Historia geológica Localidad Barxeta

Barxeta, seis arcos para cambiar los campos

En el siglo XVIII, una balsa, varias acequias y un acueducto de seis arcos llevaron el riego a campos de Barxeta que hasta entonces eran yermos. La obra del marqués de Valderas forma parte de una historia en la que el valle y sus materiales acompañaron cambios sucesivos en la agricultura.

La fuente en la plaza junto a la iglesia de Barxeta sitúa la historia en el núcleo del pueblo. La imagen actual acompaña un relato sobre las distintas formas de conducir y aprovechar el agua.

La fuente en la plaza junto a la iglesia de Barxeta sitúa la historia en el núcleo del pueblo. La imagen actual acompaña un relato sobre las distintas formas de conducir y aprovechar el agua.

Foto: 19Tarrestnom65, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El valle de Barxeta no es una llanura abierta. Lo forman una hondonada y un conjunto de montículos y lomas; hacia el oeste se abre a la huerta de Játiva. En el siglo XVIII, el marqués de Valderas hizo de ese paisaje el escenario de una intervención decisiva: mandó construir una enorme balsa y enlazó un sistema de acequias con un acueducto de seis arcos. Los campos que hasta entonces eran yermos recibieron riego. La transformación fue concreta: cambió el agua disponible para cultivar y, con ella, las posibilidades de trabajar una parte del término.

El valle entre lomas y barrancos

Las alturas dibujan el contorno de esta hondonada. Por el norte se alza la serreta de Manuel, con la Barxella y la Penya Roja; por el este, el macizo del Mondúver y el pla de Corrals; al sur, la sierra de Requena, prolongación de la Sierra Grossa. El riachuelo de Barxeta recorre y drena el valle de levante a poniente. La forma del terreno y el curso del agua dan escala al episodio agrícola: la obra del marqués se inscribe en un término de lomas, campos y un valle recorrido por un riachuelo.

También bajo ese paisaje hay variedad. La clasificación geotécnica municipal recoge calizas, dolomías y mármoles, y también gravas y arenas compactas; registra además yesos, anhidrita y sales. No es una sola clase de sustrato extendida por todo Barxeta, sino un conjunto de materiales distintos dentro del término. Esa diversidad se asoma a la historia local por más de una puerta: en el mármol de Buscarró hubo un recurso para tallar, mientras que el relieve del valle ofrece el marco donde se desarrollaron las obras de riego. No hace falta atribuir a una roca concreta la ubicación de la balsa para ver cómo terreno y actividad humana se encuentran en esta historia.

Buscarró: mármol para dejar huella

En la partida de Buscarró, el mármol tuvo un recorrido que fue más allá del propio término. La mayoría de las lápidas y esculturas del Ager Saetabensis se labraron con mármol de allí. La piedra local pasó así a ser materia de memoria: trabajada y convertida en objetos que señalaban personas y acontecimientos. El dato importa porque pone nombre a un material del paisaje y a una labor humana concreta, sin confundirlo con las otras rocas que se encuentran en el municipio.

Barxeta conserva también huellas de ocupaciones antiguas en sus montes. Durante la Edad del Bronce y la época ibérica hubo pequeños poblados de ganaderos; en Casa Perot se encontraron cerámicas y joyas. En el Barranc del Llop se conserva un monumento funerario romano. Son rastros distintos, de épocas y lugares distintos, que ayudan a seguir la relación duradera entre la gente y el término: unos dejaron objetos y un monumento; otros aprovecharon el mármol de Buscarró. La historia de la balsa llegará mucho después, pero no comienza en un paisaje sin habitantes ni usos.

La balsa del marqués de Valderas

En el siglo XVIII, diversos burgueses promovieron transformaciones agrícolas en Barxeta. La más destacada fue la impulsada por el marqués de Valderas. La intervención comenzó con una gran balsa y se completó con acequias y un acueducto de seis arcos. El propósito y el resultado están unidos en el relato local: el sistema consiguió regar una zona de campos que hasta entonces permanecía yerma. En vez de una modificación menor de un cultivo, fue una obra que amplió la superficie a la que podía llegar el riego.

La balsa organizaba el agua; las acequias permitían conducirla, y el acueducto formaba parte de ese recorrido. Esa es la secuencia que cuenta la obra, sin que haga falta imaginar el trazado exacto de cada canal. La geografía de Barxeta —un valle entre elevaciones y drenado de este a oeste— proporciona el escenario local. El sistema técnico y el cambio agrícola, en cambio, sí están expresamente documentados: una infraestructura promovida por el marqués permitió cultivar campos que antes no recibían riego. Los seis arcos condensan esa intervención en una forma reconocible, pero el cambio decisivo fue que el agua alcanzó una nueva zona de cultivo.

El centro parroquial de Barxeta, en una calle del núcleo actual. Una vista del pueblo acompaña el recorrido desde las huellas antiguas hasta las transformaciones agrícolas.

El centro parroquial de Barxeta, en una calle del núcleo actual. Una vista del pueblo acompaña el recorrido desde las huellas antiguas hasta las transformaciones agrícolas.

Foto: 19Tarrestnom65, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Seis arcos en una historia de agua

Un acueducto es una obra para conducir agua; en Barxeta se documenta uno de seis arcos integrado en el sistema que regó los campos. La cifra permite imaginar una construcción de varios vanos, pero no autoriza a situarla en un punto concreto del valle ni a describir qué obstáculo cruzaba. Lo que sí se conoce es su función dentro de la transformación: junto con la balsa y las acequias, formó parte de una infraestructura que hizo llegar el riego a tierras hasta entonces yermas.

Ese resultado es el desenlace de la intervención del siglo XVIII. No se trata de afirmar que toda la agricultura del término cambiara de una vez, ni de atribuir el proyecto a una propiedad o a una necesidad que no constan. La consecuencia documentada es más precisa: una zona antes yerma pudo ser regada. El episodio muestra cómo una decisión humana y una obra hidráulica alteraron el uso agrícola de una parte del valle, dentro de un paisaje cuya forma estaba marcada por lomas y por el curso del riachuelo de Barxeta.

Del secano a los pozos a motor

En el siglo XIX, el paisaje agrícola volvió a cambiar. Prosperaron las viñas y otros cultivos de secano, en un término donde la propiedad estaba muy mal repartida. El riego de la obra anterior no borró el secano de la historia local: las dos formas de cultivo aparecen en etapas distintas del recorrido. Así, Barxeta no pasa de golpe de un paisaje yermo a uno completamente regado; el relato conserva una mezcla de transformaciones y aprovechamientos que se suceden a través del tiempo.

En ese mismo siglo comenzaron a perforarse pozos a motor. Favorecieron la expansión del naranjo sobre antiguos secanos, un fenómeno que, según la fuente local, se ha prolongado hasta nuestros días. La nueva etapa añadió otra forma de obtener agua para cultivar. La balsa, las acequias y el acueducto habían dado riego a una zona de campos; más tarde, los pozos a motor facilitaron el avance de los naranjos sobre tierras de secano. No son la misma obra ni el mismo momento: juntos, explican una larga transformación agrícola del término.

El centro parroquial de Barxeta, en una calle del núcleo actual. Una vista del pueblo acompaña el recorrido desde las huellas antiguas hasta las transformaciones agrícolas.

La piedra y el agua dejan dos hilos locales que no deben confundirse. El mármol de Buscarró fue labrado para lápidas y esculturas del Ager Saetabensis; la infraestructura del marqués de Valderas transformó campos yermos mediante el riego. A escala municipal, las calizas, dolomías, mármoles y sedimentos recogidos en el estudio geotécnico dan presencia al sustrato, pero no identifican por sí solos el material de cada construcción histórica. En Barxeta, el registro de materiales y la historia del trabajo agrícola se encuentran en el mismo término, cada uno con su evidencia propia.

La secuencia llega hasta el avance del naranjo sobre antiguos secanos, favorecido por los pozos a motor. Esa es la huella más prolongada que recoge el relato agrícola: primero una obra que regó campos antes yermos; después, nuevas perforaciones que ampliaron el cultivo. En el valle de Barxeta, los seis arcos cuentan el comienzo de una transformación, no su último capítulo.

Tipos de terreno en Barxeta

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Fangos y Turbas (Deltaicos)
    Peligro

    Fangos y Turbas (Deltaicos)

    Suelos del periodo holoceno, subconsolidados, lodos fluyentes color negro con fortísimo componente orgánico, a veces en formato vegetal puro putrefacto (turbas). El fango se comprime un 50% de volumen

    Ver ficha

Riesgo sísmico en Barxeta

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2 Escala de Richter
MáxM 2
MediaM 1.8
Máx Media
Eventos registrados
3
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.5) ocurre aprox. cada 10 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2 2020
  • 2 M 1.8 2023
  • 3 M 1.6 2011
Último sismo registrado
2023
M 1.8 · hace 3 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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