Historia geológica Localidad Lama, A

A Lama, caminos contra la distancia

En A Lama, los caminos y los puentes aparecen en una época de cambios: crecen la agricultura y la ganadería, disminuye la siega estacional en Castilla y, más tarde, la emigración a América transforma la propiedad de la tierra. Bajo esa historia, pizarras y esquistos dominan el sustrato municipal y dan al recorrido un escenario geológico concreto.

Vista del lugar do Concello, en la parroquia de Antas, con viviendas y laderas del entorno de A Lama.

Vista del lugar do Concello, en la parroquia de Antas, con viviendas y laderas del entorno de A Lama.

Foto: Lameiro, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En el noreste de Pontevedra, las carreteras actuales ayudan a orientarse por A Lama: una enlaza Pontevedra con A Cañiza y pasa por Verducido y Gaxate; otra llega desde Cotobade y atraviesa Antas en dirección a Beariz. No son solo líneas para cruzar el municipio. En la historia local, caminos y puentes acompañan cambios en la vida rural, mientras las salidas estacionales y la emigración dibujan otras rutas, mucho más largas.

El hilo conductor es una comunidad que cambia su relación con la tierra y con la distancia. Primero, el paisaje guarda huellas de ocupaciones muy antiguas; después, la agricultura y la ganadería ganan peso y se construyen caminos y puentes. En los siglos XIX y XX, muchas personas emigran, y parte de ese movimiento hace posible comprar tierras y levantar edificios educativos y centros de beneficencia.

Pizarras y esquistos bajo A Lama

El sustrato municipal tiene un predominio claro: el estudio geotécnico clasifica como pizarras y esquistos el 86,54 % de las unidades recogidas. También distingue masas de agua y depósitos de arenas finas y limos. La cifra describe el conjunto del municipio; no identifica automáticamente el material de un puente, una iglesia o una casa concreta.

Pizarras y esquistos son nombres de rocas, no de suelos blandos. En cambio, arenas finas y limos designan materiales sedimentarios. Esta distinción importa al mirar el paisaje: el subsuelo rocoso y los depósitos no son una misma cosa, y no se les puede atribuir, sin más, el mismo comportamiento. La clasificación disponible no precisa cómo se formaron estas rocas ni fecha su origen, pero sí permite reconocer qué materiales predominan a escala local.

El informe caracteriza las formaciones como generalmente impermeables o de permeabilidad muy baja. Explica también que la alteración o la fracturación pueden alojar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente importantes. Y señala áreas con movimientos actuales o potenciales, como deslizamientos y desprendimientos. Son procesos que forman parte del marco físico de A Lama; la información no los atribuye a un puente o camino concreto.

De las mámoas a los castros

Mucho antes de que las carreteras organizaran los desplazamientos, distintas comunidades dejaron señales de su presencia en estas tierras. Se conservan restos arqueológicos megalíticos, fechados entre 4000 y 2000 a. C., en lugares como Portela da Cruz, O Seixo, O Suído y Antas. Una mámoa es un túmulo funerario prehistórico; su presencia da a esos parajes una profundidad humana que no se mide en generaciones, sino en milenios.

La Edad del Bronce aporta otras huellas. En A Lama se encontró una espada de tipo argárico, fechada hacia 1500 a. C.; en Verducido y en el castro de Gaxate aparecieron hachas de bronce. También se conocen grabados rupestres en Chan do Campo, Outeiro Seixiño, Val do Gato y A Laxa das Puzas, en Verducido. Son hallazgos distintos, repartidos por el territorio, que muestran cómo la historia local no se concentra en un único núcleo.

De la cultura castreña se identifican tres asentamientos: el Monte do Castro en Gaxate, otro Monte do Castro en A Lama y el de Xende. El paisaje conserva así varios nombres y emplazamientos vinculados a etapas distintas. No es necesario convertirlos en una sola secuencia para apreciar el cambio: las mámoas, los objetos de bronce, los grabados y los castros corresponden a evidencias diferentes, y juntos muestran una larga ocupación del territorio.

La agricultura cambia el ritmo de las partidas

En los siglos XVII y XVIII aumentaron la población y la ganadería. La introducción del maíz, la patata y la castaña, procedentes de América, transformó la agricultura local. Con esas mejoras comenzó a desaparecer la emigración estacional a Castilla para trabajar en la siega del trigo durante el verano; esa salida terminó por desaparecer en el siglo XIX.

El cambio no significó que la distancia dejara de marcar la vida de la gente. Sí modificó una forma concreta de partir: ya no hacía falta acudir cada verano a la siega castellana como antes. A la vez, aumentó la construcción de caminos, iglesias, pazos y puentes. La cronología local sitúa juntos el avance de esas obras y la transformación agrícola; no convierte, por ello, cada construcción en resultado directo de un cultivo particular.

Entre los puentes de esa época figuran el de Verducido sobre el río Parada, el del antiguo camino de Ribadavia a Pontevedra y el de Liñares. Cada nombre fija una pieza de la red en el territorio. El puente de Verducido se vincula expresamente al Parada; el antiguo camino recuerda un itinerario entre dos ciudades, y Liñares aporta otro punto al recorrido. Así, las obras aparecen en la historia local como respuestas materiales para cruzar y comunicar, aunque el relato no permita asignarles una causa geológica específica.

Puente sobre el río Verdugo, en A Lama. La imagen acompaña el pasaje sobre los puentes y caminos que enlazan distintos puntos del municipio.

Puente sobre el río Verdugo, en A Lama. La imagen acompaña el pasaje sobre los puentes y caminos que enlazan distintos puntos del municipio.

Foto: Gabriel González from Pontecarreira-Frades, España, CC BY-SA 2.0 — commons.wikimedia.org

La imagen muestra un puente sobre el río Verdugo, otro paso local distinto de los puentes de Verducido sobre el Parada, Liñares y el antiguo camino de Ribadavia a Pontevedra. Mirar un puente junto al agua ayuda a entender la tarea práctica de estas construcciones: salvar un curso fluvial y mantener una vía de paso. La fotografía, por sí sola, no permite fechar la obra ni identificar los materiales de los puentes históricos citados.

De A Lama a América y Europa

En el siglo XIX y el XX se abrió otra etapa de emigración, esta vez hacia América. Argentina, Brasil y Venezuela estuvieron entre los destinos sudamericanos, junto con México, en América del Norte. La consecuencia local que recoge la cronología es concreta: la emigración hizo posible comprar tierras a los nobles y construir edificios educativos y centros de beneficencia.

La tierra, por tanto, no fue solo el lugar de partida. También fue aquello cuya propiedad pudo cambiar. La compra de tierras alteró una relación social que hasta entonces incluía a nobles como propietarios; las nuevas edificaciones sumaron espacios destinados a la educación y a la beneficencia. El movimiento hacia América dejó así efectos que volvían a A Lama en forma de recursos y obras, aunque no se detallen los viajes ni se identifique a emigrantes particulares.

A comienzos del siglo XX continuó la emigración hacia América del Sur y México. Después de la Guerra Civil española, los destinos pasaron a ser europeos: Francia, Suiza, Alemania y Bélgica. El recorrido de las partidas no fue una única marcha ni tuvo un solo final. La emigración estacional a Castilla desapareció en el siglo XIX; las salidas a América y Europa pertenecen a otros momentos y dejaron consecuencias diferentes en el municipio.

Al volver a las rutas de A Lama, quedan dos escalas de movimiento. Los puentes y caminos nombrados pertenecen al territorio; las migraciones lo conectaron con lugares mucho más lejanos. Bajo ambos recorridos permanecen las pizarras y los esquistos que dominan el sustrato municipal, junto a los depósitos y las masas de agua que también recoge la clasificación geotécnica. La historia no convierte la roca en causa de cada partida o de cada obra: muestra cómo una comunidad transformó sus comunicaciones y su relación con la tierra, mientras el sustrato seguía siendo parte del paisaje.

Tipos de terreno en Lama, A

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

    Ver ficha
  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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