Historia geológica Localidad Villamanrique

Villamanrique, torres sobre el arroyo

En un cerro sobre el arroyo de la Cañada, una torre vigía domina el paisaje al noroeste de Villamanrique. Su posición enlaza a la vista fortalezas y cursos de agua, y abre una historia en la que el relieve acompaña los cambios de poder y de nombre del pueblo.

Alejado de poblaciones y de carreteras, sobre un risco, a orillas del río Guadalén, se levanta el Castillo de Montizón. Se encuentra en el término municipal de Villamanrique, al sur de la provincia de Ciudad Real.

Alejado de poblaciones y de carreteras, sobre un risco, a orillas del río Guadalén, se levanta el Castillo de Montizón. Se encuentra en el término municipal de Villamanrique, al sur de la provincia de Ciudad Real.

Foto: Miguel Angel Masegosa Martínez, CC BY 2.0 — commons.wikimedia.org

Al noroeste de Villamanrique, cerca de Torre de Juan Abad, un torreón aislado se levanta sobre un cerro que domina el arroyo de la Cañada. La torre de la Higuera cumplía funciones de vigilancia: desde allí se podía ver tanto el castillo de Montizón como Eznavejor. El terreno hace comprensible esa función sin necesidad de imaginar una batalla concreta. La altura separa el puesto del cauce y abre una perspectiva amplia sobre los alrededores. El arroyo, por su parte, añade una línea reconocible al relieve: un curso estacional bajo una elevación que convierte la vista en una ventaja.

La torre no está sola en la historia del paisaje. Villamanrique ocupa una zona de transición entre la llanura cerealista manchega y el terreno paleozoico de Sierra Morena, y su término está surcado por numerosos arroyos estacionales. Cerros, cauces y llanuras forman el escenario de una red de fortificaciones que hoy se reconoce en torres y castillos. No todos sus elementos tienen una fecha documentada en la información disponible, así que la imagen inicial es, ante todo, topográfica: una torre en alto, el arroyo abajo y otras fortalezas dentro de su campo visual.

Un cerro para vigilar los caminos

La torre de la Higuera permite mirar el terreno como lo habría hecho un puesto de vigilancia: no desde el fondo del valle, sino desde una elevación. El Ayuntamiento describe su emplazamiento sobre el arroyo de la Cañada y destaca que permite la visibilidad hacia Montizón y Eznavejor. Esa relación entre altura y alcance visual es concreta; ayuda a explicar por qué una posición elevada podía servir para observar el entorno. No hace falta convertir esa observación en una ruta militar precisa: el dato local basta para mostrar que el relieve ofrecía un punto de control visual.

También importa la presencia del agua. Los arroyos de Villamanrique son estacionales, no ríos de caudal constante, y el propio arroyo de la Cañada marca el fondo del relieve junto al cerro. La diferencia entre una corriente que aparece por temporadas y una elevación persistente da forma a un paisaje de contrastes: cauce y altura, paso y observación. La geología no actúa aquí como decorado, sino como el soporte físico de una posición descrita por su función. El torreón no demuestra por sí mismo cuándo se construyó ni qué episodios presenció; sí conserva la relación entre terreno y vigilancia.

Qué materiales forman el término

El sustrato municipal añade otra escala a esa escena. El estudio geotécnico clasifica el 63,05 % de los materiales considerados como pizarras y esquistos. Son nombres de rocas, no de suelo suelto. En proporciones menores aparecen yesos, anhidrita y sales, con un 10,40 %; calizas, dolomías y mármoles, con un 5,38 %; y arenas finas y limos, con un 2,46 %. La relación permite reconocer un término geológicamente variado, donde coexisten rocas y sedimentos, pero no asignar una de esas categorías a la base de la torre o a un edificio concreto.

La descripción municipal del paisaje como transición entre la llanura manchega y el terreno paleozoico de Sierra Morena encaja con esa presencia destacada de pizarras y esquistos en la clasificación geotécnica. La escala, sin embargo, es el término municipal: esos porcentajes no dibujan un mapa del cerro de la Higuera. Su valor para la historia es otro. Recuerdan que el paisaje de llanuras, arroyos y elevaciones se apoya en materiales distintos, y que no todo lo que parece una superficie uniforme pertenece a la misma familia geológica.

El estudio caracteriza algunas formaciones, en términos generales, como impermeables o de muy baja permeabilidad. Añade que la alteración o la fracturación puede albergar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente interesantes. Es una explicación útil para entender por qué la presencia de agua en el paisaje no obliga a imaginar un flujo permanente bajo cada cerro. Pero no describe el comportamiento exacto del arroyo de la Cañada, ni permite atribuirle un origen concreto. Aquí, el dato geológico acompaña la escena sin reemplazar lo que se sabe de su relieve visible.

Eznavejor queda atrás; Montizón toma su lugar

A unos tres kilómetros de Villamanrique, junto a la carretera que va a Torre de Juan Abad, se encuentran las ruinas de Eznavejor, también llamadas Torres de Xoray o Joray. La fortaleza se asentaba en un paisaje donde las alturas y los cauces ofrecían referencias físicas para observar el entorno. Su historia sí tiene un giro fechado: fue abandonada en 1213, un año después de la victoria cristiana en la batalla de las Navas de Tolosa. La coincidencia temporal sitúa el abandono en un periodo de cambio, aunque no establece por sí sola una causa directa.

En 1214 la Orden de Santiago se hizo cargo de la administración y defensa de la zona, y construyó el castillo de Montizón. El paso de Eznavejor abandonado a una fortaleza vinculada a la Orden convierte el paisaje en escenario de una reorganización: las estructuras defensivas cambiaron, mientras el terreno seguía ofreciendo cerros, arroyos y puntos de observación. El castillo de Montizón figura como fortaleza estratégica durante la Reconquista. La secuencia deja una huella material reconocible, pero no una explicación que permita afirmar que un castillo sustituyó exactamente al otro por una razón topográfica concreta.

Mucho después, Francisco de Quevedo cantó las torres de Joray en un poema. La ruina había dejado de ser únicamente una obra defensiva y se había convertido también en una referencia evocada por la literatura. Ese cambio no borra su abandono: añade otra etapa a la vida del lugar. En el cerro permanecen las ruinas; en el nombre, la memoria de la fortaleza se conserva con variantes. El paisaje reúne así dos ritmos distintos: el de los cursos estacionales y las formas del relieve, y el de las funciones humanas que aparecen, desaparecen y dejan rastros.

De Bellomonte a villa independiente

La historia del núcleo habitado también se cuenta mediante cambios de nombre. En el siglo XIII se llamaba Bellomonte. Tras la repoblación del siglo XV pasó a ser Belmonte de la Sierra y, más tarde, Belmontejo. El 18 de diciembre de 1474, Rodrigo Manrique consiguió su independencia respecto de Torre de Juan Abad y la localidad se convirtió en villa. En agradecimiento, sus habitantes cambiaron el nombre de Belmontejo por Villamanrique, ligado al señor que obtuvo ese reconocimiento. La identidad del pueblo quedó inscrita en una transformación política concreta.

El relieve seguía siendo el escenario de una localidad situada en una zona de paso. A comienzos del siglo XVI, Villamanrique era un punto estratégico para desplazarse por el sur de España, entre el Reino de Valencia, Granada y Andalucía; las descripciones históricas presentan al pueblo como una especie de puerto de acceso a otros territorios. Esa referencia no convierte los arroyos en rutas navegables. Habla de la función de paso que adquirió la villa dentro de las comunicaciones terrestres, en un paisaje de transición entre la llanura y los terrenos de Sierra Morena.

En 1617 se reconstruyó la Venta Nueva. La iglesia de San Andrés había empezado a construirse a finales del siglo XV y quedó terminada en 1607; también se levantaron casas solariegas en la calle Jerónimo Frías, entre ellas la Casa de la Encomienda o Casa Grande. La sucesión de villa, venta, iglesia y casas muestra cómo se asentó la vida local después de los cambios medievales. Son construcciones de distintas etapas; la información disponible no identifica sus materiales con las rocas concretas clasificadas para el término municipal.

La torre permanece en el paisaje

Hoy la torre de la Higuera sigue siendo el punto que permite reunir las piezas: un cerro sobre un arroyo estacional, la vista hacia dos fortalezas y un municipio situado entre llanura manchega y terreno paleozoico. Eznavejor conserva sus ruinas; Montizón recuerda el papel defensivo de la Orden de Santiago; Villamanrique mantiene el nombre adquirido cuando se convirtió en villa. Ninguna de estas huellas cuenta por sí sola toda la historia, pero juntas muestran cómo se superponen el relieve y las decisiones humanas sin confundir sus tiempos.

El episodio de Eznavejor desembocó en su abandono en 1213; al año siguiente, la Orden de Santiago asumió la administración y defensa y construyó Montizón. La torre de la Higuera, con una cronología no precisada aquí, permanece como testimonio de vigilancia sobre el arroyo y de la importancia de las alturas para observar. Desde ese cerro, la historia deja de parecer una sucesión de nombres aislados: se vuelve un paisaje de posiciones, cauces y restos. La torre no domina el tiempo, pero conserva una ventana a la forma en que Villamanrique miró y ocupó su territorio.

Tipos de terreno en Villamanrique

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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Riesgo sísmico en Villamanrique

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2.4 Escala de Richter
MáxM 2.4
MediaM 2.01
Máx Media
Eventos registrados
10
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.9) ocurre aprox. cada 4 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2.4 2021
  • 2 M 2.3 2009
  • 3 M 2.3 2024
Último sismo registrado
2025
M 2 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).

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