Villanueva de la Fuente, la ciudad bajo la ciudad
En Villanueva de la Fuente, un manantial da comienzo al río que atraviesa el valle. Bajo las calles, los restos de Mentesa Oretana revelan otra historia del mismo lugar: una ciudad antigua cubierta por la población que llegó después.
Una plaza de Villanueva de la Fuente, con una fuente en el centro. El agua también forma parte del paisaje urbano a través del manantial natural del río Villanueva.
El río Villanueva empieza dentro del casco urbano. Su manantial es el rebosadero natural del acuífero 24: agua subterránea que alcanza un punto de salida en la superficie y forma el nacimiento del río. No es una corriente aislada del paisaje. Desde el pueblo avanza por su valle, llega al Guadalmena y, con él, conduce sus aguas hacia el Guadalquivir. Bajo las calles, además, yace Mentesa Oretana, una ciudad hispanorromana cuyas huellas siguen bajo una parte del casco actual. Agua que encuentra salida y ruinas que quedaron cubiertas por otras vidas: dos rastros distintos, reunidos en un mismo lugar.
El río Villanueva empieza en el pueblo
El manantial ocupa una posición singular: está dentro del pueblo, no lejos de la transición entre la meseta y la depresión del río. La descripción geográfica de Villanueva sitúa la localidad al borde de la meseta, entre las estribaciones orientales de Sierra Morena —la Sierra del Relumbrar— y la Sierra de Alcaraz. El valle del río Villanueva abre una depresión entre esos relieves. Así, el agua que brota en el casco encuentra enseguida un cauce por el que abandonar el entorno urbano y seguir valle abajo.
La palabra «rebosadero» ayuda a entender el mecanismo sin convertirlo en una fuente de misterio: el acuífero es agua almacenada bajo tierra y el manantial es su salida natural en este punto. El estudio geotécnico municipal también describe formaciones que, aunque suelen ser impermeables o de permeabilidad muy baja, pueden albergar acuíferos superficiales cuando la alteración o las fisuras dejan circular y acumular agua. Esa descripción general no identifica por sí sola la roca concreta del nacimiento, pero permite comprender cómo pueden convivir materiales poco permeables y puntos locales de descarga.
Un término de yesos, limos y calizas
El subsuelo municipal no es una sola roca. La clasificación geotécnica señala que la categoría de yesos, anhidrita y sales representa el 66,16 % de los materiales registrados. También aparecen arenas finas y limos, pizarras y esquistos, calizas, dolomías y mármoles, además de gravas y arenas compactas. Son grupos distintos: unos nombran materiales evaporíticos, otros sedimentos finos, rocas metamórficas o rocas carbonatadas. La clasificación corresponde al término municipal; no permite asignar automáticamente una de esas litologías a cada calle, a la fuente o a los restos romanos.
Las calizas y dolomías añaden otra pieza al paisaje subterráneo. El estudio identifica zonas de formaciones carbonatadas con karstificación moderada y sectores con poca o casi ninguna, donde puede haber algún sistema kárstico aislado. El karst se forma cuando el agua disuelve lentamente la roca carbonatada y agranda grietas y conductos. A lo largo del tiempo, ese proceso puede crear vías subterráneas para el agua. En Villanueva, la existencia de esas formaciones y la del manantial son datos locales; no se puede atribuir el nacimiento a una de ellas en particular.
Esta variedad importa porque el relieve no es solo una silueta en el horizonte: también reúne materiales con comportamientos diferentes. El término combina la planicie del Campo de Montiel con la depresión del río y los relieves próximos. El estudio describe, además, formaciones generalmente poco permeables que pueden alojar acuíferos superficiales en zonas alteradas o fracturadas. La imagen útil es la de un subsuelo desigual: no una esponja uniforme, sino materiales y discontinuidades que ofrecen distintas posibilidades al agua.
Cerro Ortega y las huellas más antiguas
La historia humana se asoma en cerros cercanos antes de que Mentesa ocupe el primer plano. En Cerro Ortega se excavaron enterramientos neolíticos y se hallaron restos humanos, ídolos y otras figuras simbólicas. En Cerro Castellar y Cerro Ortega también se han encontrado restos que podrían corresponder a un asentamiento del Neolítico o de la Edad del Bronce. La diferencia importa: los enterramientos de Cerro Ortega están descritos como un hallazgo, mientras que la atribución de aquellos restos a un asentamiento se presenta como posible.
Luego, el escenario cambia de escala: bajo el casco aparece una ciudad romana. Las excavaciones en distintos puntos, entre ellos la calle del Aire, documentaron restos de una calzada y una vivienda romana que puede visitarse allí. La síntesis histórica local identifica ese asentamiento, con cautela, como Mentesa Oretana. No se trata de una ciudad imaginada a partir de una leyenda, sino de huellas urbanas encontradas bajo la población actual: una calle antigua y una casa que todavía permiten reconocer cómo el pasado ocupa el subsuelo del presente.
Mentesa Oretana bajo las calles
Mentesa tuvo un papel que superaba su emplazamiento inmediato. La ciudad estaba en el trayecto de la Vía Hercúlea, la ruta que, según la historia local, comunicaba Cádiz con Roma pasando por este lugar. También llegó a acuñar moneda propia. Esos datos dan medida de su importancia, pero la huella que más cerca queda del vecino es la excavada: calzada, vivienda y restos extendidos bajo el casco urbano. Se estima que una tercera parte de la ciudad actual se asienta sobre el yacimiento enterrado de la antigua Mentesa.
La dificultad de esta historia es también su continuidad: el pueblo de hoy ocupa un espacio donde permanecen vestigios de otra ciudad. Mentesa no quedó en un paisaje distante, separada por kilómetros, sino bajo el trazado urbano actual. Su superficie desapareció como ciudad reconocible, pero parte de sus restos sobrevivió bajo las capas posteriores. La calle del Aire ofrece una ventana concreta a esa superposición: allí la calzada y la vivienda romanas se pueden visitar, mientras el resto de la huella arqueológica queda bajo el casco.
Después llegó la época visigoda, asociada en la historia local a la prosperidad de Mentesa y al establecimiento de un obispado. El avance musulmán puso fin al dominio cristiano y la ciudad fue destruida. De aquel paisaje antiguo se conserva también la torre de la antigua iglesia, en el casco viejo. La ciudad romana y visigoda dejó de ocupar el lugar como antes; sin embargo, la vida del asentamiento no quedó borrada de una vez. Las ruinas y la torre permanecieron como referencias para quienes volverían a poblar el entorno.
Villanueva de Alcaraz vuelve a ocupar el lugar
En 1213, tras la conquista del territorio por Alfonso VIII, comenzó la colonización de estos campos. La antigua Meintixa fue repoblada con el nombre de Villanueva de Alcaraz, alrededor de una vieja torre de vigilancia islámica y de las ruinas de la población mozárabe desaparecida. El nuevo asentamiento no surgió sobre un terreno vacío: se organizó junto a restos y edificios que ya formaban parte del paisaje. La localidad volvió a establecerse allí, mientras la antigua ciudad quedaba como una presencia enterrada y parcialmente visible.
También se disputó quién ejercía el poder sobre el lugar. En 1243, una sentencia de Fernando III favoreció a Alcaraz y la Orden de Santiago perdió Villanueva y el paraje de la Torre de Gorgojil, que pretendía ocupar. En 1369, Enrique II cedió Villanueva de la Fuente a la Orden de Santiago. Las decisiones cambiaron la autoridad y los derechos sobre el término; el pueblo, en cambio, siguió asentado en el mismo entorno de meseta, valle y manantial.
En 1475, durante la guerra de sucesión castellana, las tropas del Concejo de Alcaraz cercaron y tomaron Villanueva. Décadas después, los desacuerdos con Alcaraz por el nombramiento de las autoridades desembocaron en la destitución y encarcelamiento de alcaldes y oficiales en 1524. El 29 de septiembre de 1525, algunos vecinos apartaron de sus cargos a los oficiales que acudían a cobrar el tributo, liberaron a los detenidos y repusieron autoridades locales. En 1565, Felipe II concedió la segregación municipal y Villanueva de Alcaraz pasó a llamarse Villanueva de la Fuente.
La fuente del nombre actual acompaña a un cambio político documentado; el manantial, por su parte, sigue siendo el nacimiento del río que cruza el valle. Hoy el cauce continúa hacia el Guadalmena y el Guadalquivir, mientras las excavaciones de la calle del Aire permiten reconocer una parte de Mentesa bajo el pueblo. La antigua ciudad acabó destruida y cubierta; Villanueva volvió a ocupar el lugar y conservó, bajo sus calles, huellas de quienes estuvieron antes. En el casco, el agua todavía encuentra su salida. Y debajo, la ciudad antigua sigue teniendo una calle que contar.
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