Historia geológica Localidad El Pedroso

El Pedroso, la ermita tras el temblor

En 1755, el terremoto de Lisboa dañó la ermita de la Virgen del Espino, en El Pedroso. La reparación dejó una nueva huella en un edificio que ya llevaba siglos creciendo junto al paisaje serrano.

Un rincón del casco urbano de El Pedroso, escenario de una historia donde la ermita de la Virgen del Espino atravesó varias etapas de transformación.

Un rincón del casco urbano de El Pedroso, escenario de una historia donde la ermita de la Virgen del Espino atravesó varias etapas de transformación.

Foto: Yasoiler-fujixt20, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

La ermita de la Virgen del Espino no salió intacta del terremoto de Lisboa de 1755. El temblor causó daños y, después, el edificio fue reformado y ampliado. Aún puede seguirse esa historia en sus distintas partes: una nave que probablemente se levantó en el siglo XV, una capilla mayor reconstruida y una portada de época posterior. La ermita no desapareció; cambió de forma y continuó en pie.

La Virgen del Espino, antes del terremoto

La nave conserva la escala de una construcción sencilla: un solo espacio dividido en cuatro tramos. Arcos transversales de gran luz descargan en contrafuertes exteriores, y la cubierta tiene estructura de madera a dos vertientes, con ladrillos por tablas. Por sus características, se considera mudéjar y probablemente del siglo XV. Esa datación es aproximada, pero permite situar el edificio varios siglos antes de la sacudida que lo transformaría.

En el muro de la Epístola se conserva también una puerta ojival de ladrillo de la misma época, hoy medio oculta por dependencias añadidas. La ermita ya era, por tanto, un edificio con capas: partes originales y otras incorporadas con el tiempo. El terremoto no inauguró su historia arquitectónica. Intervino sobre una construcción que llevaba generaciones ocupando su lugar.

El sustrato serrano bajo El Pedroso

La historia de la ermita ocurre en un municipio de la Sierra Norte de Sevilla, asentado en un terreno que el estudio geotécnico clasifica principalmente con dos grupos de materiales. El 59,59 % corresponde a granito, gneis y otras rocas ígneas; el 38,63 %, a pizarras y esquistos. Son proporciones de la clasificación municipal, no una identificación de la roca usada en cada edificio.

Granito, gneis, rocas ígneas, pizarras y esquistos nombran materiales distintos, no una piedra única que pueda atribuirse a toda la localidad. La información disponible sitúa así el relato en un sustrato serrano variado, sin precisar la edad ni el origen de esas rocas, ni señalar cuál hay bajo la ermita. La distinción importa: el terreno del municipio da contexto a la historia, pero no basta para afirmar que sus muros se construyeron con una roca concreta.

Las Porrillas conserva huellas más antiguas

Mucho antes de la ermita, el término ya había recibido grupos humanos. En la zona granítica del pago de las Porrillas se han hallado puntas de flecha de sílex, indicio de presencia durante el Paleolítico. El dato vincula una huella humana temprana con un lugar concreto del municipio; no permite, por sí solo, reconstruir cómo vivían aquellas personas ni cuánto tiempo permanecieron allí.

En el mismo entorno también aparecieron piezas de cerámica llamadas crecientes, que documentan grupos del Calcolítico. Entre unas evidencias y otras hay un salto de época, pero ambas muestran que el paisaje pedroseño formó parte de ocupaciones humanas antiguas. Las Porrillas no es la ermita, ni la historia de una explica la otra: juntas sitúan la construcción medieval dentro de una larga presencia humana en el término.

El Pedroso se afirma entre cerros y edificios

La documentación local va acercando el foco al núcleo urbano. Tras la conquista del Reino de Sevilla en 1248, El Pedroso formó parte de la jurisdicción de la Tierra de Sevilla. El primer documento citado sobre un concejo llamado lugar del Pedroso lleva fecha de 11 de junio de 1266: registra una donación de tierras hecha por Alfonso X a Remondo, arzobispo de Sevilla.

En mayo de 1342, según la Crónica de Alfonso XI, el rey pernoctó en el lugar. En 1429, un nombramiento de alcalde del castillo confirma la existencia de una fortificación medieval en el núcleo, en el cerro donde siglos después se construyeron las Escuelas Nuevas. Esas referencias no explican por qué se eligió cada emplazamiento, pero sí dejan ver un pueblo que aparece en documentos, ocupa un cerro y conserva edificios con historias que se prolongan a lo largo de varias épocas.

Casas del núcleo de El Pedroso. El caserío actual acompaña el recorrido desde las primeras huellas humanas del término hasta la historia documentada del pueblo.

Casas del núcleo de El Pedroso. El caserío actual acompaña el recorrido desde las primeras huellas humanas del término hasta la historia documentada del pueblo.

Foto: CarlosVdeHabsburgo, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El terremoto de 1755 cambia la ermita

La secuencia del edificio desemboca en 1755. La información histórica atribuye al terremoto de Lisboa los destrozos que sufrió la ermita de la Virgen del Espino y señala que, a consecuencia de ellos, experimentó reformas y ampliaciones. El episodio pone en contacto una fuerza geológica de gran alcance con una consecuencia local precisa: la necesidad de intervenir en un edificio del pueblo. No se indica qué parte concreta sufrió cada daño.

La reparación no consistió simplemente en volver a dejar todo como estaba. La capilla mayor fue reconstruida y recibió una bóveda semiesférica rematada por una linterna. La bóveda descansa sobre pechinas —elementos que permiten pasar de una planta cuadrada a una cubierta curva— sostenidas por entablamento y pilastras. La descripción permite seguir el resultado arquitectónico: tras los daños, esa parte de la ermita adquirió una configuración nueva.

La capilla mayor y la portada renuevan el conjunto

La obra del siglo XVIII dejó otras señales visibles en la descripción del edificio. La portada principal, situada a los pies de la iglesia, tiene un vano adintelado entre pilastras, rematado por un frontón con una ventana en el tímpano. Sobre esa fachada se alza una espadaña. La capilla reconstruida y la entrada renovada añadieron nuevos rasgos a la nave probablemente mudéjar, sin borrar por completo su estructura anterior.

Así se entiende el desenlace del episodio: el terremoto dañó la ermita, pero no puso fin a su uso ni a su historia. Las reformas y ampliaciones del siglo XVIII prolongaron la vida del edificio. Hoy la nave, la puerta ojival, la capilla mayor y la portada pertenecen a momentos distintos de una misma construcción, reunidos en un conjunto cuya forma guarda la memoria de aquellos cambios.

La piedra trabajada y el esfuerzo de los pedroseños

Frente a la fachada principal se encuentra el crucero, una obra de piedra fechada hacia 1540. Se levanta sobre cinco escalones y un pedestal; su astil estriado termina en un chapitel de grutescos y una cruz con un Crucificado en una cara y la Piedad en la otra. Una limpieza reciente hizo aflorar el color natural de la piedra. La descripción identifica el material del crucero, pero no permite relacionarlo con los tipos de roca clasificados para todo el municipio.

También el retablo mayor cuenta una historia de cambios. La talla encargada a Juan de Oviedo desapareció en Sevilla; por ello se contrató a Luis de Baias para realizar el retablo en 1721. Las aportaciones de los pedroseños devotos de la Virgen hicieron posible la obra, y Jerónimo Delgado, vecino de la villa, fue contratado para dorarla en 1730. El retablo, el crucero y la ermita muestran distintas maneras de renovar el lugar: una por reparación, otra por trabajo artístico y otra con el apoyo de la comunidad.

El temblor dejó daños, pero el resultado no fue el abandono de la Virgen del Espino: fue una ermita transformada, con una capilla mayor reconstruida y nuevas formas junto a las partes más antiguas. En El Pedroso, la historia de la piedra no se lee solo en los nombres del sustrato serrano, sino también en los edificios que resistieron el paso de los siglos y fueron cambiando con quienes los mantuvieron.

Tipos de terreno en El Pedroso

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Granito, Gneis y rocas ígneas
    Neutro

    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

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  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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