Alfarb, el río bajo la tierra
A mediados del siglo XX, una noria en la partida del Realet sacaba agua del subsuelo junto al Magro. La historia de esa agua empieza en el río, pero continúa bajo los pies de Alfarb.
El conjunto de hornos de algeps de Alfarb, enmarcado por la vegetación y el relieve del término.
A mediados del siglo XX, cerca del río Magro y al sureste del pueblo, la partida del Realet tenía una noria de tracción animal. Su cometido era sacar agua del manto freático, la reserva subterránea alimentada por el propio río. El Magro corría por el paisaje; bajo la superficie, una parte de su agua podía alcanzarse desde la orilla. La noria convertía esa presencia escondida en un recurso al alcance de quienes trabajaban allí.
La noria del Realet alcanza el agua escondida
El lugar importa. El Realet estaba cerca del cauce y en un territorio donde el río y las tierras de regadío se encuentran al sur de Alfarb. La noria no captaba el río como quien llena un recipiente desde la corriente: elevaba agua del manto freático, que el Magro alimentaba. Esa diferencia cuenta una historia sencilla y decisiva: el río podía seguir su curso mientras parte de su agua quedaba bajo tierra, disponible para extraerla.
La tracción de sangre señala que la elevación dependía de fuerza animal. No era una captación invisible ni automática: hacía falta una instalación y trabajo para llevar el agua hasta la superficie. El episodio documentado llega hasta mediados del siglo XX, cuando esa antigua noria todavía existía en el Realet. Su resultado práctico era claro: acercaba a la superficie una reserva subterránea ligada al río, en una zona donde se concentraba buena parte del regadío municipal.
El Magro abre un paso y cambia de forma
El Magro atraviesa el término de norte a sur por su sector occidental, y el casco de Alfarb se sitúa en la margen derecha, cerca de Llombai y Catadau. Al sur del pueblo, el río se ensancha y forma un vado que se utilizaba para cruzarlo desde muy antiguo; la descripción local considera probable que se empleara ya en época romana. El agua era aquí obstáculo y camino: para pasar, había que encontrar el tramo donde el cauce permitía vadearlo.
Al otro lado, en la margen izquierda, se encuentran el castillo y el despoblado de Aledua, ya dentro del término de Llombai. Sus terrenos de riego se sirven de la acequia de Aledua. El cauce no separaba simplemente dos orillas: reunía un paso, tierras regadas y asentamientos en un mismo paisaje. Más al sur de Alfarb, el río dibuja además un meandro semiencajado en la partida de Peñas Negras. La curva del cauce y el vado son dos maneras distintas en que el Magro organiza el territorio.
Gravas, caliza y yeso bajo Alfarb
Para entender por qué el agua aparece también bajo tierra, hay que mirar el sustrato. La descripción del término identifica terrenos calizos y yesosos, con arcilla en algunas zonas. El estudio geotécnico añade materiales como gravas y arenas compactas, rocas carbonatadas —calizas, dolomías y mármoles—, arcillas y margas duras, y yesos, anhidrita y sales. No forman una única capa uniforme: el terreno municipal combina materiales distintos.
En el Realengo, al este de Alfarb, se describe una terraza aluvial en la margen izquierda del Magro. Una terraza aluvial es una superficie asociada a sedimentos fluviales; aquí, esa forma del terreno acompaña al río y ayuda a entender por qué su historia no queda restringida al cauce visible. La evidencia local también identifica un manto freático alimentado por el Magro. Así, el río tiene una presencia doble: el agua que cruza el término y la que, bajo la superficie, podía extraerse en el Realet.
Los sondeos geotécnicos ofrecen otra escala de lectura: cuatro perforaciones alcanzaron una profundidad media de 263,8 metros, y la profundidad media del agua consignada en ellas fue de 49 metros. Son mediciones de sondeos, no la profundidad atribuida a la antigua noria. Para el relato del Realet basta con el vínculo documentado entre el río y el manto freático; las perforaciones recuerdan que el subsuelo municipal se explora a profundidades muy distintas de las de aquella captación junto a la ribera.
La abertura de uno de los hornos de algeps de Alfarb acerca la mirada a las estructuras vinculadas al yeso local.
Peñas Negras y Almaguer encauzan el paisaje
Alfarb no es una llanura sin bordes. El término tiene una superficie irregular, carece de alturas destacadas y está recorrido por varios barrancos. Salvo por el sur, lo rodean montañas bajas. El Magro, los barrancos y esos relieves pequeños dan forma a un territorio de contrastes moderados, donde el agua encuentra rutas distintas y el regadío se concentra especialmente junto al río y en la parte occidental de Almaguer.
Almaguer es una especie de valle intramontano por el que discurre la carretera CV-520. La descripción geográfica lo relaciona con un valle tectónico orientado de oeste a este, entre restos calcáreos de dos alineaciones de relieves residuales. El Puntal del Besorí, en la sierra de Falaguera, presenta su vertiente de solana hacia Almaguer. No hace falta atribuir una edad a estas formas para reconocer su papel en la historia local: el relieve delimita un valle, mientras el Magro ocupa el lado occidental del término y acerca el agua a las tierras de regadío.
Los hornos de algeps ponen el yeso a la vista
El yeso también forma parte del paisaje construido de Alfarb. En el término se conserva un conjunto identificado como hornos de algeps, es decir, hornos de yeso. Su presencia hace visible un material que, en la descripción geológica local, aparece junto a calizas y arcillas. La localidad no se explica solo por la corriente del Magro: también cuenta con materiales minerales que asoman en las formas del terreno y en estructuras levantadas para trabajar el algeps.
Las imágenes de estos hornos muestran primero un conjunto integrado en el entorno y luego una abertura de uno de ellos. Esa escala, del lugar a un detalle, ayuda a leer el yeso como parte concreta del paisaje, no como un nombre técnico en una clasificación. El registro disponible identifica los hornos y el material al que se asocian; el relato no necesita adjudicarles una fecha o una historia de uso para conectar el sustrato yesoso de Alfarb con una huella visible en el término.
Del cauce al Realet: el desenlace del agua
La historia vuelve al Realet. Allí, a mediados del siglo XX, la noria de tracción animal sacaba agua del manto freático alimentado por el Magro. El cauce había ofrecido además un vado para cruzar, y sus márgenes reunían acequias y tierras de riego. El río, por tanto, no era únicamente una línea de agua: participaba en los pasos, en la distribución del regadío y en el acceso a una reserva subterránea.
El resultado de aquel episodio está en la función de la noria: elevar agua que el río había alimentado bajo el suelo. El registro la sitúa como antigua instalación existente a mediados del siglo XX, sin precisar cuándo dejó de funcionar; lo que sí queda establecido es el vínculo entre cauce, manto freático y extracción en el Realet. Hoy, al pensar en el Magro, la mirada puede seguir dos rutas: la curva que dibuja en Peñas Negras y el recorrido oculto del agua bajo la ribera. En Alfarb, el río también continuaba bajo tierra.
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