Historia geológica Localidad Villafranca de los Barros

Villafranca de los Barros excavó su vida cotidiana en el caleño

En Los Cortinales, donde hoy están los depósitos de agua, un poblado antiguo dejó huellas bajo tierra. Sus fosas muestran cómo el terreno calizo formó parte de la vida de quienes ocuparon este lugar.

Portada de la iglesia de Nuestra Señora del Valle, en Villafranca de los Barros.

Portada de la iglesia de Nuestra Señora del Valle, en Villafranca de los Barros.

Foto: Ángel M. Felicísimo, CC BY 4.0 — commons.wikimedia.org

En Los Cortinales, en el mismo paraje que hoy alberga los depósitos de agua de Villafranca de los Barros, hubo un pequeño poblado hace unos cuatro mil años. No quedan casas en pie: las excavaciones encontraron estructuras hundidas en el terreno. ¿Qué permitió a sus habitantes abrirlas allí? La pista está en el propio sustrato, descrito por los arqueólogos como caleño: un suelo calizo muy compacto.

Un poblado que dejó sus huellas bajo tierra

Los restos más antiguos identificados en el término municipal corresponden a los momentos finales de la Edad del Cobre, también llamada Calcolítico. Las cerámicas halladas sitúan esas ocupaciones, aproximadamente, entre 2000 y 1800 antes de Cristo. El poblado de Los Cortinales estaba en llano, en un punto que sigue teniendo un uso importante para la población: allí se encuentran los depósitos que la abastecen de agua.

El yacimiento había sufrido destrucción parcial antes de que se realizaran dos campañas arqueológicas, en 1984 y 1985. Las dirigieron Milagros Gil-Mascarell Boscá y Alonso Rodríguez Díaz, de la Universidad de Extremadura. Bajo la superficie aparecieron numerosas estructuras subterráneas o semisubterráneas excavadas en el caleño. No eran edificios levantados sobre el terreno, sino espacios cuyo rastro principal quedó bajo él.

Ese detalle cambia la manera de imaginar el asentamiento. El subsuelo no era solo el soporte del poblado: también fue parte de su arquitectura. El material compacto permitió excavar fosas que conservaron formas distintas, como un recipiente abierto en la tierra que, según su perfil, pudo servir para habitar o almacenar.

¿Casa o silo? La forma guarda la pregunta

Los arqueólogos distinguieron cavidades circulares u ovaladas, de poca profundidad, que podrían haber funcionado como viviendas. Sobre ellas habría existido una cubierta vegetal; de esta solo se conservaron fragmentos de barro con impresiones de ramas. Otras fosas, más profundas y con perfil acampanado, pudieron utilizarse como silos, es decir, depósitos excavados para guardar grano.

Las formas permiten proponer usos, no convertirlos en certezas. Pero, vistas en conjunto, dibujan una vida organizada alrededor de refugios y almacenamiento: unas estructuras protegían a quienes las ocupaban; otras quizá ayudaban a conservar alimentos. La tierra caliza compacta hacía posible ese tipo de construcción subterránea. Es una relación concreta entre geología y vida cotidiana, no una simple coincidencia entre un yacimiento y un paisaje.

También aparecieron huesos de animales. Junto a los posibles silos, esos restos apuntan a una economía en la que la agricultura y la ganadería debieron tener un papel principal. Los materiales cerámicos, parecidos a los de La Pijotilla, en el entorno de Badajoz, ayudan a situar el poblado en los últimos momentos del Calcolítico. La comparación se refiere a las cerámicas y a su cronología, no demuestra que ambos lugares fueran iguales.

La tierra alimentaba, pero ¿también daba metal?

En las proximidades se conoce una mina de cobre abandonada. Esa cercanía llevó a considerar la minería como una posibilidad dentro de la economía local, junto con el cultivo y la cría de animales. Sin embargo, en la superficie excavada no apareció ningún fragmento metálico. Por eso la explotación minera no está confirmada: es una hipótesis sugerida por el paisaje arqueológico y la proximidad de la mina, no una actividad demostrada para los habitantes de Los Cortinales.

La diferencia importa. Una mina cercana permite plantear una pregunta sobre los recursos conocidos por aquella comunidad, pero no prueba quién la trabajó ni cuándo. La evidencia más firme procede de las propias fosas, las cerámicas y los huesos animales. Con esos indicios, el retrato más sólido es el de un asentamiento vinculado a tareas agropecuarias, quizá con otras actividades que todavía no han quedado acreditadas.

El terreno también aparece en otro registro arqueológico del término. En Las Palomas, a unos tres kilómetros al sur de la población, se encontraron enterramientos en cista: sepulturas individuales delimitadas y cubiertas con losas de piedra. Tras un hallazgo casual en 1983, una intervención de urgencia en 1985 permitió exhumar cinco nuevas tumbas. Se atribuyen al final del Calcolítico o quizá a un momento posterior, ya en la Edad del Bronce, y por ahora no se han relacionado con un asentamiento estable.

Del caleño a los barros de la comarca

La historia geológica que puede contarse con estas evidencias es local y precisa: en Los Cortinales, el sustrato calizo compacto fue excavado para crear espacios de uso cotidiano. No hace falta atribuirle un origen que las fuentes disponibles no documentan para comprender su papel en el poblado. La roca está presente en la forma de las estructuras y en la manera en que se organizó aquel espacio.

El terreno de Villafranca no se reduce, sin embargo, a ese caleño. El estudio geotécnico municipal clasifica como categoría mayoritaria las gravas y arenas compactas, con un 58.42%; las arcillas y margas sobreconsolidadas (duras) representan un 15.84%. Son porcentajes de las categorías recogidas en ese estudio, no una descripción exacta del punto excavado en Los Cortinales. Allí, la evidencia arqueológica identifica específicamente un sustrato calizo compacto.

La comarca también lleva el barro en el nombre. Una fuente local vincula la generalización de la denominación «Villafranca de los Barros» durante el siglo XIX con los suelos arcillosos característicos de Tierra de Barros. En ese mismo siglo, Villafranca se convirtió en ciudad y fue una de las principales productoras de vino de la región. El vínculo entre suelos y nombre está documentado; no basta, por sí solo, para afirmar que una clase de terreno explique toda la historia vitivinícola.

Así se cruzan dos escalas. En el poblado calcolítico, el caleño fue un material excavado para formar fosas; en la historia más reciente, los barros de la comarca acompañan un nombre asociado a un territorio agrícola y vitivinícola. El estudio del subsuelo, por su parte, registra también otras categorías de terreno y permite consultar su distribución municipal sin confundirla con la geología puntual del yacimiento.

En Los Cortinales, la respuesta a la pregunta inicial está en las huellas: el terreno compacto fue parte de la solución constructiva de quienes vivieron allí. Cuando pasas hoy junto a los depósitos de agua, ese lugar cotidiano también señala el sitio donde el suelo calizo acogió refugios y posibles graneros de una comunidad antigua.

Tipos de terreno en Villafranca de los Barros

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Gravas y Arenas compactas
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    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
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    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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  • Pizarras y Esquistos
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    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Granito, Gneis y rocas ígneas
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    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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