Hermandad de Campoo de Suso, tres destinos
En Tres Mares, una misma cumbre reparte el agua hacia tres vertientes peninsulares. Desde esa divisoria se entiende mejor el valle de Campoo, el nacimiento del Híjar y el lugar que Fontibre ocupa en la historia del Ebro.
Vista de las montañas y el valle de Alto Campoo, el paisaje enmarcado por las sierras del Cordel y de Híjar.
En la Hermandad de Campoo de Suso, el agua encuentra una frontera en altura. La cumbre del pico Tres Mares, a 2.175 metros, reúne las divisorias de las vertientes Cantábrica, Atlántica y Mediterránea. No es una línea dibujada en el suelo: es el relieve el que separa las rutas. Una gota que cae a un lado de la cresta puede dirigirse hacia una cuenca; otra, al otro lado, hacia una distinta. La montaña permanece, pero el agua que recibe no sigue un único camino. Para seguir ese reparto hay que bajar desde la cumbre hasta las cabeceras, mirar las sierras que cierran el valle y, después, reconocer qué materiales componen el término municipal.
Tres Mares reparte las aguas
El nombre del pico resume una rareza geográfica. En Tres Mares confluyen las divisorias de aguas de tres vertientes de la península: la Cantábrica, la Atlántica y la Mediterránea. Una divisoria es la zona elevada que separa cuencas: según qué lado de la loma reciba la lluvia o el deshielo, el agua discurrirá hacia una u otra vertiente. La cumbre no hace que los tres recorridos se encuentren en un mismo río; los mantiene separados desde el comienzo.
La escena se entiende mejor si se imagina el relieve como un tejado de varias pendientes. La cresta hace de cumbrera y cada vertiente conduce el agua cuesta abajo. Es una comparación, no un mapa de todos los cursos locales: lo documentado aquí es el encuentro de las tres divisorias. Pero basta para explicar por qué un solo pico puede estar ligado a destinos tan distantes. A 2.175 metros, Tres Mares marca el punto donde cambia la dirección general del viaje.
Las sierras del Cordel y de Híjar cierran el valle
Al descender, la escala cambia. El municipio ocupa casi todo el valle del Híjar, rodeado por la sierra del Cordel al norte y la sierra de Híjar al sur. En esta última se alza el Cuchillón, con 2.222 metros, la cota más alta de Campoo. No se trata de una sola pared montañosa: el término reúne un valle y los relieves que lo enmarcan, mientras las sierras organizan sus cabeceras y sus vertientes.
En la cabecera de la sierra de Híjar, junto a su unión con la sierra del Cordel, nace el río Híjar, descrito como origen del Ebro. Fontibre, dentro del municipio, es a su vez el lugar señalado como nacimiento del Ebro. Son dos hitos de la geografía fluvial local, y muestran cuánto importa distinguir la montaña donde empieza un curso de agua de la localidad asociada al nacimiento de un gran río. El valle conduce la mirada de una cumbre divisoria a las fuentes que dan nombre a la historia de Campoo.
Las laderas de Híjar conservan frondosos bosques de hayas y robles. Hacia el norte, la carretera pasa por el puerto de Palombera y entra en el parque natural Saja/Besaya. Así, las montañas no son solo alturas aisladas: forman bordes, pasos y cabeceras alrededor del valle. La carretera ofrece otro modo de percibir el relieve, pero el trabajo principal lo hace la pendiente, que marca hacia dónde puede continuar el agua.
Ladera nevada en el entorno de Tres Mares, en la zona de las cumbres que separan las vertientes.
Las rocas bajo Campoo
El subsuelo municipal no es una masa uniforme. El estudio geotécnico agrupa el 42,15 % del terreno en la categoría de areniscas, conglomerados y flysch, y el 32,77 % en calizas, dolomías y mármoles. Son familias distintas de materiales, no etiquetas que puedan asignarse automáticamente a una iglesia, un puente o una ladera concreta. Su presencia a escala municipal permite reconocer un sustrato variado, aunque no identificar la roca que hay bajo cada edificio o en cada punto del valle.
La distinción importa porque las rocas no se comportan todas igual frente al agua. El estudio señala formaciones carbonatadas medianamente karstificadas, en las que pueden aparecer sistemas kársticos importantes dispersos. La karstificación es la disolución de rocas como las calizas, que puede abrir huecos y conductos. Para las formaciones yesíferas, en cambio, describe poca o casi ninguna karstificación y la posibilidad local de algún sistema aislado. La diferencia ayuda a entender que las aguas subterráneas no tienen por qué circular de la misma manera en todos los materiales del municipio.
El agua encuentra grietas y límites
La clasificación geotécnica general considera las formaciones del término impermeables o de permeabilidad muy baja. Eso no significa que el agua no pueda penetrar en ningún lugar: el mismo estudio indica que la alteración o la fisuración puede alojar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de interés. Es una imagen más precisa que la de una roca completamente cerrada: la circulación puede depender de las fracturas y de cómo esté alterado el material.
El documento también identifica zonas carbonatadas con hundimientos kársticos actuales o potenciales, además de áreas donde pueden producirse deslizamientos o desprendimientos, incluidos desprendimientos en formaciones rocosas. Son procesos señalados para el municipio, no una descripción de un suceso concreto ni una advertencia sobre un lugar determinado. Junto con las distintas rocas, dibujan un terreno donde las pendientes, las fisuras y la capacidad de disolución pueden intervenir en el recorrido del agua y en la estabilidad local. El relieve no solo dirige los cursos hacia distintas vertientes: también ofrece resistencias y vías de paso diferentes.
Fontibre y Riaño: el agua junto a la vida local
Fontibre da al recorrido un nombre reconocible: allí se sitúa el nacimiento del Ebro. El Híjar, por su parte, nace en la sierra del mismo nombre y figura como origen del Ebro. Son referencias que acercan una idea amplia —las cuencas y sus divisorias— a localidades concretas del municipio. El agua deja de ser únicamente una flecha sobre un mapa; se convierte en una parte de la geografía que se puede nombrar y localizar.
En Riaño, el puente sobre el río Híjar aporta una huella humana vinculada directamente al curso de agua. Se remonta a la Edad Media, tiene un solo ojo y mide aproximadamente once metros de longitud. La información disponible no precisa qué materiales del sustrato municipal se emplearon en su construcción, pero sí permite reconocer la escena: un puente medieval que salva el Híjar. En la misma historia territorial, la montaña conduce las aguas y una obra construida ocupa su paso sobre el río.
De la economía rural a los pueblos actuales
Durante generaciones, la vida económica de Campoo de Suso se apoyó en el sector primario. La ganadería vacuna, con presencia destacada de la vaca tudanca, convivía con una agricultura minifundista de subsistencia. El poblamiento se reparte en pequeños pueblos, la mayoría con menos de cien habitantes. Espinilla es la capital; Salces, Villacantid, Soto e Izara figuran entre los núcleos más poblados. Este mapa humano convive con el valle y las sierras, aunque los datos no atribuyen los cambios económicos a una causa geológica.
A lo largo del siglo XX, la pérdida progresiva de peso del sector primario acompañó un descenso de población. Muchos habitantes se trasladaron a Reinosa en busca de empleo industrial. En años más recientes, al perder importancia esa industria, se ha producido también el movimiento contrario: personas que llegan desde municipios cercanos, incluida Reinosa, para vivir en los pueblos de Campoo. La población actual combina actividades agropecuarias con empleos en servicios o en la industria de Reinosa; buena parte de quienes trabajan en el sector industrial se desplaza diariamente.
La cumbre de Tres Mares sigue separando las aguas; el Híjar conserva su nacimiento en la sierra y Fontibre mantiene su lugar en la geografía del Ebro. El paisaje enmarca una historia humana de desplazamientos y cambios de oficio, no una trayectoria inmóvil. Al volver mentalmente a la cresta, sus tres destinos ya no parecen una curiosidad aislada: son la primera decisión del agua en un municipio hecho de montañas, valle y pueblos.
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