Historia geológica Localidad Alqueria de la Comtessa

Alqueria de la Comtessa, dos alquerías y un traslado

Al sur del pueblo, el Mont Rabat se eleva sobre una llanura atravesada por barrancos. En ese paisaje, dos antiguos núcleos rurales acabaron siguiendo caminos distintos: uno de ellos se despobló y sus habitantes pasaron a l’Alqueria Nova.

La ermita de San Miguel Arcángel, entre la vegetación y el relieve de Alqueria de la Comtessa.

La ermita de San Miguel Arcángel, entre la vegetación y el relieve de Alqueria de la Comtessa.

Foto: 19Tarrestnom65, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Alqueria de la Comtessa reúne, en pocos kilómetros, una llanura baja y un cerro que alcanza los 177 metros en el Mont Rabat. El pueblo se encuentra a unos 25 metros sobre el nivel del mar; hacia el barranco de Beniteixir, el término desciende hasta los 15. Esa diferencia de alturas ofrece una primera orientación para recorrer la historia local: el relieve es modesto, pero el territorio no es uniforme. A lo largo de los siglos, las comunidades rurales se organizaron y cambiaron dentro de ese paisaje.

El Mont Rabat, una huella antigua

Sobre el Mont Rabat, en el entorno de los términos actuales de Alqueria de la Comtessa, Rafelcofer y La Font d’en Carròs, existió un asentamiento ibérico que se habría desarrollado desde el siglo V a. C. La montaña enlaza así el nombre del lugar con una historia anterior a la formación del municipio moderno. No se trata de decir que aquel asentamiento fuera ya el pueblo actual: la huella pertenece a un territorio compartido y a otra época.

Más tarde, el territorio conoció nuevos asentamientos romanos. Entre ellos destaca Rafalatar, identificado como una villa romana de cierta importancia. Su ubicación habría favorecido las comunicaciones entre Valentia, Dianium —la actual Dénia— y Saetabis —la actual Xàtiva—. La referencia convierte el entorno en algo más que un fondo: el territorio formaba parte de un espacio recorrido y comunicado, aunque los datos no sitúan Rafalatar dentro del núcleo actual de Alqueria de la Comtessa.

Entre aquellas huellas antiguas y la historia del pueblo de hoy hay una diferencia de escala que el paisaje ayuda a mantener presente. El Mont Rabat pertenece al término compartido por varias localidades; la villa romana, al territorio; y el municipio actual tiene una trayectoria propia, documentada mucho después. Mirar el relieve no borra esas diferencias. Permite seguir el escenario donde se sucedieron, sin convertir cada vestigio en una pieza del mismo asentamiento.

La llanura y los materiales del término

La mayor parte de la superficie municipal es llana. De oeste a este la cruza el barranco de Palmera, mientras que la referencia al de Beniteixir sitúa el punto más bajo del término. Son rasgos concretos de un paisaje de poca pendiente en buena parte de su extensión, con el Mont Rabat como excepción destacada. Los cauces y las cotas describen la forma del territorio; no indican por sí solos cuándo se formó ni qué proceso originó cada rasgo.

El estudio geotécnico de Alqueria de la Comtessa registra arenas finas y limos en la categoría de suelos. Son nombres de materiales sedimentarios diferenciados por el tamaño de sus partículas, no nombres de una roca concreta. Esta caracterización ofrece una presencia material al relato: bajo la escala del término municipal figuran esos sedimentos. La información disponible no los asigna a una construcción particular ni explica su origen geológico, así que el relieve y la clasificación del suelo son las claves locales que se pueden describir sin confundirlas.

La agricultura ha sido una base de la economía. La superficie cultivada ocupa la mayor parte del término; en el secano se plantan olivos y algarrobos, y en el regadío, que cubre la mayor parte del terreno cultivado, destaca la naranja. Esa vida agrícola pertenece al paisaje de la llanura, aunque la información disponible no establece que un material concreto del subsuelo explique por sí solo la distribución de los cultivos. La geografía local aparece aquí como marco de trabajo, no como una causa automática.

La ermita de San Miguel Arcángel y el molino de arroz, fechado en 1850, forman parte del patrimonio local. También la iglesia de los santos Pedro y Pablo, terminada en 1909 sobre el solar de otra anterior, deja ver una continuidad de lugares y usos. Son hitos de épocas distintas dentro del municipio; no hace falta atribuirles un material geológico específico para reconocer cómo se ha ido construyendo la historia local.

Una vista más cercana de la ermita de San Miguel Arcángel, uno de los hitos patrimoniales del municipio.

Una vista más cercana de la ermita de San Miguel Arcángel, uno de los hitos patrimoniales del municipio.

Foto: 19Tarrestnom65, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Dos alquerías toman caminos distintos

En la Edad Media aparecen dos núcleos diferenciados: l’Alqueria de la Comtessa y l’Alqueria dels Frares, también conocida como Alqueria Vella. El propio término alqueria, de origen árabe, designaba un núcleo rural o una explotación agrícola. El nombre conserva la memoria de una forma de poblamiento y ayuda a entender por qué la historia local no empieza con un único centro urbano, sino con varias comunidades rurales relacionadas con el territorio.

L’Alqueria dels Frares estaba vinculada al monasterio de Sant Jeroni de Cotalba. En 1411, según la base de datos de señoríos históricos valencianos de la Universitat de València, Arnau Roger donó esa alquería al monasterio. La relación señorial aparece aquí como parte de la historia de los núcleos, no como una transformación del relieve. Mientras tanto, el desarrollo de l’Alqueria de la Comtessa se relaciona con Beatriu d’Urrea y con el condado de Oliva.

La tensión entre los dos lugares no fue una disputa documentada, sino una diferencia de trayectoria: uno perdió población y el otro se convirtió en destino de sus habitantes. La despoblación de l’Alqueria dels Frares favoreció el traslado al núcleo de l’Alqueria Nova. La incorporación de la primera a la segunda se sitúa en 1562. El cambio reorganizó el poblamiento: el nombre de un núcleo quedó ligado a una comunidad que se desplazó y a otra que la recibió.

1562: l’Alqueria Nova recibe a sus vecinos

La fecha permite seguir el cambio sin confundirlo con otros episodios posteriores. En 1562 se sitúa la incorporación de l’Alqueria dels Frares a l’Alqueria Nova, en el contexto de una despoblación que favoreció el traslado de sus habitantes. Al año siguiente, en 1563, el conde de Oliva figura como señor de l’Alqueria de la Comtessa, l’Alqueria dels Frares y Rafelcofer. Los tres nombres aparecen unidos en el marco señorial, aunque cada uno conserva su lugar en la cronología.

El traslado no fue una variación del terreno: fue un cambio humano sobre el territorio. La llanura, el Mont Rabat y los barrancos describen el escenario; la incorporación explica qué ocurrió con dos núcleos concretos. Leída de este modo, la historia no convierte las formas del paisaje en una causa que las fuentes no atribuyen. Permite, en cambio, observar que la geografía municipal y la organización de sus asentamientos son dos dimensiones de una misma historia local.

De la expulsión a la carta de población

En 1609, la expulsión de los moriscos afectó profundamente al poblamiento de numerosos municipios valencianos. Dos años después, el 24 de mayo de 1611, Carles de Borja i Centelles, duque de Gandia y conde de Oliva, otorgó una carta de población a Alqueria de la Comtessa. El documento establecía las condiciones para el asentamiento de nuevos pobladores. La secuencia sitúa la carta en una etapa de reorganización, sin confundirla con el traslado de 1562, ocurrido casi medio siglo antes.

La carta es un desenlace concreto para aquel momento: fijó condiciones para que nuevos pobladores se asentaran en el municipio. No borró las etapas anteriores, ni convirtió en una sola historia los destinos de todos los núcleos. La localidad continuó formando parte de los dominios de los duques de Gandia y los condes de Oliva, mientras la agricultura seguía siendo una de las bases de su economía y de su organización social.

Más adelante, en 1773, el municipio dejó de depender eclesiásticamente de la parroquia de Rafelcofer. Durante la Guerra Civil, entre 1936 y 1939, tuvo temporalmente el nombre de l’Alqueria de les Milícies; después recuperó el tradicional. En 2001 el Ayuntamiento solicitó la denominación valenciana y el cambio fue aprobado en 2002. Son nuevos cambios de organización y de nombre, distintos del desplazamiento medieval de población, pero muestran cómo la identidad municipal se fue precisando con el tiempo.

La historia del traslado conserva un resultado reconocible: l’Alqueria dels Frares perdió población y quedó incorporada a l’Alqueria Nova, mientras el municipio siguió su propia trayectoria hasta la actual l’Alqueria de la Comtessa. Bajo esa historia humana permanece un término de llanura, barrancos y materiales sedimentarios, con el Mont Rabat elevándose al sur. El paisaje no explica cada decisión; sí devuelve a cada una su escala y su lugar.

Tipos de terreno en Alqueria de la Comtessa

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

    Ver ficha
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