Sarrión convirtió la Muela en objetivo de dos ofensivas
En junio de 1938, la Muela de Sarrión pasó a ser una posición defensiva disputada a un coste humano muy alto. ¿Qué tenía aquel relieve para situarse en el centro de los combates?
El Portal de Teruel, una de las siete puertas del recinto medieval de Sarrión y la única que quedó en pie tras la destrucción de seis portales en 1843.
El 23 de junio de 1938, el ejército franquista ocupó la Muela de Sarrión y empezó a construir allí posiciones defensivas. En los días siguientes, las fuerzas republicanas intentaron recuperar la altura una y otra vez. El episodio sitúa una elevación concreta del término municipal en el corazón de la batalla de Sarrión.
La respuesta más directa está en el paisaje: el término asciende desde los 830 metros junto al río Mijares hasta los 1660 cerca del límite con La Puebla de Valverde. El núcleo de Sarrión se encuentra a 981 metros; en la zona serrana destacan el cerro de la Creventada y el cerro de la Muela. En un territorio de fuertes desniveles, una posición elevada ofrecía una ventaja visible para quienes buscaban defender o conquistarla.
La altura estaba allí mucho antes que el frente
La Muela no apareció en 1938. Formaba parte de un paisaje que, mucho antes de las fronteras y los ejércitos, había ido tomando forma mediante materiales y ambientes geológicos distintos. La elevación y el relieve son el escenario físico de la batalla; la información geológica disponible, en cambio, describe el conjunto del municipio y no atribuye una roca concreta a cada posición militar.
La clasificación del terreno de Sarrión reúne principalmente areniscas, conglomerados y flysch, que representan el 43,97 % de las unidades recogidas. Las calizas, dolomías y mármoles alcanzan el 36,39 %, y los yesos, la anhidrita y las sales, el 15,57 %. No es una lista de capas ordenadas bajo la localidad: son grupos de materiales asociados a distintos paisajes antiguos.
Las areniscas se forman cuando la arena se acumula y acaba consolidándose; sus granos pueden proceder de antiguas playas, deltas o ríos tranquilos. Los conglomerados, en cambio, contienen cantos redondeados que corrientes más enérgicas arrastraron y depositaron. Imagina la diferencia entre una corriente pausada que va dejando arena y un torrente que empuja piedras: con el tiempo, ambos pueden dejar rocas distintas.
El flysch añade otra escena: alternancias de arena y arcilla depositadas al pie de una plataforma continental, una zona submarina donde llegaban materiales desde áreas más someras. Las calizas y dolomías remiten a fondos marinos poco profundos; los yesos, la anhidrita y las sales, a lagunas cerradas en las que la evaporación concentraba minerales. Sarrión reúne, por tanto, señales de ambientes muy diferentes, desde aguas marinas hasta cuencas áridas.
Ese pasado no ofrece una fecha exacta para cada roca en la documentación disponible, pero sí permite entender que el terreno municipal no se formó de una sola manera. Bajo el relieve actual hay materiales que se originaron en ambientes antiguos distintos. El paisaje que hoy se reconoce desde los cerros es el resultado de esa larga historia geológica, aunque la historia de la batalla se mida en días.
Antes de las ofensivas, llegaron caminos y murallas
Los vestigios humanos llevan la historia local mucho más atrás que el frente de 1938. En el yacimiento de El Quemao se han encontrado restos atribuidos a la época celtibérica. La información histórica considera probable que hubiera población asentada en la localidad entonces. Más tarde, una calzada romana cruzaba el pueblo y lo conectaba con Bilbilis, cerca de la actual Calatayud, y Saguntum.
La geografía siguió dando contexto a la vida de Sarrión. En la Edad Media, el municipio fue un baluarte defensivo del Alto Mijares. Su reconquista al poder musulmán tuvo lugar en el siglo XIII y, ya integrado en la Comunidad de aldeas de Teruel, perteneció a la sesma del Campo de Sarrión. La muralla tenía siete puertas; el Portal de Teruel es la que ha llegado hasta hoy.
Ese portal permite imaginar una villa que protegía sus accesos con piedra y pasos controlados. En 1843, durante las guerras carlistas, los carlistas invadieron Sarrión y un batallón de soldados voló seis de las siete puertas. Quedó en pie el Portal de Teruel, con su paso cubierto y sus dos torreones semicirculares. La población ya había conocido la guerra mucho antes de que la Muela volviera a convertirse en objetivo militar.
La piedra también forma parte de la memoria construida del pueblo: el Portal de Teruel es de mampostería, y la iglesia de San Pedro combina mampostería y cantería. No hace falta suponer de qué afloramiento salió cada bloque para ver el vínculo más amplio: las comunidades levantaron sus edificios en un territorio de rocas y relieves, mientras las rutas y las defensas respondían a la posición de Sarrión en su entorno.
Dos ofensivas volvieron a señalar la Muela
En junio de 1938, el Cuerpo de Ejército de Castilla, dirigido por el teniente general Varela, se enfrentó a la Unidad Táctica Especial del Ejército de Levante, al mando del general Jiménez. La ocupación de la Muela el día 23 y la construcción de posiciones defensivas hicieron de aquella elevación un enclave que el ejército republicano trató de recuperar los días 25, 26 y 29. No lo consiguió.
El Barranco de la Hoz quedó como línea divisoria entre ambos ejércitos. El relieve no fue un telón de fondo: los nombres de la Muela y del barranco forman parte del relato de dónde se ocuparon posiciones y cómo quedó repartido el terreno. El coste humano de la operación fue muy elevado: entre los dos bandos hubo alrededor de 5000 bajas.
En septiembre, la ofensiva republicana volvió a dirigirse hacia la Muela. El 18 de septiembre, después de una preparación artillera, la infantería avanzó contra la División 85 del ejército franquista. Tras sufrir numerosas bajas, los atacantes tuvieron que retirarse. Los ataques continuaron al día siguiente, pero tampoco lograron tomar el objetivo.
La batalla de Sarrión no se entiende solo mirando una fecha en un mapa. Hay que imaginar el esfuerzo de alcanzar y mantener una altura, el barranco que separaba a los ejércitos y un término municipal que, desde el Mijares hasta las cumbres, cambia de cota de forma marcada. La topografía explica por qué la Muela podía importar estratégicamente; los materiales del subsuelo cuentan una historia mucho más antigua que el combate.
Cuando pases junto al Portal de Teruel o mires hacia los cerros, Sarrión puede leerse en dos escalas: la de las puertas que sobrevivieron a las guerras y la de los paisajes antiguos que construyeron el relieve. La Muela fue disputada en 1938, pero su altura y el territorio que la rodea pertenecen a una historia que empezó mucho antes de que hubiera ejércitos que intentaran ocuparla.
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