompaña sus núcleos y el entorno del Congost.

Panorámica de Sant Martí de Centelles y del relieve que acompaña sus núcleos y el entorno del Congost.

Foto: CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En Sant Martí de Centelles, la historia se ordena en vertical. En la parte alta, el núcleo de Sant Martí acompaña al antiguo castillo; más abajo, La Abella se extiende junto a la carretera y la estación de ferrocarril. Entre ambos aparece el paisaje que marca el término: el Congost al este, el altiplano en las cotas superiores y, por encima, los riscos de Bertí. No es solo una diferencia de vistas. La información geológica disponible describe un terreno hecho de familias de rocas muy distintas, y ayuda a entender por qué aquí el relieve cambia de carácter en tan poco espacio.

¿Qué separa la altura del fondo del valle?

La respuesta empieza con una imagen sencilla: el municipio no es una superficie plana donde los edificios se hayan repartido al azar. La capital municipal es La Abella, junto a la C-17, que recorre el límite oriental y acompaña al ferrocarril; el otro núcleo se sitúa en la parte más alta, junto al castillo. El territorio se extiende al oeste del río Congost y bajo los riscos de Bertí, con un altiplano superior. Son posiciones concretas dentro de un relieve escalonado.

La ficha geotécnica refleja esa variedad en los materiales que agrupa: arcillas expansivas blancas o blandas; calizas, dolomías y mármoles; areniscas, conglomerados y flysch; y yesos, anhidrita y sales. La clasificación asigna a esos grupos, respectivamente, 31.25%, 25.00%, 25.00% y 18.75%. No dibuja por sí sola una columna de capas ni una ruta exacta entre un barrio y otro, pero sí deja una idea firme: el terreno local no responde a una sola clase de roca.

Es probable que esa variedad haya condicionado cómo se perciben y se recorren las distintas partes del término: una cosa es el entorno de La Abella, ligado al corredor del Congost, y otra el núcleo elevado que se agrupa junto al castillo. Es una lectura del paisaje, no una prueba de que la geología determinara por sí sola dónde se construyó cada asentamiento. Aun así, el contraste entre la parte alta y la baja está escrito en la forma del municipio.

Las rocas guardan paisajes de otros mundos

La sorpresa está en que esos materiales apuntan a escenarios muy diferentes. Las calizas y las dolomías suelen formarse en mares poco profundos: fondos cálidos y relativamente tranquilos, comparables a una plataforma marina somera actual. Las areniscas pueden conservar sedimentos de playas, deltas o ríos de corriente tranquila; los conglomerados, en cambio, reúnen cantos que fueron arrastrados por corrientes más enérgicas. El flysch combina capas de arena y arcilla, como una sucesión de pulsos de sedimento acumulados al pie de una plataforma continental.

La ficha agrupa varias de esas rocas en una misma categoría, pero cada nombre evoca una manera distinta de construir paisaje. Una arenisca nace de granos que se acumulan y terminan cementados; un conglomerado, de fragmentos más gruesos unidos después; el flysch alterna materiales de distinta textura. Para imaginarlo, piensa en un río que deja arenas en una corriente moderada y, en otra ocasión, deposita cantos durante una avenida. No significa que esa escena ocurriera en un punto concreto de Sant Martí: es la traducción divulgativa de los materiales registrados.

También figuran yesos, anhidrita y sales. Esas rocas se relacionan con cuencas cerradas donde el agua se evapora y deja atrás los minerales disueltos, como en una laguna sometida a evaporación intensa. Y las arcillas remiten a sedimentos finos que pueden acumularse en aguas tranquilas. Así, la lista geotécnica permite asomarse a mares someros, corrientes, fondos fangosos y cuencas que se secan: ambientes distintos, mucho más antiguos que los caminos y los edificios que hoy se reconocen en el municipio.

Lo importante para el paisaje actual no es imaginar todos esos ambientes como una sola escena, sino comprender que las rocas responden de manera diferente al agua, la pendiente y la erosión. Esa diversidad es una explicación plausible del relieve variado que acompaña el paso desde el entorno del Congost hacia el altiplano y los riscos. El dossier no fecha cada episodio ni asigna cada material a un punto concreto del término; la historia que sí permite contar es la de un territorio compuesto por materiales de orígenes diversos.

Cuando la roca se disuelve o la ladera se mueve

En las formaciones carbonatadas, el agua puede abrir conductos al disolver lentamente la roca. Ese proceso se llama karstificación: una especie de trabajo de desgaste, gota a gota, que puede generar formas subterráneas y vacíos. La evaluación del terreno califica estas formaciones como medianamente karstificadas y señala que a veces aparecen karsts importantes dispersos. No es una rareza desligada del municipio: es una propiedad reconocida en las rocas carbonatadas que el inventario incluye.

La otra señal es la pendiente. La información técnica contempla áreas con movimientos potenciales de tipo deslizamiento y desprendimiento, procesos que encajan con un paisaje donde destacan los riscos y los cambios de cota. No hace falta imaginar un gran derrumbe para entender la diferencia: cuando el terreno se inclina, la gravedad empuja los materiales ladera abajo; si la roca se fractura o los sedimentos pierden estabilidad, pueden desplazarse. La ficha identifica ese tipo de proceso como una posibilidad del territorio, no como una crónica de un suceso histórico concreto.

Las arcillas también merecen atención, aunque con precisión. El conjunto técnico las registra como arcillas expansivas blancas o blandas, pero sus categorías de riesgo describen desde ausencia de expansividad en sustratos no arcillosos hasta un riesgo bajo o moderado donde hay arcillas. La idea sencilla es que ciertas arcillas cambian de volumen al variar su humedad. No todas se comportan igual ni la clasificación convierte todo el municipio en un terreno expansivo; la variedad que refleja el dossier es, precisamente, parte de la historia.

La carretera del Pla de la Garga junto a los riscos muestra el fuerte contraste de pendientes del paisaje local.

La carretera del Pla de la Garga junto a los riscos muestra el fuerte contraste de pendientes del paisaje local.

Foto: Pere López Brosa, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El castillo queda arriba; el relieve permanece

La presencia del antiguo castillo junto al núcleo de Sant Martí en la parte más alta es el enlace humano más claro que ofrece la información local. El paisaje no permite atribuir una decisión concreta a quienes eligieron ese emplazamiento, pero sí invita a una deducción prudente: vivir en la cota elevada significaba habitar un espacio distinto del corredor de La Abella, asociado a la carretera y al ferrocarril. El terreno no cuenta por sí solo la historia del castillo; sí sitúa ese hito en un mapa de alturas, riscos y caminos que todavía reconoces.

Y el mapa geológico añade algo que no se ve en una vista rápida. Bajo las formas de hoy se reúnen sedimentos asociados a mares, ríos, lagunas y fondos tranquilos; sobre ellos, el relieve presenta rocas carbonatadas con karstificación y laderas donde se consideran posibles movimientos. La escena actual —el altiplano, el Congost y los riscos de Bertí— es el resultado visible de un territorio cuya composición cambia.

Por eso, cuando mires hacia el núcleo alto o cruces La Abella, no verás dos capítulos desconectados, sino dos posiciones dentro de un mismo relieve complejo. El castillo sigue señalando la altura; las rocas y las pendientes explican por qué esa altura forma parte de la identidad física de Sant Martí de Centelles.

Tipos de terreno en Sant Martí de Centelles

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arcillas Expansivas Blancas/Blandas
    Peligro

    Arcillas Expansivas Blancas/Blandas

    Las grandes reinas de la patología en edificación civil de España. Se presentan frecuentemente en las tierras de barros cordobesas y badajoz, vegas del Guadalquivir (Mairena, Carmona), cuenca miocena

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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