Historia geológica Localidad Ròtova

Ròtova conserva en su roca un mar antiguo y junto a la iglesia una pista de Roma

Al construir las casas detrás de la iglesia de Ròtova apareció una lápida romana, quizá relacionada con la villa de la Sort. La historia de ese hallazgo se despliega en un paisaje donde las rocas carbonatadas y los arrastres del Vernissa dibujan dos escenarios muy distintos.

Vista de Ròtova con el núcleo urbano y la iglesia de Sant Bartomeu enmarcados por el relieve montañoso.

Vista de Ròtova con el núcleo urbano y la iglesia de Sant Bartomeu enmarcados por el relieve montañoso.

Foto: Roman, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En Ròtova, unas obras para levantar viviendas abrieron una ventana inesperada: apareció una lápida romana detrás de la iglesia. La pieza terminó en el Museo Arqueológico de Gandia; su hallazgo quizá guarda relación con la villa romana de la Sort, situada entre Ròtova y Alfauir. Pero la pista no empieza con Roma. Empieza en un territorio de roca antigua, llanura fluvial y abrigos donde ya se habían encontrado restos prehistóricos.

¿Qué une una roca de antiguo mar con las primeras huellas humanas?

La respuesta no está en una sola piedra ni en una sola época. En el término municipal predominan las calizas, dolomías y mármoles, mientras que hacia el sureste el relieve se abre en una llanura aluvial formada por los arrastres del río Vernissa y del barranco de la Daya. Son dos piezas distintas del paisaje de Ròtova: las rocas carbonatadas y los sedimentos que los cursos de agua han extendido por las zonas bajas.

Las calizas y las dolomías permiten retroceder a un escenario muy anterior a cualquier población: fondos marinos cálidos y poco profundos, donde se acumularon materiales carbonatados. Dicho sin tecnicismos, parte de la roca local conserva la huella de un mar antiguo. No se puede asignar aquí una fecha concreta a ese proceso con los datos disponibles, pero sí reconocer que la historia geológica de Ròtova empezó mucho antes de que el Vernissa tuviera su trazado actual.

El mármol aparece junto a esas rocas en la clasificación del terreno, aunque el dossier no detalla su origen local. Lo importante para seguir la historia del municipio es la presencia dominante de materiales carbonatados y el contraste con las gravas y arenas de las zonas bajas. Cuando mires desde el núcleo hacia el relieve, estás viendo dos capítulos del terreno reunidos en un mismo valle.

Y en ese paisaje se sitúan varias de las señales humanas más antiguas registradas en el término: la cueva de les Rates Penades, el abrigo de la Penya Roja y la cueva del Barranc Blanc, entre otros lugares con restos prehistóricos. La geología aporta el marco físico; los hallazgos, la prueba de que las personas dejaron huella aquí. No hace falta imaginar una red inmensa de cavernas: el estudio geotécnico describe la karstificación como muy escasa o casi inexistente, con algún sistema aislado en las formaciones carbonatadas.

La montaña no termina donde empieza la huerta

El Vernissa ayuda a leer el mapa de Ròtova con los pies en el suelo. Al sureste, la llanura aluvial reúne los arrastres del río y de sus barrancos; allí se encuentran los cultivos de regadío, especialmente los naranjos. Hacia el noroeste, desde el curso del Vernissa, el terreno gana altura y se vuelve montañoso. El municipio no es una superficie uniforme: cambia de escala en pocos kilómetros, de los fondos bajos a las lomas y cerros.

El río no fabricó por sí solo toda esa historia. Su papel está en la llanura que sus sedimentos han ido formando y en el contraste que establece con las elevaciones cercanas. También el barranco de la Daya participa en esos arrastres antes de unirse al barranco de Alfahuir, poco antes de alcanzar el Vernissa. Para quien vive aquí, la diferencia es visible: un lado del valle ofrece suelo llano y cultivado; al otro, el relieve se levanta.

¿Por qué importa esa diferencia para contar el pasado? Porque permite entender que las huellas humanas de Ròtova aparecen en un territorio con refugios rocosos, pasos entre montañas y superficies bajas asociadas al río. Es razonable pensar que esta variedad ofrecía distintos lugares para vivir y desplazarse, aunque el dossier no demuestra que un episodio concreto de poblamiento se debiera a una forma determinada del terreno. La conexión segura es el escenario: las cuevas y abrigos existen en el término, y la llanura fluvial forma parte de su paisaje histórico.

El relieve también tiene nombres que anclan la geología al lugar. En el extremo noroeste se alzan el cerro del Agua, el Alto de las Águilas y el Alto de la Fuente Blanca. Cerca de la población están los cerros del Castell y de la Planicie. Entre el cerro del Agua y el Alto de las Águilas nace la fuente dels Llibrells, origen del barranco dels Garrofers, que atraviesa la parte norte y desemboca en el Vernissa entre Ròtova y el monasterio de San Jerónimo de Cotalba.

Una lápida irrumpe en la historia del valle

La aparición de la lápida romana durante la construcción de las casas detrás de la iglesia conecta una obra cotidiana con un pasado mucho más antiguo. La inscripción se conserva hoy en el museo de Gandia. Su relación con la villa romana de la Sort es una posibilidad, no una certeza: esa villa se sitúa entre Ròtova y Alfauir. Aun con esa cautela, el hallazgo coloca a Roma en la historia local sin necesidad de convertir una hipótesis en una conclusión.

El suelo de Ròtova ofrece además una clave física para leer ese episodio. Las rocas carbonatadas son el conjunto predominante en el estudio geotécnico municipal, mientras que las gravas y arenas compactas y los sedimentos finos forman parte de otros terrenos reconocidos. La fuente histórica sitúa el hallazgo bajo las casas; no identifica el tipo de material excavado. Por eso, la relación entre la lápida y la geología es de contexto, no una afirmación de que la inscripción se encontrara en una roca concreta.

Con el paso de los siglos, el valle aparece organizado también por sus centros de poder. Ròtova estuvo dentro del antiguo término del castillo de Borró, de origen musulmán, aunque dependía de la jurisdicción superior del castillo de Palma. En 1388 se fundó el monasterio de San Jerónimo de Cotalba, a un kilómetro del núcleo urbano. Su historia y la de Ròtova avanzaron casi en paralelo, en un territorio donde las elevaciones, el río y los caminos entre poblaciones formaban parte del paisaje cotidiano.

En 1535 la parroquia se independizó de Palma y, desde 1546, Ròtova se rigió por la carta de población otorgada por Pere de Figuerola. El lugar no creció sin límites: en 1646 se registraban 18 casas habitadas y las posibilidades de expansión eran escasas, en un entorno rodeado por señoríos vinculados a los jerónimos. La explicación documentada para esa limitación es territorial y señorial; no conviene atribuirla, sin pruebas, a la geología.

El valle sigue mostrando sus dos caras

La historia posterior dejó nuevas marcas en el mismo mosaico. En el siglo XVIII Ròtova se consolidó como el núcleo más importante entre los pueblos del valle del Vernissa. En la década de 1920 creció y se construyó el barrio de la Salud. Y en la llanura, el regadío y el cultivo de naranjos siguen haciendo visible el papel de los terrenos bajos, mientras los cerros delimitan el horizonte del municipio.

¿Qué queda, entonces, de aquel mar antiguo en la Ròtova de hoy? No una costa ni un fósil concreto citado en el dossier, sino una presencia geológica reconocible: el predominio de rocas carbonatadas en el terreno municipal. Junto a ellas, la llanura aluvial cuenta otra historia, la de los sedimentos transportados por el Vernissa y sus barrancos. Dos paisajes, uno pétreo y otro de arrastres, se encuentran en el valle donde aparecieron restos prehistóricos y una lápida romana.

La lápida no demuestra por sí sola cómo se eligió el lugar para vivir, pero sí recuerda que una obra reciente puede sacar a la luz una historia antigua. En Ròtova, basta alzar la vista desde la llanura hacia los cerros para ver que ese pasado humano se asentó en un territorio hecho de contrastes: roca de antiguo mar, relieves y sedimentos del río.

Tipos de terreno en Ròtova

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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