Petrés, la escalera que baja al agua
En 1803, mientras crecía Petrés, el pueblo construyó un aljibe con dos fuentes y una escalera monumental. Para entender esa obra hay que seguir el agua desde la vega del Palancia hasta las acequias y los molinos que marcaron el paisaje.
Petrés entre la vega y el relieve que acompaña el núcleo. El Palancia limita el término por el sur.
La escalera descendía hasta una cabecera de aspecto absidal: el agua quedaba guardada en el fondo, al alcance de quienes la necesitaban. La obra respondió a un aumento de población y convirtió una necesidad cotidiana en una estructura que todavía forma parte de la historia local. No surgió aislada. En Petrés, el agua se conducía por acequias, movía molinos y abastecía espacios de almacenamiento. El terreno ayuda a entender el escenario de ese recorrido: una vega junto al Palancia, con lomas que cierran el horizonte hacia el norte.
La historia de estas obras no es la de un río que por sí solo las alimentaba. Los molinos documentados aprovechaban la corriente de la acequia de la Villa, conectada con la acequia mayor de Sagunto; los aljibes, por su parte, son testimonio de la importancia de guardar agua y distribuirla. Siguiendo esos rastros se enlazan el relieve, los materiales del término y las decisiones de una comunidad que fue ampliando su infraestructura.
La vega del Palancia y sus bordes
Petrés se encuentra en la vega baja del río Palancia, que limita el término por el sur. Hacia el norte penetran las laderas de Rodana y Ponera. El paisaje, por tanto, no es una llanura uniforme: al lado bajo del valle se oponen los relieves que avanzan desde el norte. El punto más alto alcanza 185 metros, en un cerro de areniscas triásicas situado al noroeste de la población.
Ese contraste importa para la historia del agua. La huerta y las acequias forman parte de la descripción del término, mientras que el río marca uno de sus bordes y las laderas enmarcan la población desde el otro lado. No hace falta imaginar un único canal recto entre río y pueblo: la red local incluye acequias con recorridos y nombres propios. Son esas conducciones, y no una supuesta acción directa del Palancia sobre cada molino o depósito, las que aparecen vinculadas a los usos históricos del agua en Petrés.
Rocas y sedimentos bajo Petrés
La caracterización geotécnica municipal reúne materiales distintos. La categoría de calizas, dolomías y mármoles representa el 49,67 % de la clasificación, y la de gravas y arenas compactas, el 28,03 %. Son grupos que ayudan a describir el terreno: el primero reúne rocas, mientras que el segundo corresponde a materiales granulares compactados. La clasificación incluye asimismo arenas finas y limos, y arcillas y margas duras. No se trata de una identificación de la piedra de cada edificio, sino de una descripción a escala del término.
La combinación de roca y materiales granulares acompaña un relieve en el que conviven la vega del Palancia y los cerros del norte. En el noroeste, la arenisca triásica aporta una referencia geológica concreta para una elevación local; los datos disponibles no permiten atribuir ese mismo material a los muros del castillo o a las construcciones de la huerta. Un sondeo registrado en Petrés alcanzó 56,75 metros y situó el agua a 7,5 metros de profundidad. Es una medida puntual del subsuelo, distinta del agua superficial que circulaba por las acequias y hacía funcionar los molinos.
Las acequias pusieron el agua en movimiento
En la red de riego, el agua dejaba de ser solo un elemento del paisaje y se convertía en una corriente aprovechable. La acequia de la Villa recibía el caudal de la acequia mayor de Sagunto. Sus ramales atravesaban un término tradicionalmente agrícola, donde los cultivos de regadío y las huertas dependían de la conducción y el reparto. El agua podía seguir su camino o ser desviada hacia un molino: esa diferencia de recorrido era también una forma de organizar el trabajo.
La relación entre relieve y acequia no equivale a que la geología determinara por sí sola dónde se construyeron las obras. Lo que sí muestra el conjunto es una comunidad adaptando el uso del agua a una vega, a sus conducciones y a puntos concretos de aprovechamiento. Los nombres de los molinos preservan esa historia con fechas que permiten seguirla: Moret aparece ya en el siglo XIII; Malany, en el XIV; y el molino de Peris o Leonor, en el XV. Tres instalaciones, en siglos sucesivos, dan medida de la duración de esa infraestructura hidráulica.
Moret, Malany y Peris aprovecharon la corriente
Moret y Malany utilizaban la corriente de la acequia de la Villa, procedente de la acequia mayor de Sagunto. Ambos pertenecieron a la familia real hasta el siglo XVIII. El de Peris, también llamado de Leonor, aparece fechado en el siglo XV y perteneció a la familia del barón; estaba adosado a L'Hort Tancat. Los nombres revelan que el agua compartía un mismo sistema, aunque las instalaciones estuvieran vinculadas a distintos propietarios.
La secuencia no describe tres molinos funcionando necesariamente a la vez, ni permite reconstruir cada jornada de molienda. Sí deja algo más firme: durante varios siglos hubo en Petrés molinos que aprovechaban el caudal conducido por la acequia. Más tarde se añadieron otros, como el de Costa y el de los Huesos o de Ramón, ambos del siglo XIX. El registro local de esas construcciones muestra que el uso de la corriente no fue una intervención aislada, sino una actividad que dejó varios puntos reconocibles en el término.
El acceso conservado del castillo-palacio de Petrés. La fortaleza ocupa una pequeña elevación desde la que se dominaba el término irrigable.
El castillo dominaba el término irrigable
En una pequeña elevación se alza el palacio de los señores de Petrés, conocido también como castillo. Desde su terraza almenada, el señor dominaba el término irrigable. La posición reúne en una misma escena el núcleo construido y el paisaje agrícola: abajo, la tierra trabajada y las conducciones; arriba, una residencia fortificada desde la que se controlaba visualmente ese territorio. La imagen actual del castillo permite reconocer el lugar, aunque no devuelve intacto el edificio medieval.
A comienzos del siglo XX se destruyó buena parte del palacio para construir casas alrededor de la fortaleza. Permanecieron los muros perimetrales de carga, las caballerizas en la parte inferior, restos de una escalera gótica y la terraza almenada. El castillo, por tanto, cambió de forma: dejó de conservar el conjunto residencial completo y quedó como una estructura parcial dentro del pueblo. En 2023 comenzó una fase de recuperación de la ruina mediante el plan director, una nueva etapa para el edificio que durante siglos había mirado sobre la huerta.
El Pou y L'Aljub guardaron agua
Los molinos transformaban una corriente en fuerza; los aljibes respondían a otra necesidad: conservar agua para el abastecimiento. El Pou, frente al castillo, es un aljibe medieval que sirvió como pozo del palacio. En 1803, cuando aumentó la población, se construyó un aljibe con dos fuentes y una escalera profunda y monumental que termina en una cabecera semejante a un ábside. La obra hacía visible la respuesta local: almacenar agua y acercarla a los habitantes mediante fuentes.
La infraestructura siguió ampliándose. A mediados del siglo XIX se construyó L'Aljub, a las afueras de Petrés, junto al recorrido de la acequia mayor de Sagunto en su ramal de Ponera o Palmosa. También esta obra se realizó cuando el municipio crecía y necesitaba abastecer de agua a sus habitantes. Así, el agua dejó huellas distintas en el pueblo: cauces que accionaban molinos, un pozo asociado al palacio y depósitos con fuentes vinculados al abastecimiento.
La necesidad de 1803 tuvo una respuesta construida, y el crecimiento posterior dejó otra señal en L'Aljub. Los molinos, las acequias y los aljibes permanecen como piezas de una historia en la que el agua no se limitó a pasar por Petrés: se condujo, se aprovechó y se guardó. La escalera monumental devuelve ahora otra imagen: no solo la de un descenso hacia el agua, sino la de un pueblo que hizo de su recorrido una parte duradera del paisaje.
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