Villaralto, una frontera entre dehesas
Entre encinares y tierras de labor, Villaralto guarda una historia en la que el terreno compartido se convirtió en una cuestión de independencia. Para entenderla, hay que seguir tanto los pleitos del siglo XVII como las huellas más antiguas que dejaron las comunidades sobre el suelo de Los Pedroches.
El encinar de Los Pedroches forma parte del paisaje de Villaralto, donde las tierras de aprovechamiento comunal estuvieron ligadas a la historia de sus límites.
El encinar de Los Pedroches ofrece una imagen cercana de un paisaje donde la ganadería y la agricultura siguen formando parte de la vida local. Pero la historia de Villaralto no se explica solo por lo que se cultivaba o pastaba: durante siglos, también importó quién podía usar aquellas tierras y quién tenía autoridad para fijar sus límites. La disputa con Torremilano convirtió el espacio compartido en el centro de un conflicto que acabaría dando forma al municipio independiente.
Antes de la línea, las tierras compartidas
El actual núcleo de Villaralto nació tarde en comparación con la larga ocupación del territorio. Los hallazgos repartidos por el término municipal dan cuenta de asentamientos prehistóricos y de presencia romana, visigoda y andalusí. La historia municipal sitúa el origen de la población actual a finales del siglo XV, cuando vecinos de Torremilano comenzaron a establecerse aquí para atender de cerca sus viñas, cultivos y ganados.
La nueva aldea quedó vinculada a Torremilano —hoy Dos Torres— y a las Siete Villas de Los Pedroches. Pozoblanco, Añora, Alcaracejos, Villanueva de Córdoba, Pedroche y Torrecampo formaban parte de aquella comunidad, que compartía terrenos y gobierno comunal. La tierra, por tanto, no estaba organizada únicamente en propiedades de una población: había también bienes comunes cuyo aprovechamiento conectaba a varias villas.
En 1587, un recuento del Obispado de Córdoba registró en Villaralto 83 vecinos y una pila. La cifra ofrece una pequeña ventana a una aldea que aún dependía de Torremilano, pero no era un lugar vacío ni ajeno a sus alrededores. Sus habitantes atendían recursos y actividades en el territorio; esa proximidad ayudaría a que la pregunta por la jurisdicción y los lindes se volviera cada vez más concreta.
Los vestigios más antiguos muestran que las comunidades dejaron marcas muy distintas. En el Rincón de Berrocoso aparecieron losas de pizarra, escorias minerales, fragmentos de vasijas y una moneda árabe de plata; allí se han situado restos que podrían corresponder a un campamento o una calzada secundaria romanos. En Cerrocampo también se encontraron escorias y cerámica, asociadas a un antiguo poblado y a una posible explotación de cobre o plomo. Son huellas de ocupaciones y actividades diversas, no una sola historia continuada.
1633: una villa todavía sin lindes pacíficos
En 1633, el equilibrio administrativo cambió. Villaralto fue vendida por Felipe IV a Melchor Fernández Carreras, arcediano de Los Pedroches y canónigo de la Catedral de Córdoba. En septiembre de ese año se realizó un censo con vistas a señalar el término municipal, y el nuevo señor tomó posesión de la villa. La aldea pasaba a ser una entidad con jurisdicción propia; definir qué tierras correspondían a esa entidad era el siguiente paso.
Torremilano se opuso. Consideraba que Villaralto no debía independizarse ni recibir tierras de las Siete Villas, y objetaba que el término asignado entraba en la dehesa de Peña Alta, terreno comunal. El desacuerdo no era una raya abstracta sobre un papel: afectaba a la autoridad sobre el espacio y a la posibilidad de usar recursos compartidos. Las reclamaciones enfrentaban la nueva jurisdicción con costumbres y derechos comunales que venían de una organización anterior.
El paisaje ayuda a comprender qué se disputaba, aunque no convierte la geología en causa del pleito. En Los Pedroches, las dehesas eran espacios de aprovechamiento ganadero, y los documentos muestran que Villaralto continuó recibiendo parte de los bienes producidos por las tierras comunales, pese a no ser una villa comunera. Torremilano también denunció el uso de esos bienes para la ganadería y cuestionó repetidamente los límites municipales. El conflicto persistió durante el siglo XVIII.
La presión sobre el territorio coexistió con una economía variada. En 1752, Villaralto contaba con cinco telares y dos fábricas, una de bayetas y otra de paños. En 1812 se registraban 179 cabezas de ganado vacuno, 156 de cerda, 555 de caprino y 148 mulos, entre otros animales. Esas cifras no dibujan por sí solas cómo se distribuían los pastos, pero sí muestran que la actividad ganadera seguía siendo una parte importante de la vida económica local.
La roca bajo las huellas del pueblo
También hay una historia material bajo la disputa de lindes. El estudio geotécnico de Villaralto clasifica el 96,35 % de los tipos de terreno del municipio como «Granito, Gneis y rocas ígneas». Es una descripción de escala municipal: no permite asignar automáticamente esa composición a cada yacimiento o edificio. Sí sitúa, junto a las dehesas y los cultivos, un sustrato rocoso que aparece de forma reconocible en algunos elementos del patrimonio local.
La portada primitiva de la parroquia de San Pedro, conservada desde la época fundacional, está labrada en granito. La iglesia comenzó con una sola nave a principios del siglo XVI; más tarde fue reconstruida y ampliada, y su torre data del siglo XVIII. La piedra tallada en la portada pertenece a la historia construida de Villaralto: no marca el límite del término, pero recuerda que el pueblo también se hizo visible trabajando materiales del lugar.
La iglesia de San Pedro conserva su portada primitiva labrada en granito; la torre que se eleva sobre el templo es del siglo XVIII.
En otros puntos, la relación entre roca y vida cotidiana tomó formas menos monumentales. En Villaralto se conservan sarcófagos visigodos de granito, algunos próximos a pozos, que fueron sacados de su emplazamiento original y reutilizados como pilas para dar de beber al ganado. La piedra pasó de contener restos humanos a servir en una tarea pastoril. Muchos sarcófagos aparecen desgastados y algunos desaparecieron con el expolio o durante reformas de sus emplazamientos: la reutilización prolongó su uso, pero alteró su lugar y su lectura.
Un sondeo geotécnico identificado como Villaralto 1 llegó a 24 metros de profundidad y registró agua a 2,36 metros. Es el resultado de un sondeo, no una medida que describa por sí sola todo el municipio. El dato añade una observación puntual del subsuelo a una historia que también dejó evidencias en superficie: minerales y cerámicas en antiguos asentamientos, granito en la portada y piedra reutilizada junto a los pozos.
El acuerdo que fijó el término
El pleito entre Villaralto y Torremilano llegó a una resolución el 20 de diciembre de 1638. Los jueces reconocieron la independencia de Villaralto y le asignaron un término propio de forma definitiva; además, instaron al señor de la villa a pagar la venta de la población. El conflicto no borró la historia comunal ni acabó de inmediato con las fricciones, pero convirtió la jurisdicción de Villaralto en una realidad reconocida.
Las diferencias continuaron durante el siglo XVIII, especialmente por el uso de los bienes comunales y los límites. En 1771, Hacienda reclamó a Villaralto por primera vez los impuestos correspondientes a su condición de villa independiente: 1.770 maravedíes. La cifra señala una consecuencia cotidiana de aquella separación: la nueva entidad no solo tenía término propio sobre el papel, también era tratada como responsable de sus obligaciones.
El señorío jurisdiccional se mantuvo hasta su abolición en 1837. Entretanto, las actividades agrarias, ganaderas y artesanales siguieron desarrollándose en el territorio. El desenlace del litigio no fue que el paisaje dejara de compartirse, sino que Villaralto obtuvo un marco propio dentro de una comarca donde los usos comunales y las relaciones entre pueblos siguieron teniendo importancia.
Hoy, entre el encinar y las calles del pueblo, conviven las huellas de esa historia: una portada de granito, piedras reutilizadas junto a pozos y un término que dejó de ser objeto de pleito para quedar reconocido como propio. La frontera que acabó fijándose fue administrativa; el terreno, en cambio, siguió siendo el lugar de trabajo y de vida de sus habitantes.
¿Necesitas un estudio geotécnico en Villaralto?
Solicita un presupuesto sin compromiso. Te asesoramos sobre el tipo de estudio que necesitas.
- Estudios firmados por geólogo acreditado
- Conformes con el CTE y Eurocódigo 7
- Cobertura en toda España
Más de 1000 estudios realizados
Pide presupuesto gratis
Contactamos por Whatsapp, teléfono o email, como prefieras.