Zurgena encontró junto a la rambla agua, tierra fértil y un camino hacia el Almanzora
Dos poblados neolíticos se asentaron cerca de la rambla de Zurgena; siglos después, por La Alfoquía pasaba una vía romana. ¿Qué ofrecía este corredor para atraer primero a comunidades y luego a viajeros?
Vista general de Zurgena, localidad situada en el extremo oriental del Valle del Almanzora.
En Zurgena, antes de que La Alfoquía tuviera estación, la rambla ya había atraído a quienes buscaban un lugar donde asentarse. ¿Qué encontraron allí las primeras comunidades? La historia local señala dos condiciones sencillas y decisivas: tierra fértil y agua en las inmediaciones. El terreno no fue un decorado; formó parte de la elección de este lugar.
La rambla puso el agua antes que los caminos
Las primeras poblaciones documentadas en el municipio se remontan al Neolítico. Hasta dos asentamientos de ese periodo estaban situados cerca de la rambla actual. La explicación que ofrece la historia local enlaza su emplazamiento con la fertilidad del suelo y la presencia de agua. No hace falta imaginar una escena concreta para advertir la importancia de esa combinación: donde el agua está cerca y la tierra permite cultivar, asentarse resulta más viable.
La rambla da a esta historia una dirección reconocible. No es una referencia abstracta en un mapa: es el entorno que la documentación relaciona con aquellos primeros pobladores. El agua y el suelo aparecen unidos como motivos del asentamiento; la geología local, por tanto, entra en el relato a través de recursos y condiciones del terreno, no como una explicación añadida a posteriori.
El registro geotécnico ofrece otra forma de mirar ese suelo actual. En el conjunto de materiales clasificados, las arenas finas y los limos representan el 45.66 %. También aparecen calizas, dolomías y mármoles; pizarras y esquistos; gravas y arenas compactas; y arcillas y margas. La cifra no describe cada rincón por separado, pero sí muestra que el subsuelo municipal no se reduce a un único material. Para imaginar la diferencia, piensa en granos de arena frente a partículas mucho más finas, como el limo: son texturas distintas dentro del mosaico que hoy se registra en Zurgena.
La tierra fértil no es solo un recuerdo de la prehistoria. La información local la relaciona también con la dedicación agrícola de una parte de la población actual. Así se cierra un arco largo, aunque no idéntico: en un extremo, las primeras comunidades eligieron el entorno de la rambla; en el otro, el cultivo sigue formando parte de la vida del municipio. La documentación no equipara esas formas de vida, pero sí permite reconocer la persistencia de una relación con el terreno.
La Ruta Verte convirtió La Alfoquía en paso
Siglos después del Neolítico, Zurgena fue también un asentamiento romano. La Ruta Verte, descrita como una vía romana que unía Granada y Murcia, pasaba por la actual barriada de La Alfoquía. El camino seguía la rambla hacia Cerro Limera. Allí, detrás de los restos de una antigua gasolinera, todavía se puede apreciar el trazado de la vía.
El cambio es importante. La rambla que había sido un punto de referencia para vivir se convirtió también en guía de circulación. La coincidencia entre el recorrido y el cauce está documentada; que la forma del terreno ayudara a orientar ese trazado es una interpretación razonable, no una causa demostrada por sí sola. Pero la imagen se entiende: para desplazarse por el valle, seguir un corredor reconocible podía ofrecer una ruta práctica.
Zurgena ha sido descrita históricamente como puerta de entrada al Valle del Almanzora, y el paso romano por La Alfoquía encaja de manera concreta en esa posición. El término municipal se encuentra en el extremo oriental de la comarca y por él discurre el río Almanzora. Rambla y río no deben confundirse: la información local los menciona por separado. Juntos, sin embargo, permiten situar el relato en un paisaje donde el agua y los corredores del valle forman parte de la geografía cotidiana.
¿Qué une entonces a los primeros asentamientos con la vía romana? No una historia idéntica, sino un lugar que ofrecía condiciones aprovechables en momentos distintos. Primero, el agua próxima y la tierra fértil explican el interés neolítico; más tarde, el itinerario romano aprovechó el paso por La Alfoquía. La geología no determina cada decisión humana, pero el relieve y los recursos ayudan a comprender por qué ciertos lugares reaparecen en la historia.
En 1885, la estación cambió la escala del valle
Mucho después, otro camino transformó la relación de Zurgena con el Almanzora. En 1885 llegó el ferrocarril al valle y la estación de Zurgena se instaló en La Alfoquía. Según la historia municipal, fue durante alrededor de un siglo la estación más importante de la comarca y una de las más importantes de la provincia. La pequeña referencia local se convirtió en un nodo de alcance mucho mayor.
La estación no era solo un lugar de llegada. Cerca había talleres para reparar locomotoras y vagones, y almacenes donde se depositaban mercancías procedentes de los alrededores. Hoy se conservan instalaciones ferroviarias rehabilitadas, aunque los almacenes están vacíos y fuera de servicio. En ellas puede leerse otra etapa de la historia: el movimiento de personas y productos dejó de depender únicamente de los caminos antiguos y adquirió una infraestructura propia.
La relación entre el ferrocarril y la geología debe contarse con cuidado. La documentación sitúa la estación en La Alfoquía y registra la importancia que alcanzó, pero no atribuye su ubicación a un tipo concreto de roca. Lo que sí permite el relato es reconocer una continuidad de escala: el municipio, situado en el acceso oriental al valle, fue primero lugar de asentamiento, después paso de una vía romana y, finalmente, sede de una estación que concentró actividad comarcal. Son usos distintos de un territorio conectado.
Vista general de la estación de Zurgena, en La Alfoquía, vinculada a la llegada del ferrocarril al Valle del Almanzora.
La estación devuelve la mirada al paisaje presente. Los edificios ferroviarios rehabilitados y el antiguo camino romano no cuentan la misma historia ni pertenecen al mismo momento, pero ambos hacen visible que La Alfoquía ha sido escenario de tránsito. Cuando pases por allí, puedes leer esas huellas sin forzarlas: una ruta que seguía la rambla y, siglos más tarde, una estación que reunió almacenes, talleres y mercancías.
El terreno de Zurgena guarda más de una textura
El subsuelo aporta una última escala al relato. Los datos geotécnicos reúnen arenas finas y limos como grupo predominante, junto a materiales carbonatados —calizas, dolomías y mármoles— y rocas como pizarras y esquistos. También registran gravas y arenas compactas, además de arcillas y margas. En lenguaje cotidiano: no hay una sola textura bajo todo el municipio, sino una combinación de materiales distintos.
Ese inventario ayuda a entender por qué es mejor hablar de un terreno variado que imaginar una superficie uniforme. La rambla y los asentamientos neolíticos se asocian en la historia local con agua y tierra fértil; el registro del subsuelo ofrece un retrato material complementario, no una prueba que permita asignar cada material a cada yacimiento o camino. Mantener separadas esas dos escalas conserva la historia y evita convertir una coincidencia geográfica en una certeza que el dossier no afirma.
Hay otra forma de resumir el recorrido. La comunidad neolítica encontró razones para establecerse junto a la rambla; la Ruta Verte dejó un trayecto reconocible por La Alfoquía; y el ferrocarril dio a esa pedanía una estación de importancia comarcal. Entre esas etapas, Zurgena mantuvo su condición de puerta del Almanzora, mientras el paisaje y sus recursos formaban el escenario real de cada cambio.
La pregunta inicial tiene una respuesta concreta: agua próxima, tierra fértil y una posición de paso ayudan a explicar por qué Zurgena aparece una y otra vez en rutas de vida y de movimiento. Cuando mires la rambla o recorras La Alfoquía, verás algo más que un cauce y una estación: dos señales distintas de cómo el territorio ofreció lugar para quedarse y camino para seguir adelante.
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