Historia geológica Localidad Picassent

Picassent transformó el secano en huerta sobre un subsuelo de caliza y gravas

En 1611, después de la expulsión de los moriscos, una nueva carta puebla organizó en Picassent el reparto de casas y tierras. ¿Cómo encaja esa historia de población y cultivos en el paisaje de llanura, lomas y rocas que todavía dibuja el municipio?

Naranjos y palmeras en el paisaje de Picassent, con una villa al fondo: una vista de la huerta en la que hoy destacan los cítricos.

Naranjos y palmeras en el paisaje de Picassent, con una villa al fondo: una vista de la huerta en la que hoy destacan los cítricos.

Foto: Raul2009, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

El 27 de noviembre de 1611, Picassent volvió a recibir nuevos habitantes con una carta puebla. La expulsión de los moriscos había deshecho el equilibrio de la población; ahora había que repartir casas y tierras y establecer normas para gobernar el lugar. El documento habla de una comunidad que empieza de nuevo. El terreno, en cambio, llevaba una historia muchísimo más larga.

De Pichaçen a un señorío con murallas

Mucho antes de la carta de 1611, Picassent era una alquería musulmana: un asentamiento rural que formaba parte de un paisaje de campos y pequeñas poblaciones. La protegían una fortificación y un recinto amurallado. No eran solo defensas: eran también una manera de ordenar y marcar el espacio habitado.

En 1237, Jaime I entregó el lugar a Roderic Sabata. La conquista no produjo una sustitución inmediata y completa de sus habitantes. Después de 1248, Picassent quedó despoblado de musulmanes, pero el intento de repoblarlo con cristianos fracasó y el señor tuvo que admitir de nuevo a población islámica. La historia local empezó así con un movimiento de salida y regreso, mucho antes de la crisis de 1609.

El pequeño castillo cambió de función con el tiempo: los nuevos señores cristianos lo utilizaron y, más adelante, dejó de ser una construcción militar para convertirse en residencia palaciega. El recinto amurallado discurría por calles que hoy llevan los nombres de Cordellat, Bonavista, San Vicente, Gómez Ferrer, San Juan y San Jaime. La ciudad actual se superpuso a aquel trazado.

¿Qué podía sostener un asentamiento en este lugar? La historia escrita cuenta quién recibió el señorío y quién volvió a poblarlo; el relieve ayuda a entender el escenario. Picassent ocupa una zona de transición entre la llanura litoral de la Albufera y las sierras interiores del oeste. No es un fondo uniforme: alterna llanos y colinas, desde las partes bajas del este hasta las elevaciones del suroeste.

La carta de 1611 no repartió solo casas

El censo de Caracena registró en 1609 en Picassent 160 casas de cristianos nuevos. Tras la expulsión de los moriscos, Pedro Lladró de Vilanova, duque de Mandas, otorgó la carta puebla mediante su procurador. El texto estableció cómo se repartirían casas y tierras y fijó normas para el gobierno del pueblo. No era una simple lista de propietarios: era el intento de volver a poner en marcha la vida cotidiana.

La repoblación no fue automática ni sencilla. El dossier registra que las dificultades para consolidarla llevaron después a los barones, duques de Béjar, a otorgar una carta de gracia. Se entiende así el peso de la tierra en aquella reorganización: no bastaba con encontrar personas para ocupar viviendas; había que ordenar también el acceso a las parcelas y las condiciones de permanencia.

La geología no explica por sí sola los cambios de población, ni hay que convertir la roca en causa de decisiones políticas. Sí permite reconocer el soporte material sobre el que se trabajaba. El término municipal enlaza llanuras y colinas; el estudio del subsuelo, por su parte, registra materiales muy distintos. Esa combinación acompaña la historia agrícola del lugar, aunque el documento que transforma la producción es otro: la llegada y consolidación del regadío asociado a la Acequia Real del Júcar.

El reparto de 1611 pertenece a una historia humana precisa; el cambio de secano a regadío fue un proceso posterior y progresivo. Conviene mantenerlos en su sitio, sin fundirlos en una misma escena. Juntos cuentan, sin embargo, una transformación duradera: quién podía vivir y cultivar en Picassent cambió con el tiempo, y también cambió la manera de llevar el agua hasta los campos.

Entre Espioca y Tierrabuena, la roca cambia de escala

La imagen del municipio se entiende mejor al pasar del plano de la población al subsuelo. Los datos geotécnicos clasifican 49.75 % como calizas, dolomías y mármoles, y 21.64 % como gravas y arenas compactas. En una traducción sencilla, las calizas y dolomías remiten a antiguos fondos marinos cálidos y poco profundos; las gravas y arenas evocan materiales depositados por ríos. Son pistas sobre paisajes remotos, no una escena única que pueda asignarse a cada parcela.

También cuentan dos perforaciones concretas. En Torre Espioca, un sondeo de 198 metros indicó agua a 9.3 metros; en la Partida Tierrabuena, otro de 333 metros la registró a 86.17 metros. La diferencia permite ver que las condiciones del subsuelo no son idénticas en todos los puntos. Son mediciones de esos sondeos, no una descripción automática de cada pozo ni una prueba de cómo se regaban los campos siglos atrás.

¿Por qué importa esa diferencia si la historia agrícola habla de acequias? Porque el agua conducida por un canal y la registrada en una perforación subterránea no son la misma evidencia. La Acequia Real del Júcar señala una transformación del paisaje por el regadío; los sondeos muestran, en cambio, que el subsuelo presenta variaciones locales. Distinguir ambas cosas permite leer la historia con precisión, sin atribuir a un acuífero lo que el dossier documenta como obra de riego.

En superficie, el contraste es visible: el municipio desciende desde las colinas occidentales hacia el este, donde alcanza el límite con Silla. El pueblo se encuentra a 54 metros sobre el nivel del mar, dentro de un territorio cuyo relieve alterna llanuras y alturas suaves. No hace falta imaginar montañas abruptas para comprender el cambio: basta con seguir el paso entre las lomas y la llanura litoral.

La Acequia Real mudó la cosecha, no las lomas

El giro agrícola de Picassent no fue una mutación de la roca, sino del uso del territorio. En el pasado predominaban los cultivos de secano; la llegada y consolidación del sistema de regadío asociado a la Acequia Real del Júcar impulsó una transición hacia la agricultura de regadío. Hoy destacan los cítricos, especialmente el naranjo.

La diferencia es decisiva. El relieve de colinas y llanuras y la variedad de materiales pertenecen a una historia geológica; la acequia pertenece a una historia de infraestructura y trabajo. Una hace posible reconocer un terreno diverso, la otra cambió la forma de cultivarlo. Es razonable ver en esa combinación parte del paisaje agrícola de Picassent, pero no afirmar que una roca determinada decidió por sí sola dónde prosperó cada cultivo.

Un tramo del Camino Viejo de Picasent atraviesa un entorno de pavimento y vegetación, y sitúa el relato en el paisaje rural local.

Un tramo del Camino Viejo de Picasent atraviesa un entorno de pavimento y vegetación, y sitúa el relato en el paisaje rural local.

Foto: 19Tarrestnom65, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En el Camino Viejo de Picasent, el pavimento y la vegetación sitúan al lector en un entorno local, lejos de la abstracción de un corte geológico. La fotografía no muestra una acequia ni reconstruye el pasado: acompaña una historia en la que caminos, parcelas y formas de cultivo pertenecen a un mismo territorio, aunque cada elemento conserve su propia cronología.

La transformación agraria se sumó a otros cambios de propiedad y población. Los señoríos pasaron de unas familias a otras; en 1857 se vendieron derechos señoriales no abolidos a propietarios locales, organizados en una comisión. Para entonces, las murallas y el palacio ya habían sido derribados en la primera mitad del siglo XIX. El paisaje habitado se había rehecho, pero el relieve seguía poniendo sus límites y ofreciendo sus materiales.

Antes de las murallas, Molló de l’Almud y Mas dels Foressos

La historia de Picassent no empieza con la alquería ni con la carta puebla. En el término municipal se han documentado restos de la Edad del Bronce en Molló de l’Almud y Avenc de l’Àguila, y vestigios de época romana en Mas dels Foressos. Millerola y Espioca también aparecen en la historia local como antiguas alquerías musulmanas; Espioca conserva una torre de época islámica.

Esas huellas no permiten inventar una continuidad ininterrumpida entre las comunidades antiguas y el pueblo posterior. Sí colocan vidas humanas distintas sobre el mismo marco de llanuras y lomas. La secuencia va de los restos prehistóricos a la presencia romana, de las alquerías a la fortificación y, más tarde, a las cartas de población y al regadío. Cada época reorganizó el espacio a su manera.

La respuesta a la pregunta del comienzo está en esa superposición: la historia de Picassent no fue dictada por la caliza ni por la grava, pero se desarrolló sobre un relieve real y cambiante, que el agua conducida por la acequia ayudó a convertir en huerta. Cuando mires sus campos y sus lomas, verás a la vez el escenario geológico antiguo y las decisiones humanas que volvieron a poblarlo y cultivarlo.

Tipos de terreno en Picassent

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
    Advertencia

    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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