Villagonzalo Pedernales, entre páramo y cuestas
Villagonzalo Pedernales se asienta sobre una plataforma alta, pero el terreno no acaba en esa superficie llana: desciende en cuestas hacia los valles. Entre ambos relieves, las huellas humanas cuentan una historia que va del trabajo del sílex a los campos, las casas y las autovías.
El ayuntamiento de Villagonzalo Pedernales, en el núcleo urbano asentado sobre la plataforma del páramo.
Villagonzalo Pedernales ocupa un páramo al sur del valle del Arlanzón, a ocho kilómetros de Burgos. El pueblo está a 902 metros de altitud y el relieve municipal, en conjunto, es bastante llano: una superficie alta que parece sencilla hasta que se sigue hacia sus bordes. Allí aparecen las cuestas y los escarpes que bajan a las vegas fluviales. La forma del terreno cuenta una historia de dos escalas: una plataforma extensa y, a su alrededor, pendientes que conducen desde el páramo hasta los fondos de valle. A esa transición se han ido sumando caminos, campos, viviendas e infraestructuras.
El páramo y sus bordes
El protagonista de ese recorrido es el relieve de los Páramos del Arlanzón. La descripción geomorfológica del municipio distingue dos unidades: la plataforma superior y los escarpes que la unen con las vegas. En las cuestas, la pendiente empieza acusada y se suaviza hacia abajo; el perfil general es cóncavo. No es un paisaje de una sola pieza, sino un alto relativamente llano con un descenso reconocible hacia las zonas bajas.
Esta diferencia importa para leer el paisaje local. El casco se sitúa en la plataforma del páramo, mientras que los fondos de valle y las vertientes pertenecen a otros tramos del relieve. El paisaje no se reduce a la altura del pueblo: también incluye los cambios de pendiente y las vegas. Cerca de Burgos, en torno a los 900 metros de altitud, ese contraste configura el escenario donde hoy conviven cultivos, áreas industriales y expansión residencial.
Caliza, margas y yesos bajo el término
El sustrato ayuda a entender que esa plataforma no es simplemente una llanura de material uniforme. En términos generales, el municipio se asienta sobre materiales terciarios del Mioceno Superior, en el intervalo denominado Vallesiense. En las zonas de páramo se describen calizas, calizas margosas y margas, identificadas como calizas inferiores del páramo. En las vertientes del río Arlanza se citan margas con yesos, margocalizas, calizas y dolomías, agrupadas como Facies Cuestas.
Son materiales distintos, y su distribución importa: una caliza no es una marga, y la clasificación del término no significa que cada edificio se levante sobre la misma roca. El retrato geológico sitúa conjuntos diferentes en unidades distintas del relieve. Así se entiende la relación entre plataforma y cuestas sin atribuir una litología concreta a una calle o a una casa. El paisaje conserva una lectura por franjas: alto, vertiente y valle.
El Arroyo de Las Fuentes señala el valle
En menor proporción aparecen materiales terciarios del Astaraciense: arcillas, areniscas, margas y calizas. Se localizan cerca del fondo del valle del Arroyo de Las Fuentes, afluente del Arlanzón. En las partes bajas del valle también se describen depósitos cuaternarios de gravas, arcillas, limos y arenas. El paso del páramo al fondo no es solo una bajada visible: el inventario geológico distingue materiales asociados a distintas posiciones del relieve.
El agua forma parte de este mapa a través de los valles y sus vegas. En el perfil municipal se distinguen la plataforma, las vertientes y los fondos bajos, con sus respectivos materiales. El Arroyo de Las Fuentes da nombre a uno de esos escenarios y permite situar las arcillas, areniscas, margas y calizas próximas a su valle. Las cuestas, por su parte, aparecen descritas en relación con el río Arlanza. Son referencias distintas dentro de un paisaje donde los cambios de altura van acompañados por cambios en el sustrato.
El sílex deja huellas humanas
Mucho antes de que el paisaje periurbano reuniera autovías, servicios y campos, el término ya había sido recorrido y aprovechado. Villagonzalo Pedernales cuenta con doce yacimientos arqueológicos inventariados. Su secuencia abarca, prácticamente sin interrupción, desde el Paleolítico Inferior/Medio hasta la Edad Contemporánea. Entre esos enclaves destacan los lugares de aprovisionamiento y transformación del sílex: espacios vinculados a la obtención y el trabajo de ese material.
El sílex lleva la historia del terreno a una escala humana: no solo importa la forma del páramo, sino también los recursos que las personas buscaron y transformaron en el término. Los doce yacimientos cubren una larga sucesión de épocas; no cuentan un único episodio, sino la persistencia de huellas humanas en el territorio. El relieve ofrece el escenario, mientras que los enclaves de aprovisionamiento y transformación revelan una relación concreta con los materiales. Esa historia antigua no necesita confundirse con la fundación posterior de la villa para formar parte del mismo recorrido local.
La iglesia de San Vicente forma parte del paisaje construido del núcleo de Villagonzalo Pedernales.
La villa ocupa un paisaje de larga duración
La historia de la villa sitúa su fundación en el siglo IX y la atribuye a Gonzalo Téllez, conde de Cerezo y Lantarón. La fecha introduce una comunidad asentada en el paisaje del páramo, después de las huellas prehistóricas y de otros periodos que aparecen en los yacimientos. A mediados del siglo XIX, Villagonzalo Pedernales tenía 280 habitantes. En 2025 alcanzaba 1.903, según el dato demográfico recogido para el municipio.
Las cifras señalan el cambio de escala, pero la historia también se reconoce en las construcciones del núcleo tradicional. En la plaza de la Constitución y la calle de la Iglesia se conservan viviendas y edificios auxiliares de mampostería y sillería en caliza, además de algo de adobe. La mampostería reúne piedras en una fábrica; la sillería utiliza bloques trabajados. La caliza figura así entre los materiales empleados en la arquitectura local, junto a la tierra moldeada del adobe.
La caliza entra en las calles
En esas casas, el sustrato deja de ser una descripción del relieve y pasa a formar parte de la construcción. La caliza aparece en muros de mampostería y en piezas de sillería de los edificios tradicionales. El adobe aporta otra solución material, de modo que el conjunto no responde a una única técnica. En la plaza de la Constitución y en la calle de la Iglesia, esa variedad construida vincula el pueblo actual con las maneras locales de levantar viviendas y dependencias auxiliares.
El uso de caliza en las edificaciones coincide con la presencia de rocas calizas en la descripción geológica municipal, aunque esa coincidencia no identifica la procedencia de la piedra de cada inmueble. Lo que sí queda documentado es su presencia en la arquitectura del casco tradicional. En la historia del páramo, la roca interviene de dos formas distintas: como parte de las unidades que describen el subsuelo y como material visible en las construcciones.
Los Pedernales cambia el paisaje periurbano
La transformación más reciente ha añadido otra tensión al recorrido: el término mantiene la actividad agrícola, todavía predominante, mientras acoge industrias, servicios y expansión residencial. La vegetación natural ha sido modificada por la agricultura, con extensiones de cultivos cerealistas que sustituyeron vegetación espontánea y redujeron su abundancia y diversidad. El campo no desapareció cuando llegaron otros usos; comparte el paisaje con ellos.
En el Monte de la Abadesa hay áreas industriales y, junto a la A-1, se amplió el polígono de Los Pedernales. El desarrollo contempló 686.055 metros cuadrados y puso 323.000 metros cuadrados de suelo industrial en el mercado; la inversión superó los dieciséis millones de euros. También se ejecutó un vial que conecta el polígono con el núcleo urbano y con la A-62. Las tres autovías que atraviesan el término —del Norte, de Castilla y del Camino de Santiago— forman parte de esta nueva escala periurbana.
El resultado no es un páramo reservado a un solo uso. En el mismo término permanecen los cultivos cerealistas, los núcleos de servicio, las áreas industriales y las viviendas. La villa que la historia sitúa en el siglo IX comparte ahora el escenario con grandes infraestructuras y una población de 1.903 habitantes. El relieve sigue ofreciendo la plataforma y sus descensos; sobre ellos, las actividades humanas han cambiado la apariencia del paisaje sin borrar la agricultura.
Al principio, el páramo podía parecer una superficie uniforme. Al seguir sus bordes aparecen las cuestas, los valles y los materiales que distinguen cada tramo; al volver al casco, la caliza de las construcciones y las huellas arqueológicas añaden otras escalas de tiempo. Villagonzalo Pedernales queda así entre dos formas de permanencia: un relieve reconocible y una comunidad que continúa transformando su paisaje.
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