Historia geológica Localidad Calafell

Calafell, del cerro a la arena

El castillo corona el cerro donde nació el núcleo medieval, mientras la playa cuenta otra historia: la de una comunidad marinera que acabó compartiendo su orilla con el turismo. Entre ambos paisajes, el subsuelo de Calafell reúne materiales muy distintos.

El castillo de Calafell corona el cerro donde se formó el núcleo medieval del pueblo.

El castillo de Calafell corona el cerro donde se formó el núcleo medieval del pueblo.

Foto: Deosringas, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

Calafell no creció de una sola vez ni alrededor de un único centro. Su historia local se lee en el cambio de escenario: primero, el cerro del castillo; después, el núcleo que se extendió bajo él; más tarde, la franja de playa y, desde mediados del siglo XX, Segur. La gente transformó el modo de ocupar el término, pero el terreno permaneció como soporte de cada etapa. En ese recorrido, la costa pasó de ser lugar de trabajo para pescadores a convertirse en el principal foco turístico, y esa transformación tuvo un precio visible para la cultura marinera.

El cerro conserva las primeras capas

Mucho antes del castillo medieval, el mismo emplazamiento ya había atraído a sus habitantes. La primera población conocida de Calafell se construyó allí durante la segunda mitad del siglo VI antes de nuestra era. Fue un asentamiento ibérico, abandonado en el siglo I antes de nuestra era. Sus restos todavía pueden visitarse en la Ciudadela Ibérica, y en el mismo lugar se levantó posteriormente una gran domus romana, perteneciente a una familia patricia. El cerro no guarda una única ciudad intacta: conserva la huella de ocupaciones distintas, separadas por siglos y por cambios en la manera de vivir.

En la Edad Media, el núcleo volvió a afirmarse en esa altura. El castillo aparece documentado por primera vez en 1037, y el Ajuntament sitúa allí el origen del Calafell actual. Bajo el cerro, el poblado se extendió hasta formar el núcleo del pueblo. En 1037 la zona quedó dividida entre el monasterio de Sant Cugat y Bernat Otger, señor de Castellet; en 1076 el castillo y el término de Castellet pasaron a Ramón Berenguer I, que los compró por 800 marcos de oro. Esos cambios de dominio no borraron el punto de referencia: la fortaleza siguió marcando el centro del asentamiento.

Las excavaciones en el entorno del castillo ampliaron la historia más allá de las murallas. Allí aparecieron enterramientos, espacios para almacenar alimentos, restos de edificios anteriores y vestigios del paso de vehículos. La restauración del interior fue seguida por trabajos arqueológicos extramuros; aquellos hallazgos llevaron a considerar que el contorno también debía conservarse y mostrarse como yacimiento. Así, el castillo dejó de ser solo una construcción aislada en la cima: el terreno que lo rodea reveló actividades cotidianas y edificios que habían quedado bajo las capas posteriores. El resultado es un parque arqueológico que protege un paisaje habitado durante épocas diferentes.

Un subsuelo de carbonatos, gravas y fangos

La historia del cerro y de la costa transcurre sobre un término municipal de 20 kilómetros cuadrados cuyo subsuelo no es uniforme. La clasificación geotécnica disponible distingue tres conjuntos: calizas, dolomías y mármoles, que representan el 43,75 %; gravas y arenas compactas, el 37,50 %; y fangos y turbas deltaicos, el 18,75 %. Son materiales diferentes, no tres nombres para una misma clase de suelo. La relación describe el conjunto de Calafell, no asigna una litología concreta al castillo, a la playa o a cada edificio.

Las calizas, dolomías y mármoles son rocas carbonatadas. En ellas, el agua puede disolver lentamente parte de la roca y ampliar huecos; con el tiempo, esos vacíos pueden dar lugar a procesos kársticos. El estudio geotécnico señala áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales en materiales carbonatados. También caracteriza determinadas formaciones como generalmente extensas y de baja permeabilidad, aunque pueden albergar en profundidad acuíferos más permeables y productivos. La información importa porque muestra que el terreno tiene comportamientos distintos: una roca carbonatada, una grava compacta y un fango deltaico no ofrecen las mismas condiciones cuando se excava o se construye.

Ese mosaico no explica por sí solo por qué los habitantes se instalaron primero en el cerro o por qué después bajaron hacia el mar. Sí permite entender que la historia urbana se desarrolla sobre una base geológica variada, y que los riesgos y condiciones del subsuelo deben leerse a la escala correcta. En el relato de Calafell, el relieve reconocible lo forman el cerro del castillo y la franja litoral; las categorías geotécnicas describen los materiales del término, mientras que las decisiones de residencia, pesca y urbanización pertenecen a la historia de sus comunidades.

La vida se acerca a la orilla

Durante siglos, el pueblo se concentró junto al cerro. Las crisis también dejaron su marca en la población: entre 1388 y 1553, los fuegos registrados pasaron de 44 a 21, en un periodo afectado por plagas y guerras. Con una economía agrícola, la falta de mano de obra dificultó la recuperación; el crecimiento demográfico no se hizo notar hasta el siglo XVIII. El cambio de lugar llegó entonces poco a poco. A finales de ese siglo empezaron a asentarse pescadores junto al mar, y con ellos nació el núcleo de la playa. Calafell pasó a tener dos centros de vida: el pueblo y la costa.

La pesca se apoyaba en aguas poco profundas y en tareas que ocupaban la propia playa. Allí se varaban las embarcaciones y se limpiaban las redes. La orilla era, por tanto, más que un borde entre tierra y mar: era parte del espacio de trabajo de los pescadores. La economía tradicional combinaba pesca y agricultura de secano, con la viña como cultivo principal, seguida por cereales y olivos. Durante el siglo XVII, la pesca había sido una fuente importante de ingresos. La imagen de un barco en el puerto actual recuerda esa continuidad marinera, aunque el paisaje y los usos de la costa ya no sean los mismos.

La barca Francisca, en el puerto de Segur de Calafell, recuerda la continuidad de la tradición marinera del municipio.

La barca Francisca, en el puerto de Segur de Calafell, recuerda la continuidad de la tradición marinera del municipio.

Foto: Juan Emilio Prades Bel, CC BY 4.0 — commons.wikimedia.org

El turismo cambia las reglas de la playa

La transformación se aceleró en la década de 1960, cuando el turismo empezó a desarrollarse con fuerza en Calafell playa. La pesca fue siendo sustituida por esa nueva actividad, y la presión sobre el territorio aumentó. Se construyeron grandes edificios en primera línea de mar y el paisaje cambió. La tensión no era abstracta: los pescadores encontraban cada vez más difícil trabajar en la playa, varar allí sus barcos o limpiar las redes. El espacio que había servido para faenar pasó a competir con otros usos, ligados a la expansión turística.

El cambio dejó una huella concreta en las casas y en las embarcaciones. Hoy quedan menos de cinco antiguas casas de pescadores, protegidas, y hay pocos barcos pesqueros que continúan saliendo a aguas poco profundas. La actividad no desapareció por completo, pero perdió el lugar central que había tenido. Carlos Barral, editor y poeta residente en Calafell, denunció junto con organizaciones ecologistas los impactos ambientales y paisajísticos del crecimiento urbanístico. En la costa, el conflicto entre la vida marinera y la urbanización terminó con menos espacio cotidiano para las faenas tradicionales y con parte de ese patrimonio preservado bajo protección.

Segur abre un tercer centro

Mientras cambiaba la playa, otra expansión alteraba el mapa municipal. En 1947 empezó a desarrollarse Segur de Calafell sobre la finca conocida como Quinta o Cuadra de Sant Miquel de Segur, a partir de un proyecto de ciudad jardín y una urbanización de vacaciones. La creación de un apeadero de tren dio impulso al proyecto en una época en que no todo el mundo tenía coche. Al principio, muchas viviendas se ocupaban durante las vacaciones; con el tiempo, algunos propietarios se establecieron allí todo el año. El nuevo núcleo no nació de la pesca ni del antiguo asentamiento del cerro, sino de una forma distinta de organizar la residencia y el acceso al municipio.

Segur fue ganando población hasta convertirse en el núcleo más poblado de los tres. La urbanización de vacaciones adquirió un perfil más residencial, y el crecimiento municipal hizo aparecer numerosas urbanizaciones dispersas por el término. Calafell quedó repartido entre el pueblo, la playa y Segur: tres centros con historias y usos distintos. La estación, que había ayudado a poner en marcha la urbanización, conectó ese nuevo paisaje residencial con una movilidad que antes dependía más del acceso por carretera o de la cercanía al mar.

Al volver la mirada al cerro, el castillo ya no parece el único origen de Calafell, sino el primero de varios centros que el municipio fue sumando. Abajo, la arena conserva el recuerdo de una costa de trabajo, aunque el turismo haya reordenado sus usos; en Segur, la urbanización que comenzó como destino vacacional terminó siendo hogar permanente para muchos. El desenlace no fue la desaparición completa de la pesca ni la permanencia intacta del pueblo antiguo: fue un municipio de tres núcleos, con una actividad marinera reducida y protegida en parte, y una costa transformada por el turismo. Bajo esa historia humana siguen conviviendo rocas carbonatadas, gravas, arenas y sedimentos deltaicos.

Tipos de terreno en Calafell

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Fangos y Turbas (Deltaicos)
    Peligro

    Fangos y Turbas (Deltaicos)

    Suelos del periodo holoceno, subconsolidados, lodos fluyentes color negro con fortísimo componente orgánico, a veces en formato vegetal puro putrefacto (turbas). El fango se comprime un 50% de volumen

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