Estella-Lizarra creció en la curva del Ega y puso su corriente a trabajar
Aymeric Picaud celebró la llegada a Estella-Lizarra y elogió el agua del Ega como «dulce, sana y buena». El río que acompañaba aquella parada de peregrinos también dio forma al emplazamiento urbano, abasteció sus huertas y alimentó sus instalaciones industriales.
Estella. Navarra.
La Harinera de Zaldu, hoy Hotel Tximista, tuvo una presa en el Ega. Aquella instalación, ya desmontada, permite reconocer una relación con el río que iba mucho más allá de contemplarlo desde un puente: su corriente se aprovechaba para trabajar. La ciudad que había recibido peregrinos junto a un gran meandro convirtió también el agua en un recurso industrial. ¿Cómo llegó esa curva del Ega a reunir poblamiento, huertas y aprovechamientos de su corriente?
La respuesta empieza por el emplazamiento. Estella-Lizarra está asentada en un amplio meandro, una curva del río entre las montañas que la rodean. Esa forma del territorio conecta la ciudad medieval con los usos posteriores del agua y con una preocupación actual: gestionar las inundaciones sin perder de vista que el cauce atraviesa el espacio habitado.
Una curva antes que una ciudad
El Ega no atraviesa una llanura sin obstáculos: se abre paso entre las montañas de Estella-Lizarra. Montejurra, Peñaguda, Cruz de los Castillos, Santa Bárbara y Belástegui forman parte del cerco que explica el dicho «Estella la bella, que no la ves hasta que estás en ella». El meandro es el giro del cauce dentro de ese escenario, como una curva que puedes seguir sobre el terreno en lugar de una línea recta.
La forma del valle importa.
La descripción geográfica de la depresión estellesa señala una combinación característica de sus asentamientos: terrenos aptos para cultivar junto a montes que proporcionan pastos, madera, leña y, en ocasiones, defensa. No significa que cada decisión de poblamiento obedeciera exclusivamente al relieve. Sí permite entender que las tierras bajas y las elevaciones próximas ofrecían recursos distintos dentro de un mismo espacio.
En torno a 1090, Sancho Ramírez de Aragón y Pamplona promovió la fundación de Estella cerca del poblado de Lizarrara. El nuevo núcleo estuvo vinculado a la atención de los peregrinos del Camino de Santiago. La iniciativa fue política y jacobea; su desarrollo ocurrió en un emplazamiento concreto, organizado alrededor del Ega y encajado entre alturas. El río no fundó la ciudad, pero formó parte inseparable del lugar donde esta creció.
El peregrino encontraba agua, alimento y acogida
El agua del Ega mereció un elogio propio en la descripción atribuida a Aymeric Picaud. La página histórica municipal recoge sus palabras sobre una Estella «fértil en buen pan, óptimo vino, carne y pescado», además de su valoración favorable del río. Para quien llegaba por el Camino, la acogida incluía necesidades tan concretas como beber, comer y alojarse.
¿Qué ofrecía aquel emplazamiento además de una parada en la ruta? La respuesta aparece tanto en los testimonios medievales como en los usos del territorio. Pedro el Venerable destacó la situación del castillo, la fertilidad de las tierras próximas y la población que lo habitaba. Sus palabras muestran que la posición y los recursos del lugar eran cualidades reconocidas, no solo una lectura actual del paisaje.
El Ega proporciona agua a las huertas y a las zonas ajardinadas de Estella-Lizarra, entre ellas el paseo de Los Llanos. Ese uso documentado ayuda a entender la utilidad de vivir junto al cauce, aunque no autoriza a atribuir al río, por sí solo, toda la prosperidad medieval. La circulación de peregrinos y el crecimiento urbano también fueron decisivos.
Al comenzar el siglo XIII, según la historia municipal, el proceso de crecimiento de la ciudad había terminado. Proliferaron hospitales y albergues destinados a los peregrinos, y Estella se enriqueció con conventos. El Palacio de los Reyes de Navarra, único ejemplo de románico civil de la comunidad, forma parte del patrimonio que hoy acompaña el recorrido por aquella ciudad jacobea.
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Tres presas cambiaron la relación con el Ega
La corriente también tuvo trabajo. El curso del río contó con tres presas de aprovechamiento industrial: la de la Harinera de Zaldu, la situada junto al puente de San Juan y una tercera pasada la iglesia del Santo Sepulcro. Las dos primeras están desmontadas; la tercera continúa en uso y de ella sale un canal de recorrido corto.
¿Para qué intervenir en el cauce si el agua ya pasaba por la ciudad? Las presas y los canales permitían aprovecharla, en vez de limitarse a dejarla circular. Puedes imaginar la diferencia entre una corriente que sigue su camino y otra de la que se separa un recorrido dirigido hacia una instalación. Aquí esa intervención está documentada mediante obras y lugares identificables.
Aguas abajo del barrio de La Merced, otro canal se aparta del Ega, avanza paralelo al río y alimenta una pequeña presa hidroeléctrica en Ordoiz, junto al puente peatonal del Camino de Santiago. La ruta de los peregrinos y el aprovechamiento del agua vuelven así a coincidir físicamente, aunque correspondan a funciones distintas.
La transformación dejó huellas desiguales. Zaldu conserva la referencia de una harinera convertida en hotel; dos presas desaparecieron; otros aprovechamientos permanecen. Si miras el río desde esa perspectiva, los canales y sus desvíos cuentan cómo se adaptó el cauce a necesidades humanas concretas.
El río urbano empieza aguas arriba
El Ega recibe al Urederra dentro del término municipal, en el paraje denominado Puente de la Cadena. Antes de llegar a la ciudad también recibe la regata de Bearin. El agua que ves junto a las calles, por tanto, no depende únicamente de lo que sucede en ese tramo urbano.
Ese cambio de escala es esencial para comprender la gestión actual. El plan municipal de inundaciones contempla los riesgos provocados por el Urederra y, principalmente, por el Ega. Su fase de preemergencia considera aumentos significativos de caudal en las estaciones de aforo situadas aguas arriba de Estella-Lizarra: observar antes lo que puede llegar después.
Vivir junto al agua exige dejar de verla quieta
Estella-Lizarra está catalogada como Área de Riesgo Potencial Significativo de Inundación. ¿Contradice esa condición las ventajas de haberse asentado junto al Ega? No: el abastecimiento, los usos industriales y el riesgo corresponden a relaciones distintas con un mismo río.
El Ayuntamiento dispone de un plan con medidas preventivas y operativas para gestionar las inundaciones. Esa previsión incorpora a la vida urbana una condición física del emplazamiento: el cauce que proporciona recursos también puede presentar crecidas. No hace falta atribuirle una catástrofe concreta para reconocer esa realidad documentada.
La curva del Ega reunió un lugar de acogida, tierras abastecidas por agua y obras que pusieron la corriente a trabajar. Cuando paseas por Los Llanos o cruzas el río, recorres también esa relación prolongada entre el cauce y la ciudad. El Ega sigue pasando.
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