Los Navalucillos, hierro al pie del Pusa
Al sur de Los Navalucillos, los olivos dan paso a montes, arroyos y cumbres. Junto al Pusa, una fundición de hierro enlazó el pueblo con los lugares de extracción de su entorno.
Panorámica desde el mirador de Las Becerras, en el parque nacional de Cabañeros, dentro del término de Los Navalucillos.
En la zona del Mazo, junto al río Pusa, hubo a mediados del siglo XIX una fundición de hierro establecida por José Safont. El edificio ocupaba un punto concreto, pero su historia se extendía más allá: dependía de extracciones repartidas por el término de Los Navalucillos y de minas en el municipio vecino de Los Navalmorales. La fábrica reunió así dos escalas del paisaje: un lugar de trabajo junto al río y una red de fuentes de materia prima extendida por la comarca.
El Mazo, entre el río y los montes
Los Navalucillos se asienta en una hondonada rodeada principalmente por cerros al norte y al este. Hacia el norte del término, cerca de la localidad, predominan los terrenos de cultivo y los olivares. Al avanzar hacia el sur, las elevaciones crecen: los cerros de mediana altura se convierten en montes y alcanzan su punto culminante en el Pico Rocigalgo, de 1448 metros, el más alto de la provincia de Toledo. La fundición se encontraba en ese territorio de transiciones, no en un llano separado de las laderas.
El Pusa y sus afluentes dan continuidad al mapa. Numerosos arroyos recorren el término —entre ellos el del Chorro, Navalpoyo, Colmenar y Valdefuentes— y alimentan el río. En las faldas del Rocigalgo, el Pusa forma la cascada del Chorro. La localidad se encuentra en uno de los municipios más lluviosos de la provincia, con 555 milímetros de precipitación anual según la descripción geográfica. El agua aparece aquí como una red de cauces que atraviesa un relieve cada vez más montañoso hacia el sur.
Las rocas bajo Los Navalucillos
La caracterización geotécnica municipal clasifica los suelos del término como pizarras y esquistos en el 100 % de su superficie. Son los materiales concretos que permiten describir el sustrato a escala local; el dato caracteriza el municipio, no identifica por sí solo la roca de un edificio o de una instalación particular. En la misma ficha, estas formaciones se describen generalmente como impermeables o de permeabilidad muy baja: el agua atraviesa con dificultad la roca poco alterada, aunque las zonas fracturadas o alteradas pueden albergar acuíferos superficiales.
Esos acuíferos suelen ser poco extensos y de baja productividad, aunque pueden tener interés local. La distinción ayuda a entender por qué la presencia de muchos arroyos y la circulación subterránea no son la misma cosa: el agua puede recorrer la superficie por los cauces y, en otros puntos, encontrar vías de entrada por fracturas o materiales alterados. El terreno de Los Navalucillos no se resume en una sola corriente; combina laderas, rocas de baja permeabilidad y una red de aguas superficiales que converge en el valle del Pusa.
La ficha geotécnica también reconoce, a escala municipal, áreas con movimientos actuales o potenciales de ladera, incluidos deslizamientos y desprendimientos. Ese dato recuerda que el relieve no es un decorado inmóvil. Las pendientes y los materiales forman parte de una superficie que puede desplazarse, aunque el registro no vincula esos procesos con un episodio concreto en el Mazo.
El valle del arroyo del Chorro visto desde Las Becerras; la imagen acerca el relieve montañoso del sur de Los Navalucillos.
Los lucillos de Los Vallejos
La roca también aparece en una huella humana mucho más antigua que la fundición: los sepulcros excavados en el término. Un grupo, situado a unos 500 metros del arroyo de Los Vallejos, está excavado en pizarra y se relaciona posiblemente con época visigoda. Otros sepulcros, excavados en granito, se encuentran en la zona de El Charco de la Mora y El Charco de Melchor. Son lugares distintos y materiales distintos; el nombre de la localidad conserva la memoria conjunta de esas tumbas.
Los Navalucillos se explica tradicionalmente como la unión de nava y lucillos, con el sentido de «llano de los sepulcros». La propuesta enlaza la palabra con los grupos de sepulcros del término. También se han encontrado sepulcros rupestres que evocan ritos mozárabes, una huella que recuerda que la relación entre las comunidades y la roca no pertenece a una sola época. En estas referencias, la piedra no es una abstracción geológica: es el soporte concreto que fue excavado y convertido en lugar de enterramiento.
De Naualuciellos a dos pueblos unidos
El nombre aparece por primera vez en un documento del 5 de febrero de 1209, como Naualuciellos, aunque la fundación del pueblo se sitúa probablemente en la primera mitad del siglo XIV. En otro documento, fechado en 1357, figura como Nava luezillos. Esas formas distintas dejan ver una localidad cuyo nombre fue cambiando en los escritos mientras el asentamiento iba tomando forma en la falda de los montes. La primera mención conservada y la fecha probable de fundación no son la misma cosa: cada una señala una etapa distinta de esa historia.
Durante siglos, además, hubo dos Navalucillos: el de Toledo y el de Talavera. En el siglo XVIII se produjo la unión eclesiástica, impulsada por el cardenal Lorenzana, y en 1833 se unieron administrativamente las dos poblaciones. El plural del nombre quedó asociado a esa unión. El territorio que había servido de marco a distintos asentamientos y a sus sepulcros pasó a formar parte de un término municipal compartido, desde las tierras olivareras del norte hasta los grandes montes del sur.
Las fuentes de la fundición de Safont
La fundición de hierro del Mazo dependía de un abastecimiento que no se limitaba a un único punto. Se surtía de extracciones de los Arrumbales, los Acebales, los riscos de Juan Antón, de la Ermita y de los Lagares, todos en Los Navalucillos, además de las minas de Herrera, en Los Navalmorales. El paisaje de la fábrica, por tanto, no terminaba en la orilla del Pusa: se prolongaba hasta cada uno de esos lugares. Para que la instalación funcionara, el material debía llegar desde una geografía más amplia que el recinto de producción.
Ahí estaba la tensión material de esta historia. La fundición concentraba la actividad en el Mazo, mientras sus fuentes estaban repartidas entre el propio municipio y el vecino. El registro disponible no detalla cuánto se extraía, qué recorridos seguía el material ni durante cuánto tiempo funcionó la fábrica; sí conserva los nombres de los lugares que la abastecían y la sitúa a mediados del siglo XIX junto al Pusa. Esa combinación basta para seguir el vínculo entre la industria y el terreno: el punto de trabajo era uno, pero la provisión tenía varias procedencias.
El municipio de entonces tenía alrededor de 500 casas. La fundición se integraba en una localidad que ya había tenido peso económico comarcal entre los siglos XV y XVII y que recibió migración, sobre todo desde Extremadura. No hace falta atribuir a la fábrica un dominio sobre toda la economía para reconocer su lugar: fue una instalación concreta, levantada en la zona del Mazo y conectada con fuentes de extracción identificadas por nombre. El episodio industrial se inserta en una historia local más amplia de cambios, uniones y usos distintos del territorio.
La imagen económica actual es otra. Los servicios y la agricultura —especialmente vinculada al aceite de oliva— figuran entre las actividades predominantes; la industria se asocia principalmente con mármoles y muebles. La población alcanzó los 6902 habitantes en 1950 y descendió desde los años sesenta hasta los 1889 registrados en 2025. Desde principios de la década de 2000, gran parte del término está incluido en el parque nacional de Cabañeros, y el turismo rural forma parte de las actividades promovidas en el municipio.
El Mazo conserva su lugar en la historia como punto de encuentro entre una fábrica y un territorio de abastecimiento disperso. Hoy, el contraste entre las laderas, los cauces y las actividades del pueblo cuenta una historia más larga que la fundición. Al pie del Pusa, los montes siguen enmarcando el valle; lo que cambió fue la forma de aprovecharlos.
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