Historia geológica Localidad Montcada/Moncada

Moncada reservó una acequia y convirtió el agua en historia

En 1239, Jaime I hizo una excepción al repartir las aguas de Valencia: se reservó la Acequia Real que llegaba hasta Puçol. ¿Cómo acabó esa decisión ligada al paisaje y a la vida de Moncada?

La Casa Comuna de los regantes de la Real Acequia de Moncada recuerda la organización colectiva ligada al riego.

La Casa Comuna de los regantes de la Real Acequia de Moncada recuerda la organización colectiva ligada al riego.

Foto: Juan Emilio Prades Bel, CC BY 4.0 — commons.wikimedia.org

En Moncada, una acequia aparece en la historia como una excepción. En 1239, al conceder aguas y acequias a los repobladores, Jaime I se reservó expresamente la llamada Real, que llegaba hasta Puçol. No era un detalle menor: aquel nombre acabaría unido a una red de riego extendida por la huerta de la orilla izquierda del Turia y a la propia identidad de la localidad. ¿Qué tenía este territorio para que el agua organizada importara tanto?

La excepción de 1239 trazó una historia compartida

La concesión real sitúa a Moncada dentro de una historia que iba mucho más allá de sus límites. La Acequia Real regaba la orilla izquierda del Turia desde Paterna hasta Puçol, y su superficie de riego llegó a abarcar veintiún pueblos y trece pedanías. Moncada estaba entre ellos. No era una obra aislada al servicio de una sola población, sino parte de una trama que repartía agua por una comarca agrícola.

La geografía ayuda a entender el escenario. El término municipal se extiende principalmente sobre una llanura cuaternaria; al norte y al oeste, en cambio, se levantan lomas terciarias que prolongan la Sierra Calderona. La diferencia se reconoce también en las alturas: el Tos Pelat alcanza los 92 metros y la loma de Santa Bárbara se prolonga hasta el casco urbano. La llanura ofrece un contraste marcado con esos relieves, como una mesa tendida junto a un borde suavemente elevado.

La Acequia Real no nació porque el terreno fuese llano, ni el documento de 1239 explica por sí solo cómo se diseñó el riego. Pero es razonable inferir que una llanura extensa hacía especialmente útil organizar la distribución del agua entre campos y poblaciones. La geología aporta aquí el marco físico; la decisión política convirtió ese marco en una red de usos compartidos.

En Moncada, el agua también tiene otra referencia territorial: el barranco de Carraixet entra por el noroeste, atraviesa el término y sale por el sureste, junto a Alfara del Patriarca. No debe confundirse con la Acequia Real. Son rasgos distintos del paisaje, aunque ambos recuerdan que el agua ha recorrido y ordenado este territorio de formas diferentes.

La llanura guarda contrastes bajo la huerta

La superficie parece sencilla, pero el subsuelo reúne materiales distintos. Según los datos geotécnicos disponibles, predominan las arenas finas y los limos, junto con calizas, dolomías y mármoles, y también gravas y arenas compactas. En la clasificación aportada, esos grupos representan respectivamente el 56,04 %, el 21,76 % y el 17,25 %. No son una descripción de cada parcela, sino una señal de que bajo la llanura no hay un único tipo de terreno.

Las arenas y los limos son materiales sueltos o finos; las gravas contienen fragmentos mayores, y las calizas y dolomías son rocas carbonatadas. En estas últimas puede producirse karstificación: el agua disuelve lentamente parte de la roca y puede abrir huecos, como ocurre cuando una gota insiste durante mucho tiempo sobre un material soluble. Los datos técnicos señalan formaciones carbonatadas medianamente karstificadas, con posibles zonas de karst importante disperso. Eso describe una característica del terreno, no una explicación del origen de la Acequia Real.

Los sondeos registrados también muestran que el agua subterránea no se encuentra a una profundidad idéntica en todos los puntos. En cinco sondeos, la profundidad media alcanzada fue de 113,3 metros, con un máximo de 162 metros; el nivel de agua indicado promedia 25,9 metros y varía entre los registros. Un acuífero es una formación que almacena y deja circular agua; la información disponible califica algunos de estos medios como extensos, muy permeables y productivos. Es un dato relevante para comprender el territorio, aunque no demuestra que el agua de la acequia procediera de esos acuíferos.

La clave local está en mantener juntos, sin confundirlos, los dos relatos: la llanura y sus materiales forman el escenario; la acequia es la obra humana que organizó parte del agua y sostuvo una huerta históricamente agrícola. Si paseas hoy por Moncada, ese vínculo no se ve como una línea escrita sobre el suelo: se lee en la larga relación entre el paisaje cultivable y el riego.

El Tos Pelat ofrece otra escala de tiempo

Antes de la acequia documentada en 1239, ya había comunidades en estas tierras. En el Tos Pelat se conoce un poblado ibérico: se conservaban partes del recinto amurallado y tramos de las paredes de las habitaciones, además de fragmentos de vasijas con decoración geométrica pintada y algunas piezas completas. El cerro, en el límite entre Moncada, Bétera y Valencia, permite ver el contraste entre las lomas y la llanura en la que se asentó la historia posterior.

También aparecieron, en la zona del Xop y en campos donde se extraían arcillas para alfares, fragmentos de cerámica hecha a mano y dos puntas de flecha. Es una pista concreta de ocupación anterior a la romanización, aunque los hallazgos descritos son escasos. La extracción de arcilla puso en contacto una actividad ligada al material del terreno con objetos de quienes habitaron el lugar; no permite, por sí sola, atribuir a esos restos una historia más precisa.

Más tarde, dos villas rústicas romanas, en las partidas del Pou o del Pousaig y del Bordellet, debieron florecer durante el siglo II y comienzos del III, según las características de los materiales recogidos. El dossier no explica qué relación directa tuvieron con el riego medieval que aparecería siglos después. Sí permite seguir una continuidad más amplia: la llanura y sus recursos fueron escenario de asentamientos y actividades humanas en épocas distintas.

El Ravalet y la calle Barreres devolvieron la alquería

La historia islámica de Moncada emergió en lugares cotidianos, al abrirse el terreno para construir. En 1996, unas excavaciones para cimentar una vivienda en la calle Barreres revelaron siete enterramientos datados entre los siglos XI y XIII. Después, en El Ravalet aparecieron silos y restos de dos viviendas de época almohade, del siglo XII. Juntos, esos indicios permitieron constatar un origen islámico o anterior para la población.

Los hallazgos de principios de siglo junto al Palacio de los Condes de Rótova, hoy sede del Ayuntamiento, se relacionaron con lo que algunos especialistas denominaron la alquería de Moncada. En el mismo lugar se identificó también un segundo nivel con viviendas del siglo XVI. El subsuelo, por tanto, no guarda una sola escena: superpone huellas de ocupaciones diferentes, como páginas que han quedado bajo las casas posteriores.

Las excavaciones de la calle San Roque, entre noviembre de 2006 y enero de 2007, sacaron a la luz enterramientos datados en torno al siglo XII. La disposición de los cuerpos llevó a presumir que eran musulmanes; algunos presentaban heridas en el cráneo. El dato devuelve una dimensión humana a la arqueología: bajo las calles actuales hay rastros de vidas y muertes de una comunidad medieval, no solo restos de edificios.

El exterior de la Biblioteca y Museo arqueológico municipal acompaña el relato de los vestigios que revelaron las ocupaciones antiguas de Moncada.

El exterior de la Biblioteca y Museo arqueológico municipal acompaña el relato de los vestigios que revelaron las ocupaciones antiguas de Moncada.

Foto: Juan Emilio Prades Bel, CC BY 4.0 — commons.wikimedia.org

La geología no fecha esos enterramientos ni permite identificar por sí sola quién vivió en cada casa. Su aportación es otra: describe el terreno en el que esas capas de historia quedaron preservadas y donde las obras modernas volvieron a encontrarlas. En Moncada, las señales arqueológicas aparecen en espacios habitados hoy, mientras el relieve de llanura, lomas y barranco sigue dando forma al término.

La Casa Comuna vuelve a poner el agua en primer plano

La Acequia Real siguió siendo central para una economía local mayoritariamente agrícola, ligada a la fértil huerta de la comarca. La Casa Comuna de los regantes, todavía reconocible en Moncada, ofrece una imagen concreta de esa historia compartida. El edificio no prueba por sí mismo cómo funcionaba cada tramo de la red, pero su nombre recuerda que el riego necesitó organización y gestión, además del agua y del terreno.

La historia del nombre de Moncada también conserva el rastro de esa relación. La forma tradicional aparece en documentos antiguos referidos a la Real Acequia, mientras que el topónimo valenciano Montcada se vincula desde el siglo XIII al linaje de la Casa de Moncada. Con el paso de los siglos, la grafía simplificada Moncada se consolidó en el uso escrito. Agua, instituciones y nombres se entrelazaron en una historia local que no se reduce a la forma de una llanura.

Y el paisaje mantiene sus dos escalas a la vista: la huerta extendida sobre el llano y las elevaciones que culminan en el Tos Pelat. Es probable que la organización del riego encontrara en esa llanura una condición favorable, aunque la decisión decisiva fue humana y está documentada en 1239. Cuando mires la Casa Comuna, podrás verla como algo más que un edificio: una huella de cómo Moncada convirtió el agua compartida en parte de su historia.

Tipos de terreno en Montcada/Moncada

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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Perfil estratigráfico típico

Corte orientativo del subsuelo en Montcada/Moncada

Arenas finas y limos 0–5 m
Gravas y Arenas compactas 5–11 m
Calizas, Dolomías y Mármoles 11–31 m+

Perfil orientativo basado en tipos de suelo GEODE y espesores típicos CTE

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