Okondo, el valle que movía molinos
El río Izalde y las tierras del valle sostuvieron molinos, ferrerías y cultivos, mientras distintos poderes se disputaban el territorio. Bajo esa historia de trabajo y rivalidad se extiende un sustrato variado que también forma parte del paisaje de Okondo.
El Ayuntamiento de Okondo, con las laderas verdes del valle al fondo. El edificio sitúa en el presente la localidad cuya historia siguió el cauce del Izalde y sus actividades.
Durante siglos, el valle de Okondo reunió dos historias que se cruzaban en un mismo lugar: la del trabajo organizado alrededor del río Izalde y la de los poderes que aspiraban a gobernarlo. El cauce acogió molinos y ferrerías; las tierras sostenían cultivos y ganado. Esa prosperidad convirtió el valle en un territorio codiciado. Bajo las decisiones de sus habitantes y de los señores de Ayala y Vizcaya había, además, un terreno compuesto por materiales distintos, no por una sola clase de roca.
El Izalde sostiene el trabajo del valle
El río Izalde aparece en la historia económica de Oquendo como algo más que un rasgo del paisaje. Durante gran parte de la historia del valle, molinos y ferrerías instalados en su cauce fueron, junto con la agricultura y la ganadería, motores de la economía local. El cauce concentraba actividades distintas en un mismo eje: moler cereal y trabajar el hierro, mientras la población aprovechaba también la pesca. Anguilas, cangrejos, loinas y barbos formaban parte de los recursos obtenidos en el río.
A finales del siglo XVII había nueve molinos harineros, cuatro herrerías y una ferrería. La cifra permite imaginar la escala alcanzada por aquellas actividades, sin reducir el valle a una sola industria. Las tierras, descritas como fértiles, producían trigo, maíz, castañas, txakoli, alubias, habas, patatas y frutas. La ganadería incluía vacuno, ganado lanar, caballar y mular. El abastecimiento se completaba con la caza de liebres, perdices y jabalíes. Río, campos y montes ofrecían recursos diferentes a una economía arraigada en el propio territorio.
Dos parroquias para un valle de barrios
Oquendo se organizaba históricamente como un valle, no como una suma de pueblos separados. La parroquia de Santa María de Unzá ejercía su jurisdicción sobre la parte baja, mientras San Román atendía la parte alta, llamada en conjunto Oquendojena, nombre derivado de Okondo goiena: Oquendo de Arriba. Esa división religiosa acompaña una geografía humana de barrios dispersos que, según la descripción local, todavía conserva su importancia en la forma de entender el municipio.
Irabayen concentra el núcleo más urbano y reúne alrededor del 70 % de la población municipal, mientras Zudubiarte, situado en la parte central, es la capital por albergar el Ayuntamiento. La ubicación central de Zudubiarte coincide con el lugar donde antes confluían las jurisdicciones parroquiales. El valle no era, por tanto, una unidad abstracta: estaba compuesto por partes reconocibles, con sus centros y sus relaciones. El río y las actividades asentadas en su cauce atravesaban ese paisaje compartido.
Las rocas bajo los barrios
El terreno de Okondo tampoco es uniforme. El estudio geotécnico del municipio agrupa el 63,76 % de los materiales en la categoría de calizas, dolomías y mármoles. Otro 28,04 % corresponde a areniscas, conglomerados y flysch. Son grupos de rocas distintos, que dan una idea de la variedad del sustrato municipal; no se trata de una única superficie pétrea extendida por todo el valle. La clasificación añade arenas finas y limos, con un 4,74 %, y masas de agua, con un 2,12 %.
Los nombres importan porque describen materiales concretos que forman parte del término: rocas carbonatadas en una proporción mayoritaria y, en segundo lugar, areniscas, conglomerados y flysch. El estudio no ofrece una cronología estratigráfica ni una explicación del origen de esas formaciones, así que la historia local no necesita adjudicarles mares, climas o edades que no constan. Lo que sí permite es reconocer que el paisaje de Okondo se asienta sobre un mosaico geológico, no sobre un soporte idéntico en todas partes.
La clasificación de permeabilidad incluida en el estudio describe formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. Señala también que la alteración o las fracturas pueden alojar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente importantes. Dicho de forma sencilla: el agua puede encontrar en el sustrato caminos y condiciones diferentes según el material y su estado. Es una característica del terreno municipal que acompaña la presencia del Izalde y ayuda a mirar el valle como una combinación de roca, agua y actividad humana.
Vista histórica del palacio de Lapuente en Irabien. La imagen acerca al lector a la arquitectura del valle de barrios en el que se desarrolló la historia de Oquendo.
La prosperidad atrae la disputa
La historia política de Oquendo muestra que aquel territorio productivo también fue objeto de rivalidad. Desde el siglo XI formó parte del señorío del conde de Ayala. En 1521, el rey de Castilla animó a la población a incorporarse al señorío de Vizcaya para librarse de los abusos que se atribuían a los Ayala. El valle pasó así, de forma transitoria, a depender de Vizcaya. No fue un cambio aislado de la vida local: se produjo en un territorio con recursos agrícolas y ganaderos y con una economía diversificada alrededor de molinos, ferrerías y comercio.
Durante el siglo XVI llegaron al valle tierras concedidas a caballeros que habían participado en la conquista del reino de Navarra. Entre los linajes alaveses establecidos allí destacaron Unzaga y Amézaga. A las actividades agropecuarias se sumaron el comercio, los molinos, las ferrerías y el mundo militar. Los principales linajes levantaron torres en Oquendo, mientras el valle se convertía en un espacio de interés para los poderes vecinos. La documentación local sitúa también aquí enfrentamientos entre gamboínos y oñacinos, parte de una época en que el territorio vivía tensiones políticas y militares.
La prosperidad ayuda a entender por qué Oquendo fue disputado, aunque no convierte cada molino o cada cultivo en causa directa de los litigios. La conexión más clara está en el valor del conjunto: un valle con tierras fértiles, actividad productiva y una posición que los poderes de Ayala y Vizcaya trataron de encajar dentro de sus respectivas jurisdicciones. El Izalde sostenía una parte de la economía; el dominio político del territorio decidía bajo qué régimen se organizaba esa vida.
Oquendo decide su régimen en 1590
La incorporación a Vizcaya no fue definitiva. En 1590 Oquendo decidió funcionar como independiente, aunque dentro del régimen impuesto por las Juntas de Ayala. Ese desenlace no borró las tensiones anteriores ni convirtió el valle en un espacio desligado de sus vecinos: fijó una fórmula propia dentro de un marco regional. Entre el dominio señorial de Ayala, el paso transitorio a Vizcaya y la decisión de 1590, la comunidad atravesó cambios de jurisdicción sin dejar de ser el mismo valle de barrios, campos y actividades ligadas al Izalde.
Al final del siglo XVII, el recuento de nueve molinos harineros, cuatro herrerías y una ferrería ofrece una imagen concreta de la economía que había crecido en ese paisaje. No se trata de un episodio separado de la disputa territorial: ayuda a comprender qué hacía valioso al valle para quienes querían incorporarlo a su esfera de poder. A la vez, el trabajo sobre los recursos locales no explica por sí solo cada cambio político. La historia combina ambas escalas: la vida cotidiana sostenida por la producción y las decisiones que afectaban a quién gobernaba el territorio.
El valle queda en Álava y conserva su nombre
La rivalidad jurisdiccional volvió a manifestarse en el siglo XIX, cuando Vizcaya intentó en varias ocasiones quedarse con el municipio. Finalmente, Oquendo permaneció dentro de Álava. Ese fue el resultado duradero del conflicto por la pertenencia del valle: las disputas no desaparecieron de un día para otro, pero la adscripción territorial quedó fijada. La historia que había pasado por Ayala, por el señorío de Vizcaya y por el régimen de las Juntas de Ayala desembocó en una pertenencia alavesa que sigue identificando hoy a Okondo.
También cambió la forma oficial de nombrarlo. La primera mención escrita del valle data de 1257; el castellano Oquendo convivió durante siglos con formas vascas recogidas por José Pablo de Ulibarri a comienzos del XIX. En 1980 el Ayuntamiento decidió establecer Okondo como nombre oficial, y en 1989 se publicó esa forma en el BOE. El río Izalde, los barrios y el mosaico de rocas permanecen como partes del mismo escenario, aunque los nombres y las jurisdicciones hayan cambiado. El valle que movía molinos terminó dentro de Álava, con Okondo escrito en sus documentos oficiales.
La historia empezó con un cauce convertido en lugar de trabajo y un territorio disputado por su prosperidad. Hoy, el nombre Okondo reúne aquel recorrido: un valle organizado en barrios, marcado por el Izalde y asentado sobre un sustrato diverso. Sus molinos y ferrerías pertenecen a la historia económica; la relación entre el río y el terreno sigue siendo parte del paisaje que esa historia dejó atrás.
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