Historia geológica Localidad Alpera

Alpera, las paredes que conservaron el trazo

En las cuevas de Alpera, dos comunidades separadas por milenios dejaron imágenes con lenguajes distintos. La historia de esas pinturas continúa en el paisaje y en los lugares del pueblo que las recuerdan.

El Pozo de Nieve de Alpera, una construcción patrimonial que forma parte de las huellas históricas conservadas en el municipio.

El Pozo de Nieve de Alpera, una construcción patrimonial que forma parte de las huellas históricas conservadas en el municipio.

Foto: Daniel.megias, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En Alpera, el rastro de quienes vivieron aquí mucho antes de que existiera el pueblo no aparece en una crónica escrita. Está en las pinturas rupestres de la cueva de la Vieja, la cueva del Queso y los Carasoles del Bosque I y II. Sus autores pertenecieron a grupos de épocas distintas: unos cazaban y recolectaban; otros formaban parte de comunidades productoras. Entre sus imágenes y nosotros se extiende una distancia de miles de años, pero las cuevas conservaron una huella capaz de enlazar esas vidas con la Alpera actual.

Las cuevas abren dos tiempos

La primera etapa conocida en este relato corresponde al arte levantino figurativo, vinculado a los últimos grupos cazadores-recolectores. La referencia cronológica aportada para estas expresiones es de unos 10.000 años antes del presente. Después llegaron las manifestaciones esquemáticas, asociadas a grupos productores neolíticos y situadas en torno a 6.500 años antes del presente. No son dos nombres para una misma forma de pintar: la distinción señala un cambio de lenguaje y de comunidad a lo largo del tiempo.

La cueva de la Vieja ocupa un lugar destacado en la historia local, pero no está sola. La acompañan la cueva del Queso y los dos Carasoles del Bosque. Al nombrarlas juntas, Alpera aparece como un conjunto de estaciones rupestres, no como una única imagen aislada. Las cuevas son el escenario material de esa memoria; las pinturas, en cambio, son la acción humana que permite seguir a quienes las usaron. El terreno ofreció espacios donde quedaron expresiones que hoy relacionamos con sus creencias.

Un subsuelo de carbonatos y gravas

También bajo el término municipal hay una historia de materiales. La clasificación geotécnica de Alpera incluye calizas, dolomías y mármoles como categoría principal, con un 65,22 %; las gravas y arenas compactas representan un 19,87 %. Son grupos distintos: las rocas carbonatadas forman parte del sustrato rocoso, mientras que las gravas y arenas son materiales sueltos o compactados. Esta descripción municipal sirve para reconocer el marco del terreno, no para asignar una composición concreta a cada cueva o pared pintada.

El estudio señala zonas con karstificación en formaciones carbonatadas y yesíferas. Karstificación es el proceso por el que el agua disuelve lentamente ciertos materiales, ensanchando fisuras y pudiendo formar cavidades; el estudio también registra áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales. Así se entiende una tensión propia de algunos sustratos: el agua puede abrir huecos en una roca que, vista desde fuera, parece continua. Es un proceso relevante para el paisaje de Alpera, aunque no determina por sí solo cómo se formó cada una de las cuevas de la historia rupestre.

La geología municipal añade otros contrastes: junto a esos carbonatos aparecen materiales yesíferos, gravas y arenas, y también arenas finas y limos. No hace falta convertir esa diversidad en un catálogo para percibir su importancia. El suelo bajo un municipio no es una superficie uniforme; reúne materiales con comportamientos distintos. Para la historia de las pinturas, la idea esencial es más sencilla: las cuevas forman parte de un territorio con sustratos variados y con procesos capaces de modificar la roca a escalas de tiempo largas.

Dos lenguajes, separados por milenios

En las pinturas levantinas, la expresión es figurativa; en las esquemáticas, abstracta. La diferencia permite seguir el cambio sin imaginar escenas que no están documentadas. Los cazadores-recolectores y los grupos productores no fueron una sola comunidad que permaneciera inmutable: el dosier los sitúa en etapas diferentes y relaciona cada una con un tipo de manifestación. En Alpera, ambas formas de expresión quedaron asociadas a estaciones rupestres que hoy ayudan a contar esa larga transformación humana.

Una cueva no es solo un hueco en el terreno. En esta historia, es también el lugar que hizo posible que una expresión humana perdurase y llegara a ser reconocida mucho después. Las pinturas no explican por sí solas la vida cotidiana de sus autores, pero sí permiten acercarse a una dimensión de sus creencias. La huella es limitada y, a la vez, excepcional: conecta la historia de comunidades prehistóricas con un lugar concreto que todavía lleva sus nombres.

La relación entre subsuelo y memoria pide mantener juntas dos escalas sin confundirlas. El estudio geotécnico describe materiales y procesos para el conjunto municipal; las estaciones rupestres identifican lugares concretos de presencia humana. En el paisaje de Alpera coinciden ambas historias, pero los datos disponibles no convierten una clasificación del término en la explicación directa de las paredes pintadas. La geología aporta el escenario y sus procesos; la arqueología, el rastro de quienes dejaron allí sus imágenes.

En el centro de Alpera, dos monumentos están dedicados a la pintura rupestre. Uno, realizado por la población, se levantó en 1989 en homenaje al pintor prehistórico. El otro, obra de Alexandre Grimal Navarro en 1991, se inspira en la cueva de la Vieja.

La fuente de la plaza del Ayuntamiento aporta una vista del espacio urbano actual de Alpera, donde el arte rupestre también se recuerda mediante monumentos.

La fuente de la plaza del Ayuntamiento aporta una vista del espacio urbano actual de Alpera, donde el arte rupestre también se recuerda mediante monumentos.

Foto: 19Tarrestnom65, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Las cuevas están fuera del presente cotidiano del pueblo; estos monumentos trasladan su recuerdo a dos puntos céntricos y hacen que el pasado prehistórico forme parte también de la vida pública local.

De la cueva de la Vieja al reconocimiento

El descubrimiento moderno de la cueva de la Vieja tiene una fecha y un nombre: el maestro Pascual Serrano Gómez la descubrió el 15 de diciembre de 1910. Poco después, Henri Breuil descubrió la cueva del Queso y los Carasoles del Bosque I y II. La distancia entre las pinturas y esos descubrimientos es enorme; sin embargo, desde entonces las estaciones pudieron incorporarse a la historia documentada de Alpera. La cueva dejó de ser únicamente un lugar con pinturas y pasó a ser, además, una referencia reconocida de la presencia humana prehistórica en el territorio.

El reconocimiento patrimonial fue llegando en fechas distintas. La cueva de la Vieja fue declarada bien de interés cultural en 1924 y la cueva del Queso obtuvo esa condición en 1997. En 1998, la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad el Arte Levantino dentro del conjunto denominado Arte rupestre del arco mediterráneo de la península ibérica. Esa denominación agrupó también otras expresiones presentes en el ámbito, entre ellas el arte esquemático. Así, el relato local de distintas cuevas y épocas quedó vinculado a un reconocimiento de mayor alcance.

Las pinturas siguen siendo la huella que sostiene esta historia; los hallazgos y las declaraciones patrimoniales cambiaron la manera de nombrarla y protegerla. En Alpera, el desenlace no fue que desapareciera la distancia entre aquellos grupos y nosotros, sino que sus expresiones encontraron un lugar en la memoria compartida: en las cuevas, en el patrimonio reconocido y en los monumentos del centro. Bajo ellas, el sustrato conserva sus propias transformaciones lentas. Sobre él, los trazos prehistóricos mantienen abierta una conversación entre dos tiempos humanos.

El Pozo de Nieve, otra huella en el paisaje

Alpera conserva además el Pozo de Nieve, señalado como bien de interés cultural y como ejemplo de arqueología industrial de Castilla-La Mancha. No pertenece a la misma época que las pinturas ni explica su origen, pero recuerda que el territorio ha seguido reuniendo huellas de actividades humanas muy diferentes. La localidad conserva así testimonios que van desde expresiones prehistóricas hasta construcciones de épocas posteriores: un paisaje cuya historia no cabe en una sola pared ni en un único periodo.

Las imágenes de las cuevas comenzaron como expresiones de comunidades que vivieron miles de años antes del pueblo actual. La cueva de la Vieja, descubierta en 1910, y las demás estaciones conocidas acabaron integradas en el patrimonio que Alpera comparte con el mundo. En sus paredes, el tiempo ya no borra del todo la distancia: la convierte en el camino por el que esas voces llegan hasta hoy.

Tipos de terreno en Alpera

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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Perfil estratigráfico típico

Corte orientativo del subsuelo en Alpera

Arenas finas y limos 0–5 m
Gravas y Arenas compactas 5–11 m
Yesos, Anhidrita y Sales 11–23 m
Calizas, Dolomías y Mármoles 23–43 m+

Perfil orientativo basado en tipos de suelo GEODE y espesores típicos CTE


Riesgo sísmico en Alpera

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2.2 Escala de Richter
MáxM 2.2
MediaM 1.73
Máx Media
Eventos registrados
4
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.7) ocurre aprox. cada 15 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2.2 2009
  • 2 M 1.7 2022
  • 3 M 1.5 2008
Último sismo registrado
2022
M 1.7 · hace 4 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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