Mundaka, entre la ría y la ladera
En Mundaka, la ría del Oca alcanza el Cantábrico al pie de las alturas que rodean el puerto. La historia del pueblo se lee en esa estrecha franja entre agua, costa y ladera.
La costa de Mundaka se abre hacia la ría y el Cantábrico, con las laderas del municipio enmarcando el horizonte.
Desde la atalaya de Mundaka, la mirada abarca la desembocadura de la ría, los arenales de Laida y el mar Cantábrico. Es una imagen de encuentro, pero también de límites: el término municipal se extiende junto a la costa, mientras el núcleo se concentra alrededor del puerto, a los pies del alto de Betrocol y del monte Katillotxu, que alcanza 337 metros. En este paisaje, agua y relieve ocupan el primer plano; sobre ellos, una comunidad ha mantenido su nombre, sus instituciones y sus cambios de población.
La ría de Mundaka abre el escenario
Mundaka se encuentra en la margen izquierda de la desembocadura del Oca. Al oeste limita con Bermeo, al sur con Pedernales y, por el este y el norte, con el Cantábrico. La ría y el mar no son un telón lejano: describen la posición concreta del pueblo, al extremo de una entrada de agua que se prolonga hacia el interior. Frente a la costa aparecen la isla de Ízaro y el arenal de Laida; en la playa de Laidatxu desemboca el riachuelo Errekatxu.
El relieve completa la escena. El núcleo se agrupa junto al puerto y queda enmarcado por Betrocol y Katillotxu, mientras la atalaya y el alto de Portuondo sirven de miradores hacia los arenales y la desembocadura. Esa disposición permite seguir con la vista distintos elementos del término sin confundirlos: el puerto, la ría, las playas y las elevaciones que cierran el horizonte terrestre. No es necesario imaginar una costa uniforme; la propia descripción del municipio reúne una boca de ría, arenales, un riachuelo y laderas.
La playa de Laida, al otro lado de la desembocadura, ocupa un lugar destacado en esa geografía. En verano, un ferry comunica Mundaka con ella, y desde el municipio parte también un sendero que remonta la ría hasta Guernica y Luno. Son conexiones actuales que vuelven a mostrar la doble orientación del lugar: hacia el mar abierto y hacia el interior de Urdaibai. El agua reúne ambos recorridos, pero el paisaje no se reduce a ella: las alturas de Betrocol y Katillotxu mantienen visible el borde terrestre del pueblo.
Katillotxu y las rocas del municipio
El subsuelo añade otra escala a esa imagen. La información geotécnica clasifica el 82,44 % del terreno municipal como «Areniscas, Conglomerados y Flysch», y el 14,20 % como «Calizas, Dolomías y Mármoles». Son grupos de materiales distintos, consignados para el municipio en conjunto. No permiten adjudicar una roca concreta a la iglesia, al puerto o a una casa determinada; sí muestran que bajo la localidad no hay una única categoría de sustrato.
Esos nombres importan porque el terreno también condiciona dónde pueden producirse ciertos movimientos. El estudio geotécnico señala áreas con movimientos actuales o potenciales de tipo deslizamiento o desprendimiento. La indicación describe zonas de la clasificación, no un suceso concreto en una calle ni un episodio histórico en una ladera identificada. En un municipio donde el núcleo se sitúa a los pies de elevaciones y junto a la costa, la existencia de esa categoría ayuda a entender por qué conocer el terreno forma parte de la relación cotidiana con el relieve.
La misma prudencia de escala sirve para leer la distribución de materiales: las cifras municipales no describen cada parcela. El término incluye la costa, las alturas y el entorno de la ría; los grupos de areniscas, conglomerados y flysch predominan en la clasificación, mientras las calizas, dolomías y mármoles forman una proporción menor. El inventario no aporta aquí edades ni explica cómo se originaron esas rocas, de modo que la historia que podemos seguir es la de su presencia local y su relación con un territorio de relieve marcado, no una reconstrucción de millones de años sin respaldo.
Afloramientos junto al agua en la costa de Mundaka. La vista acerca al lector al contacto entre la orilla rocosa y la ría.
De Portuondo a las primeras noticias
La presencia humana en la zona se remonta mucho más atrás que los documentos medievales. La información histórica sitúa población en el entorno desde el Paleolítico inferior y cita yacimientos en Portuondo; también menciona las cuevas de Santimamiñe, en la otra orilla de la ría. La referencia a Santimamiñe pertenece a ese paisaje más amplio, no a una cueva dentro del núcleo de Mundaka. Portuondo, en cambio, es uno de los nombres locales que conecta el término actual con esa larga historia de ocupación.
En la Edad Media, el pueblo aparece ya en documentos. La anteiglesia de Mundaca fue citada en 1051 en relación con la donación del señorío de Vizcaya al monasterio de San Millán de la Cogolla. En 1070, la iglesia aparece en una donación al monasterio de San Juan de la Peña, y ese mismo año se conserva la primera mención escrita del nombre, con la forma Mondaka. Los registros sitúan a la comunidad en el mapa documental; no cuentan por sí solos cómo era entonces la costa ni cómo se construyeron sus formas.
Entre las noticias tempranas figura también el palacio de Altamira. Según la tradición recogida, allí habría vivido a finales del siglo XI una infanta de Escocia, madre de Jaun Zuria, a quien la leyenda presenta como primer señor de Vizcaya. La historia añade personajes y linajes a un lugar cuya posición junto a la ría sigue siendo el marco reconocible. La cautela de la fuente —«parece que» vivió allí— importa: es una tradición transmitida, no una escena que los documentos permitan reconstruir con detalle.
La leyenda del agua limpia
En el siglo XV, Lope García de Salazar escribió en su Crónica de Vizcaya una explicación legendaria del nombre. Según ese relato, un barco procedente de Escocia habría llegado a la costa con una princesa desterrada. Sus acompañantes habrían llamado al lugar munda aqua, «agua limpia», por una fuente que contrastaba con las aguas turbias de la ría de Urdaibai. La princesa habría sido madre de Jaun Zuria. La narración enlaza agua, costa y fundación; su valor está en lo que cuenta la crónica, no en demostrar el origen del topónimo.
La diferencia entre la leyenda y el registro escrito se hace visible en una fecha concreta: la primera forma documentada es Mondaka, de 1070. La etimología del nombre se considera incierta. Así, la ría que organiza el paisaje también alimenta una historia sobre el nombre, pero no resuelve por sí misma de dónde procede. El agua limpia de la crónica pertenece al relato medieval; el Oca, la desembocadura y el Cantábrico pertenecen a la geografía descrita del municipio. Mantener juntas ambas capas permite apreciar la leyenda sin convertirla en explicación geológica.
Mundaka conserva el nombre y cambia
Durante siglos, Mundaka fue una anteiglesia: sus habitantes aprobaban ordenanzas, usos y costumbres en asamblea general, presidida por el Fiel Regidor. Entre las facultades del Fiel estaba representar a la anteiglesia en las Juntas Generales de Vizcaya. La abolición del fuero en 1876 puso fin a esas reuniones, y desde entonces el cargo pasó a conocerse como alcalde. Cambió la institución; el asentamiento siguió ocupando el mismo término costero, entre la ría y las laderas.
También cambió la población. Mundaka alcanzó 2.284 habitantes en 1910; en la década de 1950 había descendido a unos 1.500. Los censos posteriores se estabilizaron en torno a 1.650, antes de mostrar una ligera tendencia positiva a partir de 1990. En 2025 contaba con 1.816 habitantes. Esa sucesión dibuja una comunidad que atravesó crecimiento y descenso sin que el paisaje municipal dejara de estar definido por el puerto, la desembocadura, los arenales y las alturas próximas.
Desde 1982, el nombre oficial del municipio es Mundaka; la nueva denominación se publicó en el BOE en 1989. La vieja forma Mondaka permanece en la primera mención escrita y la leyenda de munda aqua sigue ofreciendo una imagen memorable, pero el nombre oficial actual fija otra etapa de la historia local. En la atalaya, la ría continúa abriéndose al Cantábrico y Katillotxu levanta el límite terrestre. Entre ambos, Mundaka conserva su lugar: una comunidad reconocible en un paisaje de agua, costa y ladera.
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