Quatretonda, la sierra entra en el mapa
Durante siglos, el término de Quatretonda quedó ligado al llano; en el siglo XIX, la sierra también pasó a formar parte de su territorio. La historia de ese cambio permite recorrer el contraste entre las tierras agrícolas y las alturas del norte.
El núcleo de Quatretonda, con la torre de los Santos Juanes destacando sobre los tejados.
Quatretonda se extiende entre dos cotas muy distintas: el Alto de la Hiedra, al norte, alcanza los 673 metros; hacia el sur, el término desciende hasta los 145 metros en la confluencia de los barrancos de Torrella y Pilarets. Entre ambos extremos, el paisaje pasa de tierras relativamente llanas a la sierra. Esa diferencia está ahí antes de cualquier mapa municipal, pero durante siglos no toda ella quedó dentro del mismo término. La historia local guarda un cambio decisivo: la sierra, que había quedado fuera de las tierras del llano, se incorporó al territorio de Quatretonda en el siglo XIX.
El llano y la Baronía de Luchente
La primera referencia documental a Quatretonda aparece en el Llibre del Repartiment, en el asentamiento número 1975, ligado a donaciones de Jaime I en término de Luchente. La fuente sitúa los orígenes documentados de la población en el siglo XIII, después de la conquista cristiana. No describe todavía una villa independiente: durante los siglos XIII, XIV y XV, Quatretonda se asentó dentro de la Baronía de Luchente y llegó a formar parte de ella como una de sus calles.
El territorio de entonces tenía un límite que hoy puede parecer sorprendente. Según la historia local, el término incluía las tierras del llano, mientras la sierra quedaba fuera de esa unidad. La diferencia no era una frontera geológica: era una frontera territorial. Pero el relieve permite entender la dimensión del cambio posterior. Quatretonda no era solo el núcleo habitado y sus tierras llanas; al norte se alzaba una sierra que acabaría entrando también en su patrimonio natural e histórico.
Quatretonda se convierte en villa
En el siglo XVI, el asentamiento dio un paso político importante. Por privilegio de Felipe I, Quatretonda se convirtió en una nueva villa, independiente en lo jurídico y territorial. La historia local relaciona ese reconocimiento, sobre todo, con el crecimiento económico y demográfico. La población dejó de ser una parte de la Baronía para ejercer una identidad territorial propia, aunque el término siguiera limitado a las tierras del llano.
También cambiaron las instituciones que daban forma a la vida local. La iglesia de los Santos Juanes, del siglo XVI, fue erigida en vicaría en 1530 y siguió como filial de la de Luchente hasta 1902, cuando ascendió a parroquia. Su torre hexagonal de sillería se terminó en 1604. Estos hitos no explican la geología de la sierra, pero sí muestran cómo la comunidad consolidó su lugar en el territorio mucho antes de que se ampliara el término municipal.
Las rocas que reúne el término
El relieve visible tiene debajo un sustrato variado. En la clasificación geotécnica municipal, el grupo de calizas, dolomías y mármoles representa el 68,26%; las arenas finas y los limos, el 8,55%; y los yesos, la anhidrita y las sales, el 6,47%. Son categorías de materiales distintas, no una única roca extendida de manera uniforme. Las cifras describen el término en conjunto: no identifican automáticamente el material bajo una casa, una ladera concreta o la iglesia.
El inventario permite poner nombre a la variedad, aunque no narra cómo se formó cada unidad. No hace falta atribuir a esos materiales un origen que la información local no precisa para reconocer su importancia: Quatretonda no descansa sobre una sola clase de terreno. La clasificación geotécnica también registra nueve sondeos; alcanzan una profundidad media de 304,9 metros y uno llega a 470. Son perforaciones en distintos puntos del término, entre ellos Torrella, Fayes, Suras y La Crehuela, que llevan la mirada muy por debajo del relieve cotidiano.
La imagen de la sierra junto a la ermita de San José ayuda a volver de esa escala subterránea al paisaje. La sierra forma parte del patrimonio natural e histórico que, siglos después de la primera organización de la villa, acabaría incorporándose también al término municipal.
La ermita de San José, en el paisaje serrano de Quatretonda.
Del Alto de la Hiedra a Torrella y Pilarets
La forma del municipio acompaña ese recorrido. Quatretonda ocupa un término alargado, orientado del nordeste al suroeste, con una zona relativamente llana descrita como tierra de secano. Al norte, el Alto de la Hiedra marca la cota máxima; en el extremo bajo, los barrancos de Torrella y Pilarets confluyen a 145 metros. No son dos escenarios separados: son referencias del mismo término y de su marcada diferencia de altitud.
La agricultura de secano y de regadío forma parte de la economía local; la ganadería también está presente, en menor medida. Esas actividades muestran que la vida de Quatretonda se ha relacionado con sus tierras, pero no permiten atribuir a una roca concreta cada cultivo ni cada uso. La geología municipal añade otra capa al paisaje: junto al relieve reconocible desde la superficie, registra materiales diversos y sondeos que alcanzan centenares de metros. La historia del término se juega, en cambio, en quién quedaba dentro de sus límites.
Castellarets, Mahíques y Nul·les guardan otras edades
La historia humana del territorio no empieza con la villa medieval. Se han hallado yacimientos de la Edad del Bronce e ibéricos en las partidas de Castellarets, Mahíques y Nul·les. También se citan restos romanos en Simona y Sant Martí. Son huellas de épocas distintas, repartidas por el término; no forman por sí solas una línea continua entre aquellos pobladores y la comunidad documentada desde el siglo XIII.
La toponimia también ha despertado interpretaciones: algunos autores han relacionado el nombre de Cuatretonda con un componente ibérico, mientras otros lo han situado en época romana. Los vestigios arqueológicos, sin embargo, tienen localizaciones concretas y no resuelven por sí solos el origen del nombre. Para la historia territorial que aquí nos ocupa, importa otra continuidad más visible: a lo largo de épocas distintas, las comunidades dejaron huellas en un paisaje donde convivían el llano, la sierra y los barrancos.
En el siglo XIX, la sierra entra en el término
El cambio decisivo llegó con la desaparición del Antiguo Régimen. En el siglo XIX, durante el proceso desamortizador, la sierra se unió al patrimonio económico, natural e histórico de Quatretonda. La unidad territorial que hasta entonces había reunido las tierras del llano incorporó también ese espacio montañoso. No fue la sierra la que cambió de forma: cambió el alcance del territorio reconocido como propio de la villa.
Así se resolvió la distancia entre el término administrativo y el paisaje más amplio que lo rodeaba. Quatretonda había pasado de ser parte de la Baronía de Luchente a convertirse en villa independiente; después, su territorio dejó atrás el límite que lo ceñía al llano. En el siglo XX se asentó el progreso de la población, y en 2025 el municipio contaba con 2.174 habitantes. La sierra permaneció en el paisaje, pero ya no fuera del mapa local: quedó integrada en la historia y el patrimonio del mismo término que desciende hasta Torrella y Pilarets.
Desde el Alto de la Hiedra hasta los barrancos, Quatretonda reúne hoy las dos partes de una historia: la llanura donde se asentó la villa y la sierra que más tarde pasó a formar parte de su territorio. El relieve no trazó aquella frontera; la historia humana la movió.
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