Valverde de Júcar, el valle sumergido
En 1958, la cola del embalse de Alarcón inundó el valle que da nombre a Valverde de Júcar, pero no borró el pueblo. El agua cambió la manera de llegar a Hontecillas y a las tierras de labor: un trayecto corto pasó a depender de un rodeo o de cruzar el pantano.
Valverde de Júcar visto desde Hontecillas, con los campos en primer plano. El antiguo camino y el rodeo posterior por carretera permiten entender cómo cambió la distancia entre ambos pueblos.
El camino viejo entre Valverde de Júcar y Hontecillas mide la cercanía de una manera que hoy ya no organiza la mayoría de los viajes. Por esa vía, el pueblo vecino queda a menos de tres kilómetros; tras la construcción del pantano de Alarcón, el tráfico entre ambos pasó sobre todo a la carretera, en un rodeo de unos cinco. Hontecillas no se alejó: fue el valle que enlazaba los dos lugares el que cambió de condición. En 1958, el agua alcanzó el valle que da nombre a Valverde.
Valverde se encuentra en la ribera del Júcar y del Gritos, coincidiendo con la cola del embalse de Alarcón. Es una posición en la que el agua no es un elemento de fondo: los ríos forman parte del nombre y del emplazamiento del pueblo, y el pantano se convirtió después en una presencia capaz de alterar el paso por el territorio. La historia empieza antes de esa transformación, cuando el valle fértil ofreció un lugar para asentarse.
Vall Verde nació junto a los ríos
El enclave actual surgió durante la etapa de repoblación que se extendió entre 1177 y 1200. Tras la toma de Alarcón por las tropas cristianas en 1184, habitantes que llegaron principalmente de las montañas de Cantabria se instalaron en distintos lugares del territorio. En Valverde encontraron una vega fértil junto a los ríos Gritos y Júcar. Allí fundaron una aldea a la que llamaron Vall Verde.
El nombre conservó una descripción del paisaje: una población vinculada a la vega y a dos cursos de agua. Más tarde se añadió Júcar para distinguirla de otras localidades llamadas Valverde. No hace falta imaginar una frontera rígida entre pueblo y río para entender el emplazamiento: la razón recogida por la historia local es concreta, la fertilidad del lugar junto a ambos cauces. Esa relación entre asentamiento y valle se mantuvo durante siglos, hasta que el agua volvió a cambiar de escala y de función.
1958: la cola de Alarcón cubre el valle
La localidad vivió un periodo de desarrollo económico desde comienzos del siglo XX hasta la década de 1950, según la crónica de Los Ojos de la Tierra. En 1958, la cola del pantano inundó el valle que da nombre al pueblo. La fecha marca una alteración visible en la geografía local: donde el valle enlazaba espacios de tierra, el embalse introdujo una extensión de agua que reorganizó los recorridos.
Conviene distinguir el valle inundado del núcleo de Valverde. La fuente geográfica sitúa al municipio junto a los ríos y en la cola del embalse; no dice que el pueblo entero quedara bajo el agua. El cambio que documenta es el anegamiento del valle. Esa diferencia permite comprender la historia sin confundir la pérdida de un paso y de tierras con la desaparición del asentamiento que había nacido allí siglos antes.
La superficie del agua alteró también la medida cotidiana de las distancias. El camino viejo a Hontecillas seguía siendo el enlace más corto, pero la mayor parte del tráfico pasó a usar una carretera que rodea el valle con un recorrido de unos cinco kilómetros. En el mapa, ambos pueblos continúan próximos; sobre el terreno, el paso directo quedó condicionado por el pantano. La cola del embalse convirtió una vecindad sencilla en un trayecto más largo.
Hontecillas quedó al otro lado del agua
El cambio no se limitó a los viajes entre poblaciones. La crónica local de Los Ojos de la Tierra cuenta que algunos habitantes tenían que atravesar el pantano en barcas precarias para llegar a sus tierras de labor, y menciona personas ahogadas al cruzarlo. No ofrece detalles de esos episodios, pero sí deja claro qué estaba en juego: alcanzar unas tierras cuya relación con el pueblo había quedado alterada por el agua.
La escena permite medir el contraste entre el valle fértil que había atraído a los primeros pobladores y el nuevo obstáculo que interrumpía recorridos. No se trata de afirmar que el pantano acabara con toda actividad agrícola ni de atribuirle por sí solo los cambios económicos posteriores. Lo documentado es más preciso: hubo tierras a las que se llegaba cruzando el embalse y el cruce se hacía en embarcaciones precarias. Para quienes dependían de ese paso, la distancia no era solo una cifra en kilómetros.
El antiguo tramo de la N-III entre Valverde de Júcar y Hontecillas aparece anegado por el embalse de Alarcón. La imagen acerca el cambio de acceso que convirtió el valle en una barrera de agua.
La fotografía del antiguo tramo de la N-III entre Valverde y Hontecillas, anegado por el embalse, acerca esa transformación a una huella concreta. Una carretera bajo el agua expresa el cambio con más claridad que una línea nueva en un mapa: el valle que antes formaba parte del recorrido quedó ocupado por el pantano. El rodeo por carretera y los cruces en barca son dos respuestas distintas a esa misma alteración del paso.
Bajo Valverde conviven materiales distintos
El paisaje no termina en la orilla. El estudio geotécnico clasifica el término municipal en varias familias de materiales: areniscas, conglomerados y flysch ocupan el 37,93 %; yesos, anhidrita y sales, el 37,53 %. También recoge calizas, dolomías y mármoles, con un 8,05 %, además de un 12,15 % correspondiente a masa de agua. Son categorías municipales: describen un territorio diverso, no identifican automáticamente la roca bajo cada edificio ni el material de cada tramo de carretera.
La variedad importa porque Valverde no aparece en esa clasificación como una superficie hecha de un solo tipo de sustrato. Areniscas, conglomerados y flysch forman uno de los grandes grupos; yesos, anhidrita y sales, otro; las rocas carbonatadas, un tercero. El estudio no presenta una secuencia estratigráfica local que permita reconstruir el origen de cada material, pero sí permite ver que el término reúne conjuntos distintos. La historia del valle se desarrolla sobre un terreno que no es uniforme.
El mismo estudio caracteriza ciertas formaciones como generalmente extensas y de baja permeabilidad, aunque señala que pueden albergar en profundidad acuíferos de mayor permeabilidad y productividad, incluso de interés regional. En palabras sencillas, el agua no atraviesa por igual todas las formaciones: algunas ofrecen poca permeabilidad en términos generales, mientras que en profundidad pueden existir acuíferos más productivos. Es una descripción del comportamiento posible de las formaciones, no una explicación del embalse ni de la inundación de 1958.
El informe también señala áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales en materiales carbonatados, y áreas con movimientos actuales o potenciales, principalmente deslizamientos en formaciones blandas, además de posibles deslizamientos o desprendimientos. Son procesos y condiciones potenciales recogidos para el término, no sucesos que deban atribuirse al valle inundado. Su utilidad aquí es recordar que el terreno municipal tiene respuestas distintas según sus materiales; la transformación que cambió el acceso, en cambio, está ligada a la llegada de la cola del pantano.
El pueblo permanece junto a una geografía nueva
Así se entienden las dos historias que coinciden en Valverde. La primera llevó a los pobladores de la repoblación a elegir una vega fértil junto al Júcar y el Gritos. La segunda, muchos siglos después, cubrió el valle con el agua del embalse y obligó a modificar trayectos. El sustrato municipal reúne materiales diversos; la historia documentada de 1958 habla de un valle inundado y de una comunicación alterada, no de que esos materiales causaran la inundación.
El resultado quedó inscrito en la vida diaria: Hontecillas permaneció a menos de tres kilómetros por el camino viejo, pero la mayoría del tráfico siguió un rodeo de unos cinco por carretera. Para llegar a ciertas tierras, algunos habitantes recurrieron a barcas, con los riesgos que recoge la crónica local. Valverde no desapareció; su valle perdió continuidad terrestre y pasó a formar parte de la cola del pantano. Allí donde comenzó la historia de Vall Verde, junto a las vegas de dos ríos, el agua dejó una nueva frontera para recorrer.
El camino viejo y la carretera no cuentan historias opuestas: cuentan el antes y el después de un valle transformado. En Valverde, la distancia entre dos pueblos todavía se mide también por aquello que quedó sumergido.
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