Historia geológica Localidad Beneixama

Beneixama, de la sierra a la vega

Al norte, la sierra pedregosa; al sur, los cultivos y la vega del Vinalopó. Entre ambos paisajes, Beneixama fue creciendo, cayó en ruinas y volvió a levantarse.

Beneixama vista desde la ermita de Sant Bartomeu del Camp de Mirra, con el caserío y los campos de la vega.

Beneixama vista desde la ermita de Sant Bartomeu del Camp de Mirra, con el caserío y los campos de la vega.

Foto: Vicenç Salvador Torres Guerola, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

Desde las alturas del norte, Beneixama se entiende como un recorrido por el terreno: la sierra, el piedemonte y, al final, la vega donde se asienta el pueblo. No es un paisaje uniforme. La sierra de Beneixama supera los 900 metros; el pico de la Ascensión alcanza los 1004 y el Carrascalet, los 955. Hacia el sur, la pendiente baja entre olivares, almendros y viñedos hasta las tierras de cultivo junto al Vinalopó. Ese contraste acompaña la historia de una localidad que encontró su lugar en la franja fértil, pero mantuvo el monte a las puertas.

De la sierra pedregosa al Vinalopó

En el término municipal, la clasificación geotécnica distingue dos grandes conjuntos: arenas finas y limos, que representan el 51,57 %, y calizas, dolomías y mármoles, con el 45,25 %. Son categorías del municipio, no una etiqueta para cada edificio o paraje. Pero sí dibujan una realidad útil para leer el paisaje: junto a materiales sueltos aparecen formaciones carbonatadas, mientras la sierra destaca por su suelo pedregoso y la vega concentra las mejores tierras agrícolas.

Las rocas carbonatadas pueden ser modeladas por el agua que se infiltra por sus fisuras. Al disolver poco a poco el material, el agua ensancha grietas y cavidades: ese proceso se llama karstificación. El estudio geotécnico reconoce en el término zonas carbonatadas poco o casi nada karstificadas, con sistemas aislados, y otras de karstificación moderada, donde pueden aparecer formas importantes dispersas. En el relieve local también figuran la sima de Baldó, cerca del Carrascalet, y la sima del Cosí, en la sierra de la Fontanella.

Las exploraciones profundas ofrecen otra ventana, más estrecha y concreta, al subsuelo. Tres sondeos incluidos en los registros alcanzaron 210, 230 y 284 metros; su profundidad media fue de 241,3 metros. El agua se anotó a 84,63 metros en El Nogueral, a 30 metros en El Forseguet y a 98 metros en El Nogueral 2. La diferencia entre esos registros muestra que no hay una sola profundidad de agua representativa de todos los puntos. Son mediciones de sondeos determinados, no una línea que pueda trasladarse sin más a cada casa o parcela.

En la superficie, el cambio se reconoce a simple vista: monte pedregoso, campos del piedemonte y vega cultivada. El Vinalopó, además de dar nombre al valle, tuvo un papel práctico en la vida económica. A mediados del siglo XIX su fuerza movía molinos de papel, de aceite y de harina, y fábricas de aguardiente. La geología no explica por sí sola las decisiones de quienes vivieron aquí; sí ayuda a situar las diferencias entre el terreno montañoso y las tierras de cultivo donde se concentró la población.

Restos del forn de calç del Pouet de la Neu, en el paisaje montañoso de Beneixama.

Restos del forn de calç del Pouet de la Neu, en el paisaje montañoso de Beneixama.

Foto: Vicenç Salvador Torres Guerola, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

Molino Rojo, Blanquinal y la primera alquería

La historia humana aparece en puntos separados del término. La primera señal conocida de población se sitúa en el yacimiento eneolítico del Molino Rojo. En Blanquinal hay restos de un posible poblado de la Edad del Bronce, y en Casa Baltasar se encontraron hallazgos romanos. No forman una escena única ni demuestran que cada grupo ocupara el mismo lugar: son huellas de épocas distintas en un paisaje que se extiende desde la sierra hasta la vega.

Durante el periodo musulmán surgió allí una pequeña alquería, con una torre defensiva, vinculada al territorio de Medina Bilyāna, la actual Villena. En 1245, el pacto por el que Jaime I integró la zona en la Corona de Aragón abrió una nueva etapa política. Tres años después, el Llibre del Repartiment mencionó Beneixama y la repoblación a cargo de Pere Ballester y cincuenta colonos cristianos. El asentamiento no quedó al margen de los cambios de fronteras: en 1258 pasó al término de Almizra y más tarde al de Biar, mientras Villena quedaba como tierra castellana.

En 1276, el rey entregó el lugar y la torre a Gil Martí d’Oblites por su lucha contra los musulmanes. Más tarde, las guerras con el Reino de Castilla afectaron gravemente a la villa; en 1448 Alfonso el Magnánimo le concedió el título de villa. La torre y el asentamiento daban forma a un lugar reconocible, pero la condición de villa no lo protegió de las crisis que llegaron después. Beneixama volvería a enfrentarse a una dificultad más radical que un cambio de jurisdicción: quedarse casi sin población.

De las ruinas a la independencia

En 1610, el cronista Escolano describió el lugar como «ruinas». La despoblación tenía varias causas; entre ellas se señala la quema y práctica destrucción durante la Guerra de Sucesión. La secuencia no fue un avance continuo desde la alquería medieval hasta el pueblo actual: hubo una ruptura, y la recuperación necesitó reconstruir vida e instituciones. En 1774 se fundó una iglesia en el solar de la actual ermita de la Divina Aurora, una señal concreta de que Beneixama volvía a asentarse.

La siguiente transformación fue administrativa. En 1777 la localidad obtuvo independencia eclesiástica de Biar. El 14 de diciembre de 1795, por decreto de Carlos IV, logró la separación administrativa y la creación de su propio municipio, con Privilegio de Villazgo. El término municipal incluía entonces Campo de Mirra y Cañada, que se segregaron en 1836. El pueblo que había sido descrito como ruinas volvía así a disponer de instituciones propias, aunque el territorio y sus límites siguieran cambiando.

También cambió el centro construido. El casco urbano empezó al norte de la acequia, en el Carrer de la Séquia, después llamado Cardenal Payá, junto a la ermita que había sido la primera iglesia parroquial. Las calles se prolongaron hacia el secano: Carrer Major, Carrer Nou y Santa Petronila, unidas por calles transversales. La población sumó plazas y, con el tiempo, una nueva iglesia parroquial. La reconstrucción no borró la antigua disposición junto a la acequia; la extendió hacia terrenos de secano.

La acequia y la carretera cambian el pueblo

La iglesia de San Juan Bautista, promovida por Miguel Payá y Rico y construida con ayuda de toda la población, se inauguró en 1841. Su construcción probablemente había comenzado en 1804. La obra enlaza el tiempo de la recuperación institucional con el de una comunidad capaz de levantar un templo mayor, con dos campanarios gemelos y una cúpula central de teja azul. En el siglo XIX, el Vinalopó aportaba además fuerza motriz a los molinos y fábricas, mientras la agricultura mantenía su importancia en la economía local.

Hacia 1870, la construcción de la carretera CV-81 añadió un nuevo eje al crecimiento urbano. El pueblo había comenzado junto a la acequia y se había prolongado hacia el secano; después, la carretera se convirtió en el principal corredor de expansión. Más recientemente, una variante desvió el tráfico de paso. El crecimiento actual se ha dirigido hacia el norte, con calles largas y manzanas rectangulares. En 1908 se producían cereales, hortalizas, aceite y vino; hoy destacan el olivo, la vid y la almendra, junto con algunas industrias.

Así se cierra el arco de Beneixama: desde los indicios dispersos del Molino Rojo, Blanquinal y Casa Baltasar, pasando por la alquería, las ruinas y la repoblación, hasta el municipio que volvió a crecer. La sierra pedregosa y la vega siguen marcando los extremos del paisaje; entre ambos, la acequia, las calles y la carretera cuentan cómo el pueblo encontró y rehízo su lugar. En 2025, Beneixama tenía 1696 habitantes: la antigua localidad de la vega ya no es la alquería ni las ruinas de Escolano, sino un pueblo con un trazado hecho de sucesivas ampliaciones.

Tipos de terreno en Beneixama

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

    Ver ficha
  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

    Ver ficha

Perfil estratigráfico típico

Corte orientativo del subsuelo en Beneixama

Arenas finas y limos 0–5 m
Calizas, Dolomías y Mármoles 5–25 m+

Perfil orientativo basado en tipos de suelo GEODE y espesores típicos CTE


Riesgo sísmico en Beneixama

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2 Escala de Richter
MáxM 2
MediaM 2
Máx Media
Eventos registrados
1
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.5) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2 2021
Último sismo registrado
2021
M 2 · hace 5 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
Estudio geotécnico

¿Necesitas un estudio geotécnico en Beneixama?

Solicita un presupuesto sin compromiso. Te asesoramos sobre el tipo de estudio que necesitas.

  • Estudios firmados por geólogo acreditado
  • Conformes con el CTE y Eurocódigo 7
  • Cobertura en toda España
4,9 / 5

Más de 1000 estudios realizados

Pide presupuesto gratis

Sólo un pasito más...

Contactamos por Whatsapp, teléfono o email, como prefieras.