Tibi, el muro que retuvo el río
A tres kilómetros del pueblo, el río Verde encuentra el muro que cambió su curso y guardó sus aguas. La presa de Tibi nació para llevar agua a los meses secos; su historia también incluye una rotura y una larga vuelta al servicio.
La presa de Tibi, levantada entre los cerros Mos del Bou y la Cresta para embalsar las aguas del río Verde.
El río Verde —también llamado Monnegre— pasa por el término de Tibi y, a unos tres kilómetros de la localidad, queda embalsado. Allí, entre los cerros Mos del Bou y la Cresta, una presa convirtió el paso del agua en una reserva. No fue una obra breve ni una solución que quedara resuelta para siempre: se construyó entre 1580 y 1594, sufrió una rotura importante en 1697 y volvió a funcionar en 1738. El muro es el protagonista visible; a su lado, el río conserva el papel que hizo necesario levantarlo: conducir agua para utilizarla cuando llegara la estación seca.
Dos colinas y un río en Tibi
El pueblo se asienta sobre una colina, entre el Maigmó y la peña Mitjorn. Enfrente, sobre otra elevación, se encuentran los restos del castillo de Tibi. Ese paisaje de lomas y pasos no es solo el fondo de la historia: el embalse se sitúa en el mismo término por donde discurre el río, y la presa aprovecha el estrechamiento entre dos cerros para cerrar el paso del agua. El recorrido desde el puente, a los pies de la colina del pueblo, hasta la cola del embalse permite seguir el río y observar formaciones geológicas y antiguas construcciones agrícolas.
El castillo añade una huella humana más antigua a este escenario. Sus orígenes son musulmanes, probablemente del siglo X, y aún conserva tramos de muralla de mampostería y una torre cuadrada con talud. Tras el tratado de Almizra, en 1244, quedó dentro de la Corona de Aragón y tuvo función de puesto fronterizo con Castilla. No es la misma historia que la de la presa, levantada siglos después, pero ambas muestran cómo el relieve local fue escenario de distintas formas de ocupar y organizar el territorio. La colina sostiene los restos del castillo; el cauce, más abajo, acabaría sosteniendo una obra destinada a gestionar agua.
Un sustrato de varias familias
Debajo de las colinas y junto al curso del río no hay una única clase de terreno. La clasificación geotécnica del término reúne, entre sus principales categorías, calizas, dolomías y mármoles, que representan el 60,96 %; areniscas, conglomerados y flysch, el 14,04 %; arenas finas y limos, el 10,33 %; y yesos, anhidrita y sales, el 5,59 %. Son materiales distintos, agrupados en una descripción municipal del subsuelo, no una identificación automática de la roca bajo cada construcción.
La variedad importa para imaginar el escenario de la presa con la escala correcta. El paisaje que rodea Tibi reúne elevaciones, cauces y formaciones que se pueden observar en el paseo junto al río; la clasificación técnica, por su parte, muestra que el término contiene varios tipos de materiales. No permite asignar uno concreto al muro ni explicar por sí sola cómo se formó cada ladera. Sí ayuda a entender que la presa no está aislada de un territorio uniforme: se integra en un relieve de cerros y cauce, y el río atraviesa un municipio con una composición geológica diversa.
La propia obra se entiende mejor al distinguir entre el sustrato y la decisión humana. La presa no surgió de una transformación natural del cauce: fue un muro construido para detener las aguas del río Verde. Su emplazamiento, entre Mos del Bou y la Cresta, hizo posible embalsarlas en ese punto. Alrededor, el término ofrece formaciones geológicas visibles y antiguas construcciones de agricultores; sobre el río, la intervención levantó una barrera cuya finalidad declarada era reservar agua para el tiempo seco.
Pedro Cano y el muro de 1580
La idea del proyecto se atribuye a Pedro Cano Izquierdo. Felipe II dio permiso para la obra y envió a Juanelo Turriano a conocer el proyecto. Las obras comenzaron el 17 de agosto de 1580 y terminaron en 1594. Entre una fecha y la otra, el cauce pasó a quedar contenido por un muro tendido entre dos cerros: el propósito era detener el agua y disponer de ella durante la estación seca. Así, el río dejó de ser solo un curso que atravesaba el término y se convirtió también en una reserva gestionada.
La necesidad se comprende en el paisaje y en el calendario. Tibi tiene un clima mediterráneo de interior, con veranos secos y calurosos; el proyecto se planteó expresamente para conservar agua y utilizarla en la estación seca. No hacía falta trasladar el río a otro lugar: bastaba con retener parte de su curso en el embalse. La obra transformó un tramo del Monnegre en una infraestructura de almacenamiento y riego. La presa no es solo un hito de piedra junto al cauce: enlaza el agua que llega con los usos que dependen de disponer de ella más adelante.
En esa transformación se encontraron dos tiempos. El río recorre el término; el muro, en cambio, fue una decisión concreta, con responsables y fechas. El 17 de agosto de 1580 marca el comienzo de la construcción, y 1594, su conclusión. Desde entonces, el embalse quedó asociado al riego de la huerta y a la gestión de agua para el Campo de Alicante. La obra alteró el destino inmediato de las aguas, pero no eliminó la dependencia del río: la reserva existe precisamente porque el cauce continúa siendo su fuente.
El castillo de Tibi corona una colina frente al pueblo; sus restos añaden otra huella de la relación histórica de la localidad con el relieve.
La rotura y el regreso del agua
El muro no mantuvo una continuidad sin sobresaltos. En 1697 la presa sufrió una rotura importante. El episodio interrumpió una obra que llevaba algo más de un siglo en pie y puso en cuestión su función de reserva. La historia local registra el hecho y también el desenlace: en 1738 la presa entró de nuevo en servicio. Entre rotura y retorno transcurrieron décadas; el embalse recuperó su lugar en el sistema de aprovechamiento del río.
No hace falta atribuir a la rotura una causa concreta para comprender lo que cambió: una presa dañada no podía cumplir del mismo modo la tarea para la que se había levantado. El resultado documentado es claro. La obra volvió a funcionar y no quedó como un proyecto abandonado. En la actualidad sigue en servicio, después de aquella interrupción y de su recuperación en el siglo XVIII. El episodio, por tanto, no acabó con la desaparición del muro, sino con su regreso a la función de embalsar el agua del Monnegre.
El río guardado sigue dando servicio
La presa de Tibi almacena aproximadamente 2.000.000 de metros cúbicos y gestiona agua para el riego de la huerta y el área metropolitana alicantina. Esa cifra da la medida de la transformación: el muro retiene un volumen que permite administrar el recurso más allá del paso inmediato del río. El embalse está integrado en el Plan Hidrológico Nacional y la presa fue declarada bien de interés cultural en 1994. La infraestructura reúne así dos reconocimientos distintos: su función hidráulica y su valor como construcción histórica.
Desde Tibi se puede seguir el Verde desde el puente hasta la cola del embalse. En el trayecto aparecen el cauce, distintas formaciones geológicas y construcciones agrícolas; más adelante, el muro concentra la intervención humana en un solo punto. El castillo, al otro lado del pueblo y sobre su colina, recuerda un pasado de frontera; la presa cuenta otra relación con el terreno, construida en torno al agua y su almacenamiento. No son episodios idénticos, pero comparten el escenario local de lomas, cauce y ocupación humana.
La historia del muro tuvo un quiebre real en 1697 y una resolución concreta en 1738: volvió a funcionar y continúa en servicio. El río sigue llegando a la presa; el agua queda retenida para su gestión, como se proyectó en el siglo XVI. En Tibi, entre los cerros, aquel muro no borró el curso del Verde: le dio una nueva tarea.
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