Villayón, montañas que se abren en lajas
En Villayón, muchas pizarras se rompen en hojas y llegaron a servir de cubierta para las casas. Seguir ese recorrido permite leer en un mismo paisaje las sierras, los valles fluviales y una huella escrita hallada en Carrio.
Villayón se extiende bajo una loma, con el caserío en primer plano y las sierras como telón del concejo.
En las casas de Villayón, una cubierta de pizarra empieza mucho antes de que alguien coloque una laja. Empieza en las bandas de roca del concejo, donde algunas pizarras se rompen en hojas grandes o pequeñas. Esa separación convirtió parte del sustrato en material de techumbre. Sobre las casas, la roca entra en la vida cotidiana; bajo ellas, las mismas formaciones acompañan valles profundos y sierras que superan los mil metros.
Los ríos enlazan las sierras
Desde el mirador del Pico Villayón, a unos 500 metros de altitud, se ve una sucesión de montañas y valles. La villa de Villayón está a 357 metros sobre el nivel del mar, mientras que varias cumbres del concejo rebasan los mil. La diferencia de altura permite entender el relieve como un territorio de lomas, pendientes y fondos de valle, no como una superficie uniforme.
Al suroeste, la sierra de San Roque reúne picos como Gargalois y Prado de Roque, ambos por encima de los mil metros. Al sur se alza Carondio, con Agudo y el pico del Conde cerca de esa cota; al este, la Bobia de Bullacente también supera los mil. Son nombres que sitúan las sierras alrededor y dentro del concejo, entre las que se abren los valles.
El Navia recorre de sur a norte el límite occidental de Villayón. Más al interior, el Polea atraviesa la parte meridional del concejo en la misma dirección y forma el valle de Las Lomas. Recibe aguas de cursos menores, entre ellos el Barandón y el Bullimeiro, antes de unirse al Cabornel. Cerca de Trabada recibe también el Lendeforno; finalmente, sus aguas llegan al Navia en Mezana, ya en el concejo vecino de Boal.
En Oneta, el río Acebal concentra el movimiento del agua en una caída de unos quince metros. El salto hace visible el desnivel que el curso salva en ese punto. En otras partes del concejo, los ríos y arroyos atraviesan valles en varias direcciones y forman una red que vincula las sierras con el Navia.
Una roca deformada, un relieve de bandas
La descripción geológica de Villayón sitúa la mayor parte de su terreno en el Silúrico. Predominan las pizarras antiguas y las grauvacas, junto con algunas cuarcitas. La fuente municipal describe estos materiales como deformados por la orogenia herciniana, un episodio de deformación de la corteza asociado a la formación de montañas. Esa historia geológica dejó bajo el concejo más de un tipo de roca.
El relieve muestra un contraste local: las sierras presentan pendientes acusadas y cumbres cuarcíticas más suaves, mientras los valles se encajan profundamente en bandas de pizarra. No hace falta atribuir cada curva del paisaje a un solo material para ver que las rocas y el relieve aparecen juntos en la descripción del concejo. Los ríos recorren esos fondos de valle, y las crestas cuarcíticas pueden superar los mil metros.
El estudio geotécnico aporta otra manera de describir el terreno. En su clasificación de suelos, la categoría «Pizarras y Esquistos» representa el 84,23 %. Es un dato de esa clasificación técnica, no una afirmación de que en cada punto aflore pizarra. Leído junto a la descripción geológica municipal, ayuda a reconocer la presencia destacada de estas rocas en el concejo.
Las cuarcitas se encuentran en la zona comprendida entre Busmente y Villayón. Al nombrar esa franja, el mapa geológico deja de ser una lista general de materiales y se acerca a lugares reconocibles. Pizarras, grauvacas y cuarcitas forman parte del escenario local; la pizarra, además, tiene una particularidad que la acerca a las casas: puede romperse en hojas.
De la banda rocosa a la cubierta
La consistencia de las fajas de pizarra es variable. La mayoría se rompe en láminas más o menos grandes, de modo que la roca no se presenta siempre como una masa compacta: puede separarse en piezas. Esa característica convirtió las pizarras del concejo en material de techumbre. La cubierta es el desenlace cotidiano de un recorrido que empieza en las bandas rocosas y pasa por la selección y colocación de las lajas.
En esta fotografía de Arbón se reconoce un caserío entre prados y laderas. Las cubiertas forman parte del paisaje habitado, y el uso de pizarra como material de techumbre está documentado en Villayón. La imagen acerca el recorrido a una escala doméstica: la misma comarca de sierras y valles también está hecha de casas, y algunas de sus cubiertas aprovechan la forma en que se separa la roca.
Arbón, en el concejo de Villayón. Las cubiertas forman parte del paisaje habitado, donde está documentado el uso de pizarra como material de techumbre.
No todas las fajas se comportan igual: el dosier local señala que su consistencia varía y que se dividen en hojas de tamaños distintos. Esa variación explica por qué la pizarra pudo aprovecharse como material, sin convertir todas las cubiertas en una misma pieza ni atribuir un origen específico a cada casa. Las grauvacas y cuarcitas también forman parte del sustrato municipal, pero el uso constructivo descrito aquí corresponde a las pizarras que se rompen en láminas.
Una laja que guardó una inscripción
En Carrio, la pizarra dejó otra clase de huella. En 1926, dos campesinos encontraron una lápida conocida como la pizarra de Carrio. La pieza menciona una villa llamada Ciuscau y a Auriolo, presentado como esclavo, junto a un grupo de personas del pueblo. El hallazgo añadió un objeto escrito a la historia local: la pizarra no aparece solo como material de cubierta, sino también como soporte de una inscripción.
La fecha de la pieza se ha discutido. Algunos autores la sitúan en el siglo VIII, en los comienzos de la monarquía asturiana; otros la atribuyen a la época visigoda. La diferencia no cambia el dato local: la lápida apareció en Carrio en 1926 y conserva una referencia a una villa y a sus habitantes. El hallazgo enlaza el nombre de la pizarra con la historia humana de Villayón, aunque no establece de qué afloramiento salió la piedra.
Hay otras huellas humanas en este territorio montañoso. En la sierra de Carondio se conocen monumentos megalíticos y campos tumulares. En Illaso hubo un asentamiento castreño utilizado más tarde, en época romana, para prospecciones auríferas. Son rastros de épocas distintas y de relaciones distintas con el lugar: presencia, asentamiento y búsqueda de recursos, junto al uso de la pizarra como superficie escrita o material de construcción.
Al volver a las casas, las lajas dejan de parecer fragmentos sin historia. Forman parte de pizarras antiguas deformadas, en un concejo de sierras cuarcíticas, bandas pizarrosas y valles fluviales. La piedra no explica por sí sola todos los cambios de Villayón, pero sí une una forma del terreno con un uso local documentado y con el hallazgo de Carrio. En los tejados, la montaña aparece en piezas pequeñas.
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