Yátova, el día de los tres ríos
El 29 de octubre de 2024, tres ríos se desbordaron en el término de Yátova, mientras el agua no alcanzaba el casco urbano. Para entender esa jornada hay que seguir los cauces que atraviesan el paisaje y la respuesta de quienes vivían junto a ellos.
Yátova vista desde Macastre, con el caserío enmarcado por campos y elevaciones del término.
El 29 de octubre de 2024, la furgoneta del alcalde Miguel Tórtola salió a recorrer una Yátova bajo la lluvia. El claxon sonó una y otra vez; desde las casas llegaban respuestas. Tórtola comprobaba así que la gente estaba bien, mientras los cauces del término crecían. Aquel día se desbordaron el río Juanes, el Mijares y el Magro. Hubo daños materiales en carreteras, edificios municipales y el cementerio. El agua, sin embargo, no llegó al casco urbano y no hubo víctimas mortales en Yátova. Cauces desbordados, pueblo sin inundación y vecinos avisándose: en esa combinación se concentró la jornada.
El claxon cuando crecieron los ríos
La DANA del 29 de octubre trajo lluvias intensas a la Comunitat Valenciana. En Yátova, el agua desbordó los tres ríos y dejó daños en infraestructuras públicas y privadas. La crecida afectó tramos de carretera de más de un kilómetro, edificios municipales y el cementerio. No fue una única calle anegada: los problemas se repartieron por el término, allí donde los cauces y sus pasos forman parte de la vida cotidiana.
En medio de esa situación, el alcalde recorrió el pueblo con su furgoneta y hacía sonar el claxon para llamar la atención de los vecinos. Cuando alguien respondía, sabía que todo estaba bien. La acción era sencilla y concreta: comprobar que las personas contestaban mientras las aguas crecían fuera del casco urbano. La fuente local atribuye parte de la ausencia de víctimas a esa actuación, aunque la crecida sí dejó una huella material visible en caminos y edificios.
El desenlace de la emergencia tuvo, por tanto, dos caras. Los cauces causaron daños considerables en el municipio, pero el centro urbano no quedó bajo el agua y no hubo víctimas mortales locales. Para entender por qué tres cursos de agua se hicieron notar a la vez, conviene mirar primero el mapa de Yátova: un término montañoso, recorrido por ríos y ramblas en distintas direcciones.
Un término entre laderas y cauces
Yátova ocupa 120,2 km² de la Hoya de Buñol. El casco urbano se encuentra a 420 metros sobre el nivel del mar; entre las elevaciones principales del término están la sierra Martés, de 1.085 metros, y el Cerro del Asno, de 881. El paisaje no es una superficie uniforme: reúne laderas, elevaciones y corredores por los que discurren los cursos de agua.
El río Juanes fluye por el norte; por el centro pasa la rambla de la Horteta, y por el sur, el río Magro. Además, el Mijares nace dentro del término y es afluente del Magro. Son referencias distintas dentro de una red que atraviesa el territorio. Cuando cae mucha agua, parte de ella escurre por las pendientes y se concentra en los cauces; si el caudal supera la capacidad de sus márgenes, el agua se desborda. Así se entiende el mecanismo general de la crecida, sin atribuir a una sola ladera o a una sola roca los daños de aquel día.
El casco histórico tampoco está completamente nivelado: visto desde arriba, presenta una inclinación que desciende desde la parte más interior hacia el este. Esa forma es otra manera de leer el relieve local, aunque no explica por sí sola por qué el agua alcanzó unos lugares y no otros en 2024. En Yátova, el mapa de los cauces y la forma del terreno se comprenden mejor juntos: lomas y corredores organizan el recorrido del agua, y los ríos marcan los distintos sectores del término.
Un camino rural conduce hacia Yátova, visible al fondo entre las elevaciones que caracterizan el paisaje.
La abertura que da nombre al paisaje
La Hoya de Buñol aparece rodeada por límites naturales: al norte y al este, el río de Buñol; al oeste, la sierra de Malacara; al sur, el Motrotón. Pero hacia el suroeste se abre un corredor por donde discurren cursos como la rambla de la Horteta y el río Magro. La comarca no es, pues, una cuenca cerrada sin salida: tiene una abertura reconocible en el relieve, tallada por flujos de agua.
También se ha propuesto relacionar el antiguo nombre Átava con el latín hiatus, «apertura» o «grieta», aunque el origen del topónimo no se conoce con certeza. La asociación resulta sugerente porque pone en palabras una característica del paisaje: el paso hacia el suroeste. No demuestra que el nombre naciera de esa forma concreta del terreno, pero ayuda a recordar que en Yátova los cauces no solo atraviesan el término; también dibujan sus salidas y conectan la hoya con el espacio que la rodea.
Las rocas bajo el término
La base geológica añade otra escala a la historia. En la clasificación geotécnica municipal, las calizas, dolomías y mármoles forman el grupo principal, con el 61,87 %; las areniscas, conglomerados y flysch representan el 6,81 %, y los yesos, la anhidrita y las sales, el 2,68 %. Son categorías del término, no una identificación automática de la roca de cada casa o edificio.
Calizas y dolomías son rocas carbonatadas; el mármol también pertenece a ese grupo, aunque sus minerales se han recristalizado. El agua puede disolver lentamente parte de las rocas carbonatadas y ensanchar sus fracturas, proceso que forma relieves kársticos. En el término, la clasificación distingue zonas carbonatadas poco o casi nada karstificadas de otras muy karstificadas en conjunto. Para las formaciones yesíferas también registra una karstificación escasa o casi nula, con sistemas aislados localmente. No hay un único comportamiento subterráneo que pueda asignarse a todo el municipio.
Las perforaciones ofrecen una ventana concreta bajo tierra. Tres sondeos, en El Cañar, Yátova 3 y Río Juanes, alcanzaron respectivamente 63, 79 y 190 metros. En ellos se anotaron niveles de agua a 5, 2,5 y 15,5 metros. Son mediciones de esos puntos, no una sección continua del subsuelo, pero muestran que bajo los caminos y las laderas hay materiales y agua a profundidades distintas. La geología municipal es variada; el desbordamiento de 2024, en cambio, se explica de manera inmediata por las lluvias intensas y la crecida de los cauces.
Del Esparteñero al Pico de los Ajos
Mucho antes de la furgoneta y el claxon, distintos grupos dejaron huellas en el término. El abrigo del Esparteñero se considera el lugar de población más antiguo, del Paleolítico Superior. En la Cueva Caliente se ha señalado un posible enterramiento eneolítico. En el monte Motrotón se conocen dos poblados de la Edad del Bronce; también hubo asentamientos en los Castillejos, el Puntal del Viudo y el Collado del Viudo. Estos dos últimos mantuvieron continuidad en época ibérica.
El poblado ibérico del Pico de los Ajos es el yacimiento más importante señalado en el término y pervivió durante la época romana. También se han encontrado restos romanos en Forata y Barranquillos. En la Solana del Molinillo apareció un enterramiento colectivo circular, de unos diez metros de diámetro y algo más de un metro de altura, con doce esqueletos. Son rastros de ocupaciones de épocas distintas, repartidos por un paisaje que ha ofrecido lugares para vivir y circular; no una sola historia humana ni un asentamiento continuo.
Lo que quedó después de la crecida
El 29 de octubre, la lluvia puso en movimiento los cursos que atraviesan Yátova. El Juanes, el Mijares y el Magro se desbordaron; la rambla de la Horteta forma parte de la red central del término, aunque no se le atribuye aquí un desbordamiento concreto. La diferencia importa: nombrar cada cauce en su lugar permite comprender el alcance de la red sin convertirlos en un único torrente. Las carreteras, los edificios municipales y el cementerio sufrieron daños, mientras el agua no llegó al casco urbano.
Tórtola siguió haciendo sonar el claxon y recibió respuestas. Esa comprobación quedó ligada a una jornada que no terminó con la desaparición del río ni con un triunfo sobre el agua, sino con una comunidad que atravesó la emergencia sin víctimas mortales y con infraestructuras dañadas. Las rocas, las laderas y los cauces permanecen como parte del escenario; la crecida dejó, además, la marca de lo que puede cambiar cuando la lluvia desborda los márgenes. En Yátova, el sonido del claxon y el de los ríos pertenecen ya a la misma fecha.
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